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Celebrities

Más que una cara bonita

Más que una cara bonita

Quizás es un acto de machismo o, simplemente Audrey Hepburn era tan hermosa que resulta difícil no recordarla por su cara angelical. Pero esta mujer, que por estos días cumpliría 88 años, fue bastante más que otra belleza de la época dorada de Hollywood.

Un padre nazi que abandonó a su familia, una vida errante y la pasión por el ballet marcaron a Audrey en su infancia, llena de carencias e inseguridades. Por eso, cuando le dijeron que jamás llegaría a ser primera bailarina debido a su débil contextura física –provocada principalmente por su desnutrición durante la Guerra– decidió, una vez más, cambiar el rumbo de su vida. Y lo que hizo fue actuar, literalmente.

Comenzó a audicionar para distintos musicales en Londres, tomó clases para mejorar su calidad vocal y entró tímidamente al mundo del cine. Hasta que llegó Roman Holiday, el BAFTA, el Golden Globe, el millonario contrato con Paramount Pictures y la fama. Luego vinieron los que ahora son clásicos: Sabrina, Funny Face, The Nun’s Story, My Fair Lady y, por supuesto, Breakfast at Tiffany’s, la adaptación de la novela de Truman Capote que la transformó en un eterno referente del estilo.

Con 59 años, dos hijos y dos ex maridos, Audrey dejó su carrera como actriz y se unió activamente a UNICEF. Sin saberlo, dedicó los que serían los últimos años de su vida a ayudar a quienes sufrían lo mismo que ella tuvo que pasar durante la guerra. Sirvió como Embajadora de Buena Voluntad en misiones en Somalía, Etiopía, Turquía, Venezuela, Ecuador, Honduras, El Salvador, Guatemala, Sudán y Bangladesh. Sólo volvió a su vida en familia cuando el cáncer no la dejó seguir viajando.

Y murió soñando. Como en el final naif de la mayoría de sus películas.

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