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EL gen PARSONS

EL gen PARSONS

En una icónica sesión de fotos en el Museo de Arte Contemporáneo las cuatro mujeres con uno de los apellidos más importantes de la historia de la moda en Chile, revelaron los secretos de su sello de elegancia, distinción y estilo. En Nueva York, Los Ángeles o Santiago, las integrantes de este clan buscan los momentos para estar juntas, ya que aseguran que el apoyo entre ellas es lo que más las identifica.

 

No fue una tarea fácil reunirlas. Sus trabajos, viajes y grabaciones dan cuenta de la intensidad que viven las mujeres de esta familia que, en un mismo día, pueden estar en distintas ciudades y hacer varias cosas a la vez. Desde finales de los ochenta que su apellido comenzó a sonar en el medio chileno como un referente de belleza y estilo. Las hermanas Rosita (47) y Carolina (40) pertenecen al selecto grupo de modelos chilenas que conquistaron las pasarelas internacionales.

Hoy, sin abandonar su cetro, también abren las puertas a la siguiente generación de Parsons, las que, tal como ellas, buscan formar una carrera propia que brille tanto en Chile como en el extranjero. Las hermanas Lorenza Izzo (28) y Clara Lyon (17), hijas de Rosita, conforman este recambio que, a pesar de su corta edad, han sabido dar de qué hablar. Cuando Rosita, Carolina, Lorenza y Clara se reúnen, se vive toda una experiencia. Quien no pertenece al clan, solo debe mirar cómo los códigos entre ellas fluyen de un lado; pareciera que saben en qué están pensando solo con mirarse. Abundan las risas, los secretos, las poses, pero también afloran los parecidos y las diferencias.

“Somos muy ‘familionas’. Para nosotras la familia es prioridad por sobre todas las cosas” 

 

asegura Carolina, quien también agrega que otra característica fundamental de las mujeres Parsons es hablar con total sinceridad: “Nos gusta decirnos las cosas como son. Nos podemos decir de todo y siempre vamos a estar ahí, no existe una ruptura dentro de la familia, porque ese lazo está bien marcado y nos lo ha inculcado mi madre.” Aunque son las menores, Lorenza y Clara también tienen su propia opinión respecto de qué identifica a este grupo de mujeres. Para la mayor de la hijas de Rosita, todo se resume en una sola palabra: apoyo. “Por cada tragedia familiar que hemos pasado, en los problemas y también en las buenas noticias, el apoyo es una cosa impactante entre nosotras.

Viajamos donde sea, no importa en qué parte del mundo, vamos a estar ahí siempre”, afirma Lorenza quien hoy triunfa en Los Ángeles con una exitosa carrera de actriz. Fiel a su nombre, la menor del grupo es clara en reconocer que para ella, cuando están juntas, es la alegría y el humor lo que las identifica. “Lo pasamos demasiado bien. La Pollo -así le dicen de cariño a Carolina, es de esas personas que no tienen filtro, entonces te puedes reír todo el día con ella. Mi mamá siempre está alegre cuando estamos juntas, nos hacemos bromas, nos gusta salir a comprar, a comer, disfrutamos de la vida”, asegura la joven que, junto a preparar su último año de colegio, brilla con luces propias en el modelaje nacional.

LAZOS DE FAMILIA

 

La sesión de fotos se llevó a cabo en los imponentes arcos y pilares del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago, un escenario incomparable, digno de las mujeres que han sabido redefinir la moda en Chile. Las cuatro Parsons parecen confundirse en el espacio por su estatura y desplante al caminar. Si bien hay tiempo para risas entre ellas, al momento de la foto reina el profesionalismo. Carolina, pendiente de todos los detalles, ayuda a Clara con su pose, al mismo tiempo que le recomienda a Lorenza que cambie de vestido.

“En mi casa siempre nos inculcaron el respeto por el trabajo. Mi padre trabajaba para Año Nuevo y Navidad, porque había que hacerlo y levantarse temprano”, afirma Carolina. Scouting Parsons (2006) fue una iniciativa que unió a las hermanas Rosita y Carolina en un proyecto que buscaba rescatar la belleza nacional, y convertir a jóvenes, especialmente de regiones, en modelos profesionales. Si bien la iniciativa no prosperó en el tiempo, porque las jóvenes no tenían el mismo entusiasmo de las creadoras, hoy nuevamente barajan un proyecto laboral juntas. “Trabajar con mi hermana es entretenidísimo. Es con la persona con quien más me río”, confidencia Rosita.

