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Belleza

Belleza: Últimos 2 kg

Belleza: Últimos 2 kg

Investigamos la verdadera razón por la cual las estrategias más populares para bajar de peso pueden estar impidiendo eliminar esos centímetros que faltan.

La dieta podría estar saboteando los esfuerzos por perder peso, ¿lo has pensado? Es una duda común por la manera en que se cultiva y cocinan las comidas, además, las reglas de nutrición son cada día más difíciles de seguir. Lejos están los días en que comer menos y ejercitar más era el plan ideal para bajar de peso. Ahora, para disminuir una talla de vestido, se promete eliminar grupos completos de alimentos (¡adiós, lácteos!), mantener alejado el gluten y vivir con el jugo verde como aliado. “Cuando las mujeres abusan de estas tácticas, se hacen más daño de lo que se ayudan”, dice la entrenadora de celebridades Tracy Anderson, asegurando que comer únicamente alimentos crudos o sobrevivir con licuados es insostenible y “pone a tu cuerpo en un estado de confusión metabólica”. Cuando esto sucede, el peso aumenta y, por otro lado, consumir alimentos libres de gluten puede engordar.

Es muy común ver a alguien comer una bolsa de galletas libres de gluten, mientras asegura haber tomado una decisión saludable. La realidad: “Un carbohidrato procesado es un carbohidrato procesado, sea o no libre de gluten”, comenta el entrenador de Heidi Klum, David Kirsh. “Una dieta sin gluten puede hacerte subir de peso”, explica Arthur Agatston, cardiólogo de Miami y autor del libro The South Beach Diet Gluten Solution. Para lograr que estos alimentos empaquetados tengan un sabor agradable, los saturan de harina de arroz –con un alto índice glicémico–, harina de papa, almidón de tapioca, grasas, azúcar y preservantes, “propensos a crear altibajos en la glucosa de la sangre, provocando hambre, antojos y aumento de peso”, comenta Agatston.

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Además, una dieta libre de gluten puede ser baja en fibra, como afirma Glenn Gaesser, profesor del Programa de Ejercicios y Bienestar de la Universidad del Estado de Arizona. A diferencia de la fibra que se obtiene de frutas y verduras, “aquel contenido en cereales, como el trigo, reduce el riesgo de enfermedades crónicas”, menciona. En resumen, si la persona no ha sido diagnosticada como sensible al gluten, es mejor tomar precauciones que ser gluten-fóbico, y vigilar los alimentos tratados con pesticidas. “Comer verduras hasta saciarte es una manera segura de perder peso, siempre y cuando no hayan sido tratados con químicos”, sugiere Agatston.

Puede costar un poco más comprar comida orgánica, pero existe evidencia de que ingerir alimentos con residuos de pesticida pueden aumentar el apetito y la cintura. La teoría dice que los químicos dañan las células durante la digestión, produciendo inflamación y alterando la capacidad del cuerpo para bajar de peso. “Es verdad”, asegura John Salemo, médico neoyorquino y fundador del Centro Salemo de Medicina Complementaria: “lo que causa el doble depósito de grasa abdominal es que a mayor grasa en el cuerpo, más pesticidas acumulan”. Salemo lo llama “efecto doble”, es decir, que no solo se ingieren los pesticidas, sino que además, el cuerpo al deshacerse de ellos, produce inflamación. La insulina puede subir e indica al organismo que debe almacenar grasa en vez de quemarla, provocando antojos y retención de agua.

¿Qué hacer cuando no hay comida orgánica en el menú?

“Desintoxicar el cuerpo con una dosis diaria de probióticos”, dice Salemo, porque aceleran la producción de vitaminas y minerales en el intestino, ayudando al cuerpo a desechar los pesticidas. Se recomienda invertir en comida orgánica cuando se trata de frutas y verduras de piel delgada, comúnmente conocidas como Dirty Dozen –uvas, manzanas y espinacas– y ahorrar en alimentos de cáscara gruesa –el llamado Clean 15– como palta, cebolla y melón. Hay que cuidarse de los farsantes e incluir jugos en la rutina, pero si los alimentos se compran en el supermercado, hay que tener precaución. “La mayoría de los juegos envasados suelen estar repletos de azúcar, sodio, ingredientes sintéticos y conservantes, como el jarabe de maíz de alta fructosa”, dice Stephanie Middleberg, dietista en Nueva York. Para asegurarse de beber lo mejor, es recomendable ir a una tienda especialista en jugos o hacerlos en casa, como aconseja Eric Helms, fundador del bar de jugos de Mahattan Juice Generation y autor de The Juice Generation: 100 Recipes for Fresh Juices and Superfood Smoothies. No se deben incluir frutas –tienen mucha azúcar– y los jugos verdes son bienvenidos. Kale, espinaca y col rizada son los favoritos de Cynthia Pasquella, nutrióloga en Los Ángeles que trabaja con Charlize Theron. Para antojos dulces, se puede incorporar acelga –endulzante natural bajo en azúcar–, jengibre o cúrcuma para evitar inflamación y promover la digestión. Sin importar la receta, el jugo es un suplemento del desayuno, no su reemplazo. Aunque aumentan la energía, carecen de fibra, proteínas y grasas, incrementando el riesgo de comer en exceso después. En pocas palabras, “es algo que se toma antes de la comida para suprimir el apetito”, dice Middleberg. Después de todo, tal vez la regla más importante en una dieta es consumir comida de verdad.

Créditos Imágenes Getty Images y Wellandgood.com: :

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