facebook format-gallery format-video google instagram list-ribbon menu next pinterest prev search twitter youtube
Celebrities

Lady Jane

Lady Jane

Convertida en protagonista de la nueva serie de Netflix, Grace and Frankie, Jane Fonda cuenta por qué está construyéndose un santuario para ella misma.

“Regresé al estudio de Richard Avedon para convencerlo de que quemara el negativo, y lo hizo justo al frente mío”.

Jane Fonda está mirando el retrato que Richard Avedon le tomó para la edición de Bazaar de septiembre de 1960. Su rostro luce joven, ligeramente dorado y bien maquillado, sobre todo a la altura de las mejillas. Con una gran carcajada, recuerda haber posado para otra fotografía durante esta misma sesión; una imagen que nunca fue publicada. Es más, tanto fue lo que la inquietaba que optó por quemarla. “Recuerdo haber salido del estudio e ir caminando a mi casa aterrada pensando en que mi papá iba a enojarse”, cuenta. “Al día siguiente, volví al estudio de Richard para convencerlo de que quemara los negativos, y terminó haciéndolo al frente mío”.

Fonda revisa por segunda vez el retrato de Avedon donde, sin aparecer desnuda, se ve sumamente sensual. “¿De verdad fue en 1960?”, dice sorprendida. “Es divertido. Hace poco estuve en Atlanta –donde tiene casa desde 1991, año en que se casó con el magnate de las comunicaciones Ted Turner– y me encontré con una habitación repleta de álbumes fotográficos e imágenes de esta misma época, pero absolutamente diferentes a esta, fue bastante extraño”.Es difícil no imaginar a Fonda –quien fuera una lasciva heroína espacial en Barbarella, una activista antiguerra, una pionera en el fitness durante los años 80 y una mujer que ahora, a sus 77 años, continúa siendo  reconocida por su osadía.

Atlanta también es el hogar del último proyecto de Fonda: está construyendo un santuario para ella misma. Cuenta que empezó recolectando y seleccionando materiales después de su último cumpleaños, en diciembre pasado, a modo de recordatorio de todo lo que ha hecho y logrado durante su vida y carrera. Con una familia ciento por ciento Hollywoodense (su padre fue el actor Henry Fonda); tres matrimonios (con el director de cine Roger Vadim, el activista Tom Hayden y Turner.  Ahora vive con su novio, el productor musical Richard Perry); tres hijos (Mary Williams, Vanessa Vadim y Troy Garity); y una carrera en la pantalla que ha perdurado por más de cinco décadas, Fonda tiene mucho que archivar.  También comparte algunos detalles de su vida con sus seguidores. Hace algunos meses mostró en su blog (janefonda.com) fotos de su etapa escolar y su libreta de notas de cuarto básico. “Hay diferentes fotos de las etapas de mi vida que me emocionan. Cuando niña, con mi tenida deportiva de los 80 o trabajando la musculatura para personificar a Barbarella,” cuenta. De todos esos momentos significativos mantiene recuerdos, como la geoda de cristal que la dramaturga Eve Ensler le dio para el estreno de 33 Variations en Broadway, en 2009, o la piedra con forma de oso tallada por miembros de la tribu Hopi. (“Me identifico con el oso. Pasa por períodos largos de invernación, y yo soy una ermitaña).