 

Si bien no quieren revelar los detalles del proyecto, ya que dicen que aún están en conversaciones, se trata de un tema social que busca potenciar el trabajo de artistas y diseñadores chilenos que no tienen exposición internacional. “Una plataforma para que expongan su trabajo”, dicen. Si hay un tema que indiscutidamente identifica a estas cuatro mujeres es su belleza física. Sin importar su edad, existen rasgos en ellas que, sin siquiera proponérselo, las hacen parte del clan.

La altura es el más aparente, pero las líneas marcadas de su rostro, ojos expresivos y una sonrisa abundante y sincera es también parte del estilo Parsons. “Hay algo que las mujeres tenemos que entender, y es que la belleza de nuestra historia es lo que se transmite. Hay un concepto errado de que las mujeres tienen que seguir siendo jóvenes a los cincuenta años, todas iguales. Hay que sentirse empoderada, eso nos hace diferente y nos da identidad”, afirma Rosita.

En este punto Carolina también tiene una opinión definida, ya que por su carrera, que comenzó a muy corta edad, le tocó ver a jovencitas acomplejadas por no cumplir con los cánones de moda y los estándares de su época. “Algo que siempre les digo a mis sobrinas es que la belleza es como un perfume. Hay algunos que vienen en botellas grandes, otros en chicas, largas o curvilíneas. El aroma es la personalidad y el envase la forma del cuerpo. Todas son bellas en un distinto formato”, asegura.

ROSITA PARSONS

A mediados de los años ochenta, en ese tiempo una joven estudiante de enseñanza media, la hermana mayor del clan Parsons, ya impactaba con su más de metro ochenta de estatura y su belleza atípica. Con apenas 15 años y con unos rasgos interesantes y marcados, caminaba un día por Providencia, cuando un cazatalentos, escasos en aquella época, la descubrió e invitó a participar de un casting de fotos.

 

“Yo no entendía nada. Era todo muy distinto. Me interesó porque podía ganar mi plata y sentirme independiente, pero nunca me sentí bonita”, recuerda Rosita.

¿Aún no te sientes bonita?

Hoy me siento segura. Soy una mujer grande, con experiencia y con una superhistoria de vida. Todo eso es gracias a la trayectoria que he tenido.

¿A diferencia de tu hermana y tu hija, cómo fue tu época en el modelaje? 

Era muy protegido. Doce modelos que nos conocíamos entre todas. Las productoras se hacían cargo de nosotras. Era un ambiente muy cariñoso. A los 15 modelabas y a los 19 ya eras mamá.

¿Cómo era esa vida?

Lo tomé como un trabajo. Salía temprano de mi casa, volvía en la tarde a cuidar a mi hija, cocinaba, tenía una vida normal. Ese glamour que todos piensan que tienen las modelos, no existe en este país (risas).

¿Cómo fue la relación que mantuviste con tu hermana Carolina durante la época del modelaje?

Me gustó que entrara a ese mundo. Traté de apoyarla en todo. Ella se fue y vivió en distintos países. Es una de las modelos chilenas que ha llegado más lejos. Tuvimos una relación donde la apoyé mucho. Claro que hoy es al revés, porque es ella la que me cuida a mí (risas). Tus hijas han seguido tus pasos en el mundo del espectáculo y modelaje.

¿Qué buscas transmitirles?

Que la vida te enseña que hay muchos golpes fuertes, pero siempre será así. Uno tiene que ser lo más feliz posible, eso es lo primordial.

¿Cómo ves a Lorenza en la actuación?

Lorenza fue actriz desde el día que nació. No la recuerdo si no estaba disfrazada. Imitaba a todo el mundo. Pero no estuve de acuerdo con que ella fuera actriz, porque es una niña con tantas habilidades que prefería que optara por la sociología, ya que es muy observadora de la cultura y la sociedad. La actuación está súper relacionada con eso también. Ella es muy profesional. Está en un proceso constante de mejorar su técnica.

¿Y Clara en el modelaje?

Es una niña súper comprometida con lo que ama. Tiene una entrega impresionante. Esto lo ha tomado como un trabajo, muy responsable.

¿Te gustaría que se dedicara exclusivamente al tema del modelaje?

