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Carla Bruni al descubierto

Carla Bruni al descubierto

La ex primera dama de Francia nos habla de su vida después de la política, la crianza de sus dos hijos y los Hcovers de AC/DC.

Hay demasiadas características fascinantes acerca de la alguna vez residente del Palacio del Elíseo, la cantautora y modelo Carla Bruni, pero quizá la que se lleva la corona es cómo se refiere a su esposo. Lo llama “mi hombre”.

Estamos hablando de Nicolas Sarkozy, el antiguo mandatario del gobierno francés. “Incluso cuando era el presidente, seguía tomando el metro para transportarme a cualquier lugar”, dice Bruni acerca de su vida en París, mientras disfruta fumando de su ostentoso cigarro electrónico (“esto es lo que debes utilizar si quieres deshacerte de esta adicción”, explica).

Respecto a los vicios de Sarkozy, “él no bebe nada. Nunca ha consumido una sola gota de alcohol en su vida”, afirma Bruni. “Simplemente jamás lo ha probado. Eso es mejor para mí cuando me abstengo de tomar”.

Para mantenerse en forma, “Hago pilates, barre y yoga. Cuando era más joven me la pasaba sentada fumando y comiendo en McDonald’s. Pero me avergüenzo al momento de que no me encuentro en forma. No me importaría si no fuera una persona pública, pero continúan publicando fotografías mías. Mi hombre también lo hace”.

Le preguntamos si extraña ser la première dame –el año pasado, Sarkozy perdió un posible regreso a la presidencia– y responde: “Para nada. Fue muy lindo. No diría que estuvo divertido, pero fue una época fantástica. Con cinco años de aventura sin embargo, no la extraño. ¡Uf! Los medios, la prensa, el trabajo… es simplemente brutal. Fue todavía más atemorizante para mi hombre. Cuando eres mandatario quieren matarte todo el tiempo. Al principio creía: ‘Esto es muy divertido’. Y al paso del tiempo: ‘Oh, esto es muy peligroso’. Fue un gran honor, pero ahora me siento aliviada”.

En su juventud como modelo, Bruni, heredera de los neumáticos italianos e hija de una pianista y un compositor, salió con lo que ella describe como un número ‘normal’ de hombres. Entre ellos estuvieron Mick Jagger, Eric Clapton, el publicista francés Jean-Paul Enthoven y el hijo de este último, el filósofo Raphaël Enthoven. Ella y Raphaël estuvieron juntos a lo largo de siete años y tienen un hijo, Aurélien, de 16 años.

Pero fue el presidente de Francia quien robó su corazón. Después de menos de tres meses de cortejo, la pareja se casó en febrero del año 2008. Bruni dice que supo de inmediato que él era el indicado para ella. “Fue como un cuento de hadas. Nunca me había pasado algo así”, dice. “Es suerte. El amor no llega tan fácilmente”.

Bruni, quien se dedicó a la música de tiempo completo en 1997, lanzó su primer álbum: Quelqu’un m’a dit (Alguien me dijo) en 2002. Esperaba vender solamente “dos copias –una para mi mamá y otra para mi hermana–”, pero terminó con poco más de dos millones. Este otoño planea salir de gira y espera que Sarkozy la acompañe. “Le encanta”, dice. “Y es más flexible porque consiguió otro empleo” (ahora está en el Consejo de directores de AccorHotels, un grupo multinacional hospitalario radicado en Francia). “Le dije: ‘Necesitas trabajar menos ahora que tenemos un poco de tiempo para relajarnos’. Pero no puede dejarlo, así que incluso lo hace más. Es una nueva vida, lo cual está muy bien, porque tiene 62 años (Bruni, 49, y su hija, Giulia, 5)”.

Ella, por su parte, tampoco ha dejado de trabajar. En octubre lanzará su nuevo material, French Touch, una colección de covers acústicos con sonidos folk, producida con la ayuda del reconocido compositor-productor David Foster, e incluye versiones de clásicos como Perfect Day, de Lou Reed; Stand by Your Man, de Tammy Wynette, y Miss You, de la famosa banda Rolling Stones.

“Le envié la canción a Mick (Jagger) para obtener su aprobación, y me respondió: ‘Sí, me gusta’”, comparte Bruni, quien está usando una polera ajustada con el estampado del rostro de Keith Richards. Incluso contiene un cover de AC/DC, Highway to Hell, una de las pocas canciones en el álbum que resuena con su hijo adolescente. “Está de acuerdo con la música de mamá, pero le da un poco de sueño”, dice. Sus hijos “ellos solo me ven como su madre; ni siquiera se dan cuenta de que trabajo. Esa es la diferencia entre ambos géneros. Si un hombre es compositor, la puerta está cerrada, y su hija debe pararse frente a la puerta pensando: ‘Papi está trabajando’. En mi caso, eso no los detiene. Solo entran, dicen: ‘Tengo hambre’, y respondo: ‘Tengo un trabajo ¿está bien?’”.

En casa, ella y Sarkozy son una pareja típica. Trata de inculcarle música de The Clash; es fanática de Elvis. Ven televisión juntos: Big Little Lies, House of Cards, The Americans, Downton Abbey, Peaky Blinders. “Se podría decir que amamos cualquier cosa”, dice. Prepara la cena casi todas las noches –“hago pasta cuando no tengo ganas de cocinar”– o piden servicio a domicilio. En general, “he sido muy afortunada”, afirma sonriente, y tomando una última fumada de su cigarrillo sabor a menta. “Tal vez hice algo bueno en una vida pasada”.

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