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Celebrities

Angelina nos dedica una carta exclusiva desde Namibia

Angelina nos dedica una carta exclusiva desde Namibia

La actriz y directora de cine, Angelina Jolie, es conocida por alzar su voz para defender los derechos humanos alrededor del mundo. Su último proyecto fílmico, The Breadwinner, cuenta la historia de una niña afgana de 11 años llamada Parvana, quien se viste de hombre para poder alimentar a su familia en una zona controlada por los talibanes. Es un lugar donde la vida es difícil, particularmente para las mujeres que no pueden siquiera ir al colegio. Como celebramos nuestro aniversario 150 de la creación de Harper’s Bazaar, Jolie comparte sus pensamientos sobre los derechos de las mujeres de hoy y nuestra responsabilidad respecto a otros y hacia nuestro entorno.

Cuando me preguntaron si podía escribir para el aniversario de Bazaar, me imaginé a una lectora de hace 150 años, en 1867. Si fuera capaz de vernos ahora, ¿qué pensaría de nosotras? La primera vez que se publicó Bazaar en América fue justo dos años después del término de la Guerra Civil y la abolición de la esclavitud. Era un mundo sin autos, antibióticos modernos o energía eléctrica. La mayoría de la gente no pasaba sus 50, y todavía era común que las mujeres murieran durante el parto.

Ser mujer durante gran parte del siglo XIX y en la mayoría de los países occidentales, significaba que no podías ir a la universidad ni votar, y que no ganaríamos ese derecho hasta medio siglo después. Si esa lectora de Bazaar pudiera vernos estaría atónita. Y como probablemente peleó por sus derechos toda su vida, me imagino que estaría muy agradecida.

Pero también me pregunto, qué habría hecho la mujer del siglo XIX al ver a la inequidad que aún existe para diez millones de mujeres y niñas alrededor el mundo, como aquellas que tienen que trabajar en vez de ir al colegio, porque tienen que mantener sus familias, como Paravana en el filme animado The Breadwinner. O las mujeres que de todas formas morirán jóvenes, porque tienen poco o nada de acceso a la salud. ¿Pensaría que hemos hecho lo suficiente?

La mujer más hermosa y resiliente que he conocido fue una joven refugiada afgana en un campo abandonado en la frontera con Pakistán. Ella estaba embarazada y su marido había salido a buscar trabajo para mantenerlos. Alrededor de ella se destruían los refugios de barro, pero esperaba a su marido, ya que no existía otra forma de encontrarse. Ella no tenía un techo, y no había un hospital cercano. Me invitó a pasar y me ofreció una taza de té mientras preguntaba por mi familia y mi país. Cuando ofrecí ayudarla como pudiera, ella me dijo que no podía pedir más que una visita y una conversación. Era generosa y muy digna, y sus ojos tenían tanta claridad .A veces, cuando tengo un día difícil, puedo ver su sonrisa y la forma en que llevaba su cuerpo, parecía que le daba toda las fuerzas que le quedaban a su futuro hijo. Dos semanas después de que nos conocimos, fue el 9/11. Después de todo lo que ocurrió en Afganistán, no puedo llegar a imaginar cómo lo habrá logrado. ¿Su marido habrá alcanzado a llegar antes de que demolieran el campamento? ¿Habrá dado a luz ahí o fue forzada a salir? ¿Estará sentada en una carpa o en alguna frontera con su hijo, que ahora sería un adolescente?

Recientemente, leí que el Foro Económico Mundial predijo que tomaría 83 años para que terminen las brechas de oportunidades y derechos entre las mujeres y los hombres en todos los países. Esto no se trata del progreso de las mujeres a expensas de los hombres, sino que de encontrar un equilibrio equitativo que beneficie a todos. Ochenta y tres años parece mucho tiempo para cualquier persona. Mi mamá, que era mitad iraquí, me enseñó un dicho que va: debemos considerar el impacto de nuestras decisiones en las próximas siete generaciones. Es difícil para nosotros ser tan conscientes, con todas las presiones en nuestras vidas, pero me parece que es una hermosa aspiración.

Entonces, quienquiera que lea esto, ya sea un doctor, abogado, científico, activista por los derechos humanos, estudiante, profesora, madre, esposa, un niño o niña que está leyendo la revista de su mamá, espero que me acompañen hoy día a tomarse el tiempo para pensar en cómo podemos contribuir a construir un mejor futuro.

