facebook format-gallery format-video google instagram list-ribbon menu next pinterest prev search twitter youtube
Celebrities

El encanto de Jackie

El encanto de Jackie

Bazaar recuerda una sesión de fotos que ayudó a crear un ícono.

La interpretación que hace Natalie Portman de una Jacqueline Kennedy devastada, en la película de Pablo Larraín, Jackie, escruta la imagen poderosa de la ex primera dama, buscando refugio en la mística, en los modales y en la automedicación, después del asesinato de su esposo, el Presidente John F. Kennedy. Esa Jackie –la joven viuda, madre de dos hijos pequeños– se convertiría en el emblema de una oscura fragilidad que acechaba bajo la superficie de la vida estadounidense. Pero fue en las páginas de Bazaar, en la víspera de Camelot, que afloró otra imagen de Jackie.

El 3 de junio de 1961 el fotógrafo Richard Avedon y Diana Vreeland, editora de moda de Bazaar, viajaron al recinto de la familia Kennedy en Palm Beach para fotografiar para la revista al presidente electo, a Jackie y a sus hijos, Caroline y John Jr. –en la única sesión formal para la que posaría la nueva familia presidencial entre las elecciones y la toma de posesión de ese año. La sesión tuvo lugar el mismo día que los Estados Unidos rompieron oficialmente sus relaciones diplomáticas con Cuba y, según The Kennedys: Portrait of a Family –el libro que Shannon Thomas Perich, curadora del Smithsonian, escribió sobre la sesión–, el presidente electo pasó mucho tiempo esa tarde recibiendo noticias de última hora de los asistentes de la oficina del presidente Dwight D. Eisenhower y del Servicio Secreto, mientras miembros de la familia Kennedy iban y venían –incluyendo a la matriarca Rose Kennedy. Jackie, quien había dado a luz a John Jr. tan solo cinco semanas antes, fue fotografiada en un vestido de noche de Oleg Cassini, que más tarde usó en una gala preinaugural. Seis retratos en blanco y negro de la sesión aparecieron en la edición de febrero de Bazaar, dejando entrever al nuevo presidente, a su esposa y a sus hijos, no como figuras de estado, sino como una familia estadounidense.


Izquierda: El presidente John F. Kennedy con su esposa Jacqueline en West Palm Beach, Florida, el 3 de enero de 1961. Derecha: Jacqueline Kennedy con el vestido diseñado por Oleg Cassini que lució en la toma de posesión de su marido. 

La sesión tuvo lugar, en gran parte, debido a la amistad que Jackie había forjado con Vreeland durante la campaña de su esposo. Vreeland primero se topó con Jackie, entonces Jacqueline Bouvier, a mediados de los años cuarenta. Jackie, hija de la socialité Janet Lee y del corredor de bolsa John Bouvier III, e hijastra del heredero de Standard Oil, Hugh D. Auchincloss, asistió al Colegio Miss Porter en Connecticut y se movía en los círculos sociales del noreste. Incluso, en 1947 fue nombrada “Reina Debutante del Año”, por Igor Cassini –hermano menor de Oleg– quien escribía una columna de chismes para una agencia, bajo el nombre de Cholly Knickerbocker.

El matrimonio entre Jackie y el senador John –ambos pertenecientes a acaudaladas familias católicas romanas– estuvo a punto de colocarlos en las páginas de Bazaar, incluso antes de que John fuera candidato a la presidencia. En 1953, Jackie invitó a Tony Frisell, una amiga de la familia que trabajaba para la revista, a tomar las fotos de la recepción de la boda de la pareja, el 12 de septiembre, en la residencia de la familia Auchinclos, Hammersmith Farm, en Newport, Rhode Island. Sin embargo, Carmel Snow, editora de Bazaar, se negó a publicar las imágenes de Frisell, temiendo que ya se le había dado demasiado publicidad al matrimonio.

En agosto de 1960, Vreeland recibió una carta de Jackie, quien estaba lidiando con el entonces nuevo problema político de los medios, que analizaban minuciosamente sus gustos mundanos y su afinidad por diseñadores de moda europeos como Balenciaga, Chanel y Givenchy. En una súplica de 10 páginas escrita a mano, Jackie le pidió ayuda: “Debo empezar a comprar ropa estadounidense y que la gente sepa dónde la compré”, escribió. “Han habido muchas historias en los periódicos sobre mí usando ropa de París, mientras la Sra. Nixon hace la suya en la máquina de coser”. Jackie lamentaba que muchos de los vestidos de noche que había visto de diseñadores estadounidenses como James Galanos, Norman Norell y Arnold Scaasi –quien había creado vestidos para Mamie Eisenhower– no le quedaran bien. Con los diseños de Mainbocher “me veo como un ratón triste”, aseguraba, pero se preguntaba si él sería la mejor opción para encargarle su vestido para el baile inaugural. Vreeland acordó asesorarla, y lo hizo a lo largo de toda la campaña.


Jackie Kennedy y Diana Vreeland

La elección de mostrar en Bazaar por primera vez a la nueva familia presidencial fue la manera de Jackie de dar las gracias. “Hoy estaba furiosa cuando leí en Newsweek que todos se preguntan por qué elegimos Harper’s Bazaar”, dijo Jackie a Vreeland después de la sesión. “Inventan un millón de razones y nadie dice la verdadera –eres tú”. Ese fue el inicio de una amistad que duraría casi tres décadas.

El estilo de Jackie –una mezcla de sofisticación y simplicidad– evolucionó durante su corto tiempo en la Casa Blanca. El amigo de los Kennedy, Oleg Cassini, que había vestido a Rita Hayworth y Joan Crawford, fue nombrado su diseñador oficial. “Le gustaba mi experiencia en Hollywood”, dijo Cassini a Bazaar en 1994. “Yo estaba entrenado para crear una imagen y un personaje en base a un guión”. Según Cassini, fue Jackie y no John quien cultivó la visión de Camelot que la presidencia de Kennedy llegó a personificar. La misma Jackie creó Camelot”, dijo Cassini. “Ella tenía el tiempo, el deseo y el gusto”.

En 1964, poco después del asesinato del presidente Kennedy, Jackie sostuvo una serie de entrevistas con el autor, historiador y socio de los Kennedy, Arthur M. Schlesinger Jr., en las que reflexionaba sobre el papel de primera dama que adoptó. “Una vez en la Casa Blanca, nunca fui diferente de lo que era antes, pero la prensa te hace diferente”, dijo. “Tu pelo, que hables francés, que no te guste hacer campaña y que no hornees pan con harina hasta los codos –sabes, todo el mundo pensaba que yo era una esnob y que odiaba la política. Bueno, Jack nunca me hizo sentir que yo fuera una carga para él, pero lo era”, continuó. “Y cuando llegamos a la Casa Blanca todas las cosas que siempre había hecho, de pronto empezaron a ser maravillosas porque todo el mundo saca partido de cualquier cosa diferente que haga la primera dama –y yo estaba tan feliz por Jack. Porque eso lo hacía muy feliz y me hacía a mí feliz. Así que esos fueron nuestros mejores años”.

Créditos Fotografías (1 y 2): The Richard Avedon Foundation

Comentarios

    Escribe un comentario

    Leer después