Me encantaría que se realizara como persona. En la época en que vivimos los niños necesitan tener muchas más herramientas que hace 20 años. Hay una diferencia enorme con mi época de modelo, pero es completamente su decisión.

 

CAROLINA PARSONS

 

Para nadie es un misterio que hacia fines de los años noventa, su nombre fue, indiscutidamente, el principal dentro del modelaje nacional. Una destacada carrera que la llevó a vivir una vida intensa, moviéndose constantemente entre Nueva York, Londres y Japón. Si bien hoy está lejos de las pasarelas, no ha dejado de correr de una ciudad a otra. Todo su aprendizaje y contactos que adquirió en el modelaje hoy los traspasó a una exitosa carrera en marketing, donde busca potenciar productos de moda, exponiéndolos con actrices y modelos, en eventos y lugares indicados. Además, es Directora Internacional de una compañía chilena que representa empresas de producción industrial extranjera.

 

“Después de más de veinte años trabajando en el mundo de la moda internacional, armé una red de contactos que se valoriza. Hoy puedo decirle a una marca dónde y cuándo tiene que estar”, asegura.

 

En relación a su familia, Carolina es clara en señalar que lo que todas comparten es el gusto por comer rico, y disfrutar entre familiares y amigos. La familia siempre es lo primero. Y para ella, este deseo nace de su madre, quien reconoce como la verdadera matriarca de este clan.

¿Es tu mamá el cimiento de la familia Parsons?

Nuestra madre es un pilar para todas. Tiene una tremenda fuerza que para mí es propio de la mujer chilena. Esa que es jefe de hogar, trabaja, cuida a sus hijos y también es muy femenina. En mi madre lo veo.

¿Cómo mirabas el modelaje cuando niña?

Nunca pensé en ser modelo. Yo veía que mi hermana entraba y salía de la casa, que se hacía cortes de pelo y cambios de looks, que llegaban sus amigos del mundo de la moda. Para mí todo se fue dando muy orgánicamente. Mi primer acercamiento con el modelaje fue con la revista Tú y cuando me fue bien pensé en hacerlo profesionalmente.

¿Te sentiste apoyada por Rosita?

Siempre estuvo muy presente, frente a cualquier problema estaba disponible. No imagino mi vida sin ninguna de mis hermanas.

¿De qué forma sientes que ha cambiado la moda respecto a tus primeros años trabajando como modelo?

El modelaje ha cambiado. Hoy en día tienes personajes que nacen de redes sociales, del mundo de Internet. Los cánones de belleza también han cambiado. Actualmente, la belleza es diversa, se tiene más acceso y llegas a más gente con mayor facilidad.

¿Cómo se vive la vanidad en el clan Parsons?

Nos aconsejamos, pero cada una es bien individual en tomar las decisiones con su look. Yo veo algo y sé a quién le gustará.

¿Te sientes un ícono de la moda?

Sí, porque creo que de alguna manera traje moda a Chile. Desperté la atención de la gente en atreverse, de aportar diversidad.

¿Qué opinas del trabajo que está haciendo Clara en el modelaje?

Lo está haciendo muy bien, porque entiende y se maneja en redes sociales. Además de su belleza física y su altura es muy centrada, segura de sí misma y le gusta reírse. Ella tiene tantas ganas de modelar como estudiar. Yo creo que puede llevar ambas cosas de la mano.

¿Y qué te parece la carrera internacional de Lorenza?

¡Es tan histriónica! Ella tuvo la suerte de explotar sus capacidades y tener una familia que la apoyó y estuvo con ella. Aquí todas sabemos que las cosas no son regaladas, hay que trabajar por ello.

¿Cómo dirías que fue la experiencia de vivir juntas en la ciudad de Nueva York?

Para mí fue muy buena, me reí mucho. Nosotras somos estrictas, quizás con ella fui demasiado, pero la pasamos muy bien. Estoy muy contenta y orgullosa porque está haciendo lo que quiere y bien. Creo que junto a Daniela Vega es la actriz mejor posicionada de forma internacional.

¿Podrías describir un día en la familia Parsons?

Es muy activo, siempre pasan cosas. Si hay algo que nos caracteriza es que somos súper conversadoras, hablamos de todo, lo pasamos bien. También nos une que somos súper perrunas. Todas tenemos varios perros y nos gusta recogerlos de la calle. Esto viene de mi abuela que le gustaba acoger.

