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Celebrities

Hombre valiente

Hombre valiente

La vida parece haberle dado revancha a Benjamín Vicuña. El chileno es uno de los actores latinoamericanos de mayor proyección internacional y –por qué no decirlo– uno de los hombres más deseados por las mujeres.

Desde hace casi una década, la vida de Benjamín Vicuña transcurre de este y del otro lado de la cordillera de los Andes. Ocurrió en el momento en que consolidó su relación con la modelo argentina Carolina “Pampita” Ardohain y a ambos se les abrieron nuevas puertas laborales en los dos países. La situación fue manejable hasta que se transformaron en familia y se dieron cuenta de que la residencia fija iba a ser una anécdota. “Nuestra casa es binacional, es la forma que le encontramos –dice Vicuña sobre su familia nómade o “gitana”, como definió en su cuenta de Twitter–. Lo importante es estar cerca, que nuestros hijos –Bautista (7), Beltrán (3) y Benicio (de pocos meses)– sean felices y que nosotros podamos estar en paz con nuestros afectos y nuestra gente”, asegura.

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Cómodo por igual en ambos países, Benjamín reconoce que el único tema es el colegio de los niños. “El mayor, en Chile, va a un colegio americano, y en Argentina le piden chino. Entonces, ¡hay un enredo de adaptación!”, cuenta. Está contento y ansioso, en época de estrenos que lo tienen como protagonista aquí y allá, en un momento de reconocimiento y cosecha bien ganados. Su película El bosque de Karadima fue récord de espectadores en las salas de cine chilenas y en la televisión trasandina es uno de los protagonistas de Entre caníbales, el programa de Juan José Campanella para Telefe, y de Sitiados, la nueva serie del canal FOX. “El público quiere este tipo de productos bien hechos, supercuidados, y, como actor, poder ser parte de eso es un privilegio”, señala Benjamín sobre sus flamantes trabajos. Sitiados se emite por TV cable, pero también en la plataforma online Premium de FOXPlay.com: “Te cambia el concepto de mirar televisión porque puedes ver siete capítulos seguidos un sábado a las ocho de la noche”, afirma el actor. De paso, destaca su preferencia por series como House of Cards, The Killing y Homeland. Vestido de forma casual, deja a un lado sus anteojos y se prepara para unas fotos que harán historia: es uno de los pocos hombres que han sido portada de Harper’s Bazaar en el mundo, protagonizando la edición de junio de Bazaar Argentina. Y no podía ser en un mejor momento. Benjamín está reencontrándose con su fina estampa: tuvo que adelgazar para El bosque de Karadima y luego engordar siete kilos para interpretar a Agustín González, el valiente y misterioso guerrero de Sitiados. Inspirada en el Sitio de Villarrica (hecho histórico que tuvo lugar en territorio chileno entre 1598 y 1601, cuando 500 españoles quedaron prisioneros de los mapuches en su propio fuerte durante tres años), la serie sigue el estilo de Game of Thrones, pero tiene ADN latinoamericano. Fue filmada en escenarios naturales –mientras los volcanes estuvieron callados, afortunadamente– con factura cinematográfica.

“El maquillaje, el arte y el vestuario fueron todo un desafío. Había hecho un personaje del 1810, pero esto es 1590, imagínate. Ya me desinflé –se ríe–, pero tuve que crecer. Me demoraba una hora y media en maquillarme y vestirme con todo lo que implicaba: la ropa, la barba; no sabes lo que transpiraba… Quedaba espectacular para la foto, pero ¡había que aguantar! Claro que la caracterización te ayuda a componer el personaje. Con todo puesto, sientes que haces un viaje épico en el tiempo”. Viendo las imágenes de la serie se entiende, porque debió sumar peso a su cuerpo para soportar la vestimenta y revivir el rústico entorno medieval. “Más que sufrir por la ropa, debía oler bastante mal –bromea–. Con los compañeros siempre hablábamos de lo difícil que debe haber sido en esa época la relación con la vida, con las enfermedades, aunque eran otros niveles de tolerancia del dolor”. Su personaje tiene un carácter salvaje; español de nacimiento, pero con más de quince años en estas tierras, es casi un mestizo que advierte el abuso de poder y violencia y se convierte en un elemento de negociación relevante con el pueblo originario.

