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Celebrities

Barroco and Roll

Barroco and Roll

Con una voz que llena cualquier estadio y una belleza de otra época, Florence Welch se convierte en la nueva cara de las joyas y relojes de Gucci.

“¿Qué es esto? ¿Una entrevista por PowerPoint?”, exclama Florence Welch mientras apunta al largo proyector presente en la pequeña oficina en la que nos reunimos atrás del museo londinense Victoria and Albert. La habitación no puede ser más parecida a una escena de la película Aladdin; llena de joyas y disfraces de todas las épocas que la cantante de Florence and the Machine lleva -muy entretenidamente- observando por media hora. “Pasé mucho tiempo aquí de niña”, dice mientras se acomoda cuidadosamente en la silla de oficina como si fuera una antigua pieza muy valiosa. “Mi mamá es profesora y miembro del consejo de Renaissance Studies, por lo que he oído sus lecturas de cosas como por qué se perfumaba un par de guantes y por qué eran tan valiosos para los Florentinos en su tiempo. Es divertido, mi mamá estudia la ropa y es muy chic, pero no logra entender mi desenfrenada pasión por la moda. Ella prefiere escribir sobre ropa que comprarla”. Hace una pausa y continúa: “Me pregunto si es que tuviera una hija y le dijera: ‘¡mira este vestido!’, y ella me respondiera ‘no mamá, no me gusta’”.

Este es uno de los típicos monólogos de Welch; libres, espontáneos y llenos de referencias a su adorada familia. Sus padres se separaron cuando tenía 13 años y tanto ella como su hermana y hermano menor, adquirieron cuatro nuevos medios hermanos. Al principio la relación fue un poco tensa, pero ahora son todos amigos. “Hay mucha creatividad por ambos lados. Mis padres son personas increíbles, muy interesantes”, dice. El papá de Florence es un publicista que maneja un campamento eco-friendly. “Él solía ser el manager de mi banda y conducir nuestra van. Pero digamos que no es exactamente una persona autoritaria”, afirma. Su mamá es la aprensiva. Cuando Welch se estaba mudando de su casa en South London hace un par de años, ella insistía en que fuera a no más de cinco minutos en bicicleta. “Mi mamá todavía quiere que vaya a la universidad, es muy sobreprotectora conmigo. El mundo de la música la asusta un poco”, cuenta.

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Florence, es en sí misma una gran contradicción. Es innegablemente un espíritu libre, que disfruta del rock and roll (Una vez prendió fuego accidentalmente a la pieza del hotel donde se hospedaba). Sin embargo, no es su intención esconder su procedencia de clase media alta, ya que habla abiertamente con un claro acento elegante al más puro estilo de la reina Isabel II.

Luego está la tenida del día; un pantalón acampanado de terciopelo de J Brand, una polera-pañuelo color borgoña de Gucci y un cinturón que contrasta con su rostro sin maquillaje, su flequillo despeinado y su abrigo vintage color lima. “En mi cuenta de Instagram las personas se ríen de este cinturón, porque lo uso mucho. Pero es que simplemente hace que todo combine”. Es su inigualable estilo lo que trae a este museo a la cantante de 30 años. Florence acaba de ser nombrada la embajadora de las colecciones de joyas y relojes de Gucci. El director creativo de la marca, Alessandro Michele, creó prendas exclusivamente para que Welch las usara en su actual gira por el mundo. Ella, que describe a Michele como un “espíritu afín”, lo conoció el año pasado en la ciudad de Nueva York, y se conectaron rápidamente. “Amo el romance de todo lo que Alessandro hace. Tal como yo, él está interesado en hacer las cosas hermosas, pero con este toque femenino y fuerte al mismo tiempo”, dice. Las joyas de esta nueva colección van desde el clásico anillo de oro decorado con un esmalte blanco y coloridas gemas como cuarzos citrinos, topacio de Londres y turmalinas rosadas, hasta gloriosas piezas florales manufacturadas en oro, diamantes y zafiros.

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Existe una notoria correlación a lo irreverente en las creaciones ready-to-wear de Michele: anillos de cóctel con la similitud de una cabeza de tigre o aros en cascadas que muestran un león en diamantes y turmalina rosa. En el medio de todo esto, está el último reloj de Gucci, el G-Timeless Automatic, decorado con abejas, corazones y estrellas. “Siempre he estado interesada en lo femenino que esconde algo oscuro”, dice Welch. “Cuando comencé a presentarme en vivo, en mis 20 años, usaba calcetines muy pop. Supongo que eso me hacía ver demasiado femenina y luego -en esta parte se emociona–, empecé a cantar sobre ataúdes y violencia. Los diseños de Alessandro tienen todas estas serpientes, tigres y corazones sangrando, que poseen una gran sensibilidad barroca. Es como si quisiera entregarle a las personas todo su mundo. Eso muestra mucho amor”, dice Welch.

La música de Florence es algo que Michele utilizó como soundtrack de su primera colección como el diseñador de Gucci. Ella recuerda haber estado muy sorprendida cuando se dio cuenta. “Cuando él estaba diseñando, pensó en qué usarían las mujeres de esa época. Yo pasé tanto tiempo cuando era niña en Florencia visitando los palacios de Médici, mirando sus estructuras y las imágenes de los santos con sus escotes, que fue increíble”, confiesa.

La extravagancia es el mayor atractivo de Welch, aunque últimamente ha estado mutando a un estilo más callado, tanto en su música como en su forma de vestir, que al parecer es el reflejo de lo que pasó entre su segundo álbum Ceremonials (2011) y How Big, How Blue, How Beautiful (2015). Después de emocionantes, pero también extenuantes cuatro años, donde pasó de tocar en pubs a una vida llena de álbumes exitosos, tours sin descanso, ceremonias de premiación, espectáculos de moda y un nuevo círculo social que incluye a Jay-Z, Beyoncé y Taylor Swift, ya se siente agotada. “Tengo una idea muy entusiasta sobre lo que es estar en una banda. Es como estar ebria, cubrirte con pintura y saltar del escenario”, finaliza.

Créditos Fotografías: Simon Procter Editoria de moda: Jaime Kay Waxman

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