LORENZA IZZO

 

Intensa, acelerada y llena de energía. La vida de la mayor de las hijas de Rosita Parsons es igual a su personalidad. Sus grandes ojos verdes se iluminan cuando habla de su exitosa carrera en Estados Unidos, así como también se emociona al hablar de su familia. Con varios papeles en cine y televisión, donde compartió roles con actores como Keanu Reeves (Matrix) y David Schwimmer (Friends), hoy se encuentra en el mejor año de su carrera actoral.

Durante el próximo mes se estrenará una serie que hizo para Hulu, donde interpreta a la novia de la protagonista en la serie Casual. En septiembre de este año llega a la pantalla grande con dos importantes participaciones. La primera, dirigida por Dan Fogelman, se llama Life Itself, con Olivia Wilde, Oscar Isaac y Antonio Banderas. El segundo filme, con estreno para el mismo mes, se titula A House with a Clock in its Walls, basada en un clásico infantil, producida por Steven Spielberg, con Cate Blanchett y Jack Black.

“Ha sido un año muy importante para mí. Todavía me pellizco porque no lo creo”, confiesa entre risas.

 

¿Qué tal han sido estos años en Los Ángeles?

Ha sido una escuela. Cuando llegué era una guagua, no entendía nada. Siento que los papeles que me están dando ahora tienen mucho sentido, ya que he crecido como actriz. Me he encontrado a mí mis- ma como mujer, individuo y ser humano.

¿Cómo fue dejar tu casa e irte a probar suerte a EE.UU.?

Fue una decisión súper importante. Siempre tuve el bichito por la actuación y por el periodismo, porque me encanta la comunicación. Tuve una suerte de darme cuenta qué camino debía elegir. Me fui a estudiar a Lee Strasberg en Nueva York, volví, estudié periodismo dos años y, después de eso, decidí que mi vida era actuar y me fui a Los Ángeles a trabajar.

¿Cómo fue ser la hija de Rosita Parsons?

Siento que tuve una transición muy entretenida. Cuando era más chica y comencé a hacer cosas en cine era la hija de Rosita Parsons, pero nunca fue algo que me molestó. Cuando fui parte de la película “Qué pena tu boda” con Nicolás López, pude crear mi propia estampa, porque pude dejar más en claro que soy actriz y no modelo. Con mucho esfuerzo construí mi camino, y si bien somos parte de un mismo clan, somos diferentes.

¿Qué sientes que ha significado para ti pertenecer a esta familia tan reconocida del mundo de la moda?

Está cien por ciento en mi ADN. No conocí otra realidad aparte de estas mujeres fuertes. Crecer con esos ejemplos te marca de muchas maneras. No me tiró para abajo, al contrario, estaba orgullosa de ser Parsons. Veía cómo trabajaban, cómo han luchado en la vida porque nada ha sido gratuito para ellas, ha existido mucho esfuerzo detrás.

¿En qué cosas sientes que te pareces y en cuáles te diferencias con tu mamá y hermana?

Con mi mamá nos diferenciamos en que ella es muy clara y tiene mucha más cabeza, en cambio yo soy más emocional e impulsiva, pero por lo mismo nos complementamos muy bien. La Clarita, por su lado, tiene una actitud muy tranquila y calmada, de que todo va a estar bien y yo soy más explosiva (risas). Pero las tres compartimos que somos muy regalonas.

¿Y con tu tía Carolina?

Me río mucho con ella. Tiene la cosas muy claras. Sabe lo quiere y le encanta transmitirlo. La respetamos enormemente, porque fue la que nos abrió camino. Nos complementamos mucho con ella. Me encanta porque dice las cosas sin pelos en la lengua, me gustaría tener eso.

¿Cómo vive la belleza la miembro del clan que no es modelo?

Soy vanidosa. Crecer con estas mujeres y que no te importe cómo te ves en el espejo es imposible (risas). Lo que sí es muy bonito es que me enseñaron que la belleza viene de adentro. Una persona es bella no por los ojos y el pelo que tenga, sino por su interior.

¿Cuál será tu aporte a este clan?

Tengo que abrir otros caminos. Quiero inspirar a mi hermana a seguir sus sueños y que sepa que si lo haces con esfuerzo todo puede resultar.