El trabajo de Fonda en películas como Barefoot in the Park (1967) y Klute (1971) rápidamente la posicionaron en el imaginario colectivo de la época. “La pregunta que siempre me hacían era, ‘¿Qué se siente besar a Robert Redford?’. Y siempre respondí lo mismo: ‘¡Lo pasé increíble!’”, recuerda.  Su relación con Turner, sin embargo, marcó el comienzo de una pausa en la actuación que se prolongó por 15 años. Durante este tiempo, Fonda continuó trabajando para diferentes causas feministas, desarrolló sus videos de fitness y escribió sus memorias, My Life So Far, lanzada en 2005, mismo año en que regresó a la pantalla grande con la comedia romántica Monster-in-Law.
A comienzos de este año, Fonda se reunió con su coestrella de Nine to Five, Lily Tomlin, para protagonizar juntas la nueva comedia de Netflix, Grace and Frankie, que muestra la vida de dos amigas maduras cuyos esposos anuncian que son gays y que están enamorados. “He tenido bastantes participaciones especiales en diferentes programas, pero esto de tener mi propio show es una experiencia nueva –y a ratos difícil–, pero tener a Lily a mi lado, una amiga en quien confío completamente, marcó toda una diferencia”, confiesa. “En total, son 13 episodios de media hora, así que puedes ver la serie completa en seis horas y media”, agrega emocionada, “Yo ya lo he hecho dos veces”.
Jane se declara fanática de las series y asegura que puede pasarse horas viendo una si le encanta. Además de su propio show, en este minuto está obsesionada con The Jinx, de HBO. También es seguidora de Empire. “El personaje de Cookie está tan bien escrito y  Taraji Henson lo interpreta de forma maravillosa”. Su espectro cultural es bastante ecléctico, por decir lo menos. Escucha desde Chet Baker a Katy Perry, y sigue fantaseando con la última novela que leyó, Lila, de Marilynne Robinson. También celebra su lámpara con forma de pez diseñada por Frank Gehry, su mesa de centro de Noguchi, sus seis retratos realizados por Warhol y su colección de pinturas pleinairistas de los años 20, junto con trabajos de artistas sureños norteamericanos como Thornton Dial y Lonnie Holley.

Como es que Fonda se las ha arreglado para mantenerse tan bien a su edad , también es materia de interés público. “Nunca he ocultado que me he sometido a cirugías estéticas”, dice, haciendo alusión a los retoques que se practicó hace cinco años en los ojos, cuello y mentón, después de haber dicho en el 2000 que había terminado con las intervenciones cosméticas.

Durante su segundo matrimonio, Fonda se puso implantes mamarios, pero estos debieron ser removidos hace una década.  Por supuesto que el ejercicio también ha formado parte importante de su vida, no por nada fue reconocida como la reina de la gimnasia aeróbica. “Trato de caminar una hora cada día y cuatro veces a la semana practico un entrenamiento que incluye estiramiento y bandas de resistencia”, señala. “Tengo 77 años y ya no puedo hacer la misma fuerza de antes, pero he aprendido que las rutinas demandantes no son siempre las más efectivas.

Cansada de su insigne corte de cabello peinado hacia afuera, Fonda ahora está encantada de llevar su pelo con una actitud desenfadada. Esto, luego de que su corte cobrara protagonismo durante tantos años, lo que la llevó a imponer verdaderas modas capilares. Su primera decisión drástica ocurrió a finales de los 60, cuando su matrimonio con Vadim estaba pasando por un mal momento. “El pelo nace directamente de la cabeza y, de alguna manera, está conectado con lo que sucede en tu cerebro, y eso puede ser una manifestacón clara del momento que estás viviendo”, asegura. Ahí popularizó su corte Klute, una melena desflecada con chasquilla.

Su amor por las joyas también es algo relativamente nuevo. Fonda dice, volviendo a la imagen de Avedon –donde aparece luciendo un diamante de gran impacto– que es la antítesis de Elizabeth Taylor en esa afición (curiosamente, en esa misma edición de Bazaar, era Taylor la protagonista de la historia de moda que la sucedía). “Nunca tuve grandes joyas hasta que un día, en el set de Monster-in-Law, se lo comenté a Jennifer Lopez (su antagonista), ¡y ella no lo podía creer! Cuando terminamos las filmaciones, me dijo, ‘Voy a darte una clase para que aprendas a amar los diamantes’”, recuerda. Su clóset, por otra parte, ha mantenido un estilo irreverente desde siempre. “A mediados de los años 60, iba a los programas de televisión que me invitaban con un top Saint Laurent negro absolutamente transparente y sin nada debajo. Todavía me pregunto, ‘¿en qué estaba pensando?’, y sigo sin una respuesta”.

Créditos Fotografía: Richard Avedon

Comentarios

    Escribe un comentario

    Leer después