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En cambio, Entre caníbales transcurre –por suerte– en el siglo XXI. Ambientado en el mundo de la política, donde prima la desconfianza, la deslealtad, la corrupción, Vicuña vuelve a ser un líder positivo. “En ese sentido –señala– Agustín ‘El Pibe’ Larralde, mi personaje, comparte un poco esa luz con el Agustín de Sitiados (sí, curiosamente ambos se llaman Agustín). Los dos tienen fe en que las cosas todavía se pueden cambiar y poseen un sentido muy profundo de la justicia”. Aunque “El Pibe” anda de camisa arremangada, bototos y morral. “Es tan difícil encontrar en un programa diario la naturalidad, la frescura –sostiene el actor–, que trato de conseguir eso también a través del vestuario”. Sin embargo, no es por la imagen por donde empieza a componer sus personajes, sino por su dimensión humana buscando qué cosas le resuenan, elementos y texturas cercanas, para luego alejarse y dejar que el otro fluya por identidad propia. Su mayor desafío en este aspecto fue prepararse para La memoria del agua –película dirigida por el chileno Matías Bize que llegará a los cines nacionales en agosto, antes de pasar por el Festival de Venecia–. Allí, junto a la española Elena Anaya, forman una pareja que lucha por superar y sobrellevar el dolor de la muerte de un hijo, situación que sufrió el propio Vicuña en 2012 con la pérdida de su hija de seis años, Blanca. “Teníamos un tema sumamente complejo –dice escuetamente–, y lo tratamos con mucho cuidado y verdad”.

A sus 36 años, a Benjamín Vicuña no lo perturba ni lo angustia el paso del tiempo. Sí lo inquieta en términos de salud, “porque trabajo con mi cuerpo y quiero estar físicamente bien –explica–. Los cambios por los que atravesé por mis últimos proyectos te ponen a prueba, pero son lindos desafíos. Te hacen estar alerta. Igualmente lo hice con un nutricionista y con un entrenador”. Él se declara muy deportista y partidario, más que de vida sana, de un sano equilibrio: “Me gusta correr, el fútbol y, cuando estoy en Chile, juego polo. Necesito mi cuota de deporte y se justifica para estar bien para el trabajo. Mi fin último es sentirme bien. Trato de no obsesionarme con nada, ni de tener prejuicios. No hago ningún tipo de dieta; como lo que me gusta y celebro cuando hay que celebrar”. Precisamente acaba de celebrar, orgulloso, los diez años del Centro Cultural Mori, que fundó junto a su amigo y socio, Gonzalo Valenzuela, en pleno barrio Bellavista, y que hoy suma sedes en Parque Arauco, Vitacura, Mall Plaza Vespucio e –incluso– en Viña del Mar.

También celebró el fenómeno en el que se convirtió su film El bosque de Karadima, un proyecto con el que se comprometió más allá de lo profesional, seguramente por su condición de embajador de la Unicef. Allí encarnó a Thomas Leyton, un personaje inspirado en uno de los tres denunciantes principales de un caso que estremeció a la sociedad chilena sobre los abusos sexuales a menores de edad cometidos en los años 80 por el sacerdote Fernando Karadima, responsable de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús –también conocida como El Bosque– frecuentada por miembros de la clase alta chilena. “La idea es poder remover conciencia, generar una denuncia sobre estos abusos de poder y de la Iglesia”, revela el actor. Los hechos se conocieron en el 2010 por la investigación que realizó el programa de TVN, Informe especial, y todavía siguen sin justicia. Pasando a un tema completamente diferente, la moda no le es ajena a Vicuña, quien ha incursionado como imagen de algunas marcas de vestuario masculino e incluso de retail en una conocida multitienda. “Le encontré la vuelta –afirma–. Tiene su magia. Es linda la fotografía, sobre todo cuando te hacen actuar un poco”. En cuanto a su estilo, reconoce haber transitado diferentes momentos. “De chico le daba mucha importancia y me gustaban mucho los accesorios, era fetichista con los sombreros. Hoy estoy cada día más básico, afortunadamente. Tiene que ver con una cosa de comodidad, de menos es más, de experiencia –afirma–. Me siento más cómodo con menos excesos. Eso sí, me gustan un par de cosas y les doy hasta que las gasto. Tengo chaquetas regalonas, de jeans y de cuero, que me gustan y las exploto a morir. Lo mismo con los zapatos”. Abierto usuario de redes sociales como Twitter e Instagram, su @benjavicunamori posee más de un millón de seguidores. “No tengo continuidad, subo cuando quiero, pero leo más de lo que subo”, dice. Las elige como modo de estar comunicado, de abrazar causas justas y solidarias. También para recibir un feedback por su trabajo y el cariño virtual de la gente, que es mucho y fue muy sentido cuando falleció su hija. Es también el único medio que utiliza para referirse públicamente a este tema, el más delicado, “cuando necesito estallar” –como afirmó alguna vez– o simplemente para expresarle que “vuela con ella cada noche” y seguir declarándole su amor eterno. n

Créditos Fotos: Santiago Albanell Estilismo: Mariana Schurink Foto principal: Traje, camisa, corbata y zapatos, Etiqueta Negra. Sillón, Manifesto. Foto interior nro. 1: Chaqueta, camisa y corbata, Etiqueta Negra. Foto interior nro. 2: Chaqueta y camisa, Etiqueta Negra.

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