CLARA LYON

 

Es la menor de la familia Parsons, pero no por eso carece del empuje, ganas y energía de sus antecesoras. Al igual que su madre, tía y hermana, Clara busca crear su propia carrera en el mundo de la moda y también fuera de ella. A los nueve años desfiló para Ágatha Ruiz de la Prada, pero su interés por los deportes, en especial por el esquí, la hicieron dejar una prometedora carrera. El año pasado, y luego de una portada para una revista, retomó su interés por las fotos y gusto por la pasarela.

“Siempre me llamó la atención. Muchas veces me tocó esperar tardes enteras a mi mamá y tía mientras estaban en sesiones de fotos. Siempre estuve muy apegada a ese mundo”, dice.

 

¿Cómo ha sido pertenecer al clan Parsons?

Siempre he tenido mucha ambición positiva que me mueve cuando veo a estas mujeres. Siento mucho empoderamiento al ser parte de este clan. Me enseñaron a ser muy fuerte, no darme por vencida con mis sueños y siempre luchar por cumplir mi metas.

¿Cual será tu aporte?

Me gustaría combinar un poco de todas. Tener la pasión de mi mamá por destacar las raíces chilenas, la pasión que le entrega mi hermana a su trabajo en la actuación y la personalidad matadora que posee mi tía.

¿Qué te gusta de la moda?

Que es una forma de decirle al mundo cómo soy. Lo que más me gusta de modelar es salir a la pasarela, con todas esas mariposas en el estómago. Modelas y te sientes la reina del mundo. Mientras caminas, puedes ser cualquier persona. Desfilar tiene mucho de actuación, pero no es lo mismo. Mientras estuve en Los Ángeles hice una obra de teatro, pero no me gustó mucho. Soy una persona muy auténtica, entonces me cuesta transformarme en un personaje.

¿Cómo fue desfilar con tu mamá?

Fue exquisito, era como estar en casa. Generalmente tienes que esperar horas a que te peinen, maquillen, en cambio con mi mamá estuvimos riéndonos todo el rato. Fue muy entretenido.

¿Qué dice ella del modelaje?

Tiene mucho que enseñarme desde cómo modelar a lo que necesita un fotógrafo. Me ha ayudado con el profesionalismo: a llegar temprano, sin carretear, con la cara limpia. Me dice: “Si quieres trabajar en esto, hazlo, pero bien, no a medias”.

¿Cómo es tu relación con Lorenza?

No puede ser más rica, somos las mejores amigas. Ella es 11 años más grande que yo y maduré con ella. Pasé de pelear a que se transformara en mi mejor amiga. Ahora le cuento todo.

Viviste con ella en Los Ángeles, ¿cómo fue la experiencia?

A los 15 me fui a vivir a Los Ángeles durante un semestre, porque quería probar vivir fuera. Busqué trabajos y conocí a muchas personas.

¿Tan chica y ya sabías lo que querías hacer?

Mi nombre va acorde a lo que quiero, siempre he sido una mujer clara. Siempre he sabido lo que quiero hacer en la vida. Tengo metas y estoy haciendo lo posible por conseguirlas.

¿Qué te dijo tu mamá cuando regresaste?

Me apoyó muchísimo. Cuando llegué agarré más mundo. Vivía con mi hermana, pero tenía una vida independiente. Pude crear mi propia vida, maduré mucho, me hizo ser curiosa. Fue fuerte para mí llegar con la mente tan abierta a un país más cerrado.

¿En qué te gusta gastar el dinero que ganas?

Mi relación con el dinero es cautelosa, me gusta ahorrar mucho, pero también gastar y pasarlo bien. Es rico tener para mis gastos, pero uno no compra la felicidad con el dinero.

¿Qué es para ti la belleza?

Es empoderamiento, tiene que ver con tu interior. Cuando viajas, conoces el mundo, hablas otros idiomas, compartes con otras culturas y se te agrandan los hombros: eso es belleza.

¿Cuál es tu proyecto para el próximo año?

Mi plan es irme a estudiar afuera Moda y Marketing, pero también dedicarme al modelaje. Me encanta estudiar y quiero tener mis herramientas. Para mí es entretenido el modelaje, pero hoy mi prioridad son mis estudios. Siempre me preguntan cómo lo haces, porque vivo al máximo, pero hago todo con mucho profesionalismo.

 

 

Por Germán Romero

Fotografías por Javiera Eyzaguirre

Producción de moda por Romina Meier

Maquillaje y pelo por Cristián Quitral e Iván Barria

 

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