Nuestros nietos, después de todo, tendrán que vivir las consecuencias de las decisiones que tomemos ahora, del mismo modo que nosotros somos capaces de rastrear el origen de mucho de los problemas que enfrentamos hoy a los siglos anteriores.

Fue a principios del siglo XIX, por ejemplo, que la locura por el marfil y otros productos que vienen de animales salvajes despegó en algunos países, junto con una mayor destrucción del medio ambiente, donde millones de elefantes, leones y otras especias recorrían el continente africano; hoy, pequeñas poblaciones dispersas se aferran a la implacable caza furtiva y la expansión de la tierra agrícola que han reducido su hábitat natural.

Las fotos que acompañan esta carta, fueron tomadas en una reserva natural en el desierto Namib, en Namibia. La reserva es dirigida por la Fundación N/a’an ku sê, liderada por mis amigos Marlice y Rudie vanVuuren. Nuestra hija Shiloh nació en Namibia, y nuestra familia ha trabajado con Rudie y Marlice en la conservación de este país durante la última década. Para mí, Namibia representa no solo los lazos familiares y de amistad, sino que también el esfuerzo para encontrar el balance entre los humanos y el medioambiente, tan cruciales para nuestro futuro y para poder cuidar nuestra tierra como se lo merece.

La Fundación N/a’an ku sê trabaja con la población San de Namibia, considerados como una de las culturas más antiguas. Ellos representan la relación de miles de años entre hombres y vida silvestre conviviendo en armonía, pero han sufrido, al igual que otras poblaciones indígenas, a abandonar forzadamente sus tierras por la agricultura, el desarrollo sin control y la reducción de la flora y fauna. La destrucción del hábitat natural y silvestre han dejado a las personas inhabilitadas para cazar y poder mantener correctamente a sus familias.

Lo mismo está ocurriendo alrededor del mundo: África, Latinoamérica, Asia y el Pacífico han sufrido las consecuencias, y las mujeres son normalmente las más afectadas. Nosotras conformamos la mayoría de los pobres del mundo. A menudo les toca a ellas encontrar comida, agua y combustible para cocinarles a sus familias. Cuando el entorno está dañado, por ejemplo, cuando las redes de pescar se rompen y la fauna es aniquilada por montones, o los bosques tropicales son destruidos, profundiza su pobreza. La educación y salud para las mujeres es lo primero que sufre. El medioambiente también es un factor crucial en el futuro de la estabilidad global, con 21.5 millones de personas desplazadas en todo el mundo por el cambio climático cada año, de un total de más de 65 millones de personas movilizadas en total.

N/a’an ku sê trabaja para preservar el hábitat natural y proteger las especies en peligro de extinción, como elefantes, rinocerontes y guepardos, como los que aparecen en las fotos de este reportaje. La primera vez que los conocí fue en 2015, cuando eran unos pequeños cachorros y nuestra familia los apadrinó. Eran huérfanos y casi mueren. Tuvieron que ser amamantados para recuperar la salud, pero no pueden ser devueltos a la naturaleza, porque no le tienen miedo a los humanos y podrían morir si se pierden en las tierras de cultivo. El número de guepardos ha caído en picada, actualmente hay menos de 7 mil en todo el mundo, y la misión es salvar cada animal posible. Estos guepardos no son mascotas, y ningún animal salvaje debiese serlo. Ellos nos inspiraron a ayudar a preservar estas únicas y majestuosas criaturas en su hábitat, al igual que uno de muchas etapas, para preservar el medioambiente para las futuras generaciones.

Datos de guepardos: 

• La población de guepardos conocida actualmente es de menos de 7.000 ejemplares.

• Su rango histórico ha declinado 89% en los últimos 100 años.

• Los guepardos son atrapados y vendidos ilegalmente, y también son cazados por su piel.

• El principal destino de los guepardos que son vendidos en el comercio de mascotas es el Golfo de Estados Unidos.

• Dos tercios de los cachorros que son traficados mueren como resultado de este despiadado comercio ilegal.

Cada uno de nosotros tiene el poder de causar impacto a través de las decisiones que escogemos cada día.

Créditos Fotografías: Alexi Lubomirski

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