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Verdaderamente Salma

Verdaderamente Salma

Más allá de las pantallas, las alfombras rojas y las redes sociales, Salma Hayek es una mujer que a sus 50 años ha alcanzado la plenitud. Esta entrevista exclusiva para Harper’s Bazaar nos permitió conocer a la mujer detrás de la figura pública.

Que Salma Hayek ha pasado a formar parte del imaginario colectivo latinomericano no es una exageración. Su rostro se apoderó de las pantallas televisivas a finales de los años ochenta gracias a su rol protagónico en la teleserie mexicana Teresa; años más tarde, a mediados de los noventa, su escultural figura se convirtió en un objeto de veneración tras su participación en los filmes hollywoodenses Desperado y Del crepúsculo al amanecer. Su talento como actriz quedó avalado por sus nominaciones: en 2002, a los premios Óscar, Golden Globe, BAFTA y SAG derivados de su papel en la película Frida, basada en la vida de la pintora mexicana Frida Kahlo; como productora contribuyó al éxito de la serie Ugly Betty; y en años más recientes la hemos visto moverse en los más exclusivos círculos de la cultura, el arte y la moda internacionales de la mano de su esposo, el magnate francés François-Henri Pinault.


Vestido Gucci, aros de diamantes propiedad de Salma Hayek.

Pareciera que muchas vidas han transcurrido entre aquella primera audición que realizó a sus 20 años en su país de origen, México, (de la que muchos medios hicieron eco a inicios de 2016) y el momento en que la tengo al otro lado del teléfono. “¿Qué sientes al ver esos videos?”, es la primera pregunta que le lanzo después de saludarla. “Cuando lo vi, me sorprendí porque yo pensé que era peor en esa época. Era muy difícil hacer una escena con un teléfono –y esas líneas eran horribles; recuerdo que en ese momento pensaba ‘¡Ay, Dios mío! No sé si podré hacer esto’. Sin embargo, tengo cierto nivel de convicción en la escena y me veo súper concentrada”, me responde desde Londres y me sorprendo por su espontaneidad.

Con esa misma naturalidad me dice, al cuestionarla sobre sus criterios para elegir los proyectos en los que se involucra, que el factor determinante es que se adapten a los horarios del colegio de Valentina Paloma, su hija de 9 años. “Si me tengo que ir por más de dos semanas y no voy a poder verla, no lo hago”, me asegura. Y así llegamos a Cómo ser un Latin Lover, el proyecto cinematográfico que protagoniza al lado de Eugenio Derbez y que se estrenó en Chile a principios de junio. “Dije que sí simplemente porque Eugenio estaba involucrado y porque creo mucho en él. Movieron cielo, mar y tierra para que yo pudiera estar”, me cuenta. La historia gira en torno a Máximo –interpretado por Derbez–, un gígolo que tras 25 años de matrimonio con una mujer adinerada que le dobla la edad es abandonado por un hombre más joven. Solo, desesperado y sin dinero, se ve obligado a mudarse con su hermana –Hayek– con quien tiene una relación complicada. “El guión estaba ‘agringadísimo’ cuando me lo dieron. Le dije a Eugenio que no podíamos filmarla así y su respuesta fue: ‘Por eso te estoy llamando, para que tú y yo le pongamos el sabor, lo que realmente necesita”, me cuenta. Al final, la producción accedió a realizar todos los ajustes que Salma solicitó para el personaje y el resultado final tiene mucho que ver con las habilidades de improvisación de ambos. “Aunque la película fue filmada en inglés, me permite tener cierta complicidad con los públicos de Latinoamérica; me ayuda a sentirme más cerca de ellos”, añade sobre esta gran comedia romántica.

Esa conexión con sus raíces es lo que abordo en mi siguiente pregunta. “México forma parte de mi vida todo el tiempo”, asegura y añade: “Sigo comiendo tortillas en París, en Londres o donde esté”. La estrecha relación con su familia y con sus amigos es, en cierto modo, el cordón umbilical que la mantiene unida a sus raíces y que también ha fomentado el amor que Valentina –e incluso los hijos de Pinault– le tiene a su país de origen. “Siempre ha estado rodeada de mexicanos; hasta mi marido está rodeado de mexicanos”, afirma.

Crítica es una palabra que no le quita el sueño. “No leo los reviews y no me pongo a pensar qué van a decir”, asegura. Claro, siempre hay excepciones y en el caso de Beatriz at Dinner, película en la que participa y que se presentó en la pasada edición del festival de Sundance, la situación es distinta. “Esa película depende de la crítica porque es de arte; cruzo los dedos para que los comentarios sean buenos, pues de eso depende que la gente quiera verla”, añade. Hasta el momento los deseos de Salma se han vuelto realidad. El filme –dirigido por Miguel Arteta con un guión de Mike White– es considerado como la primera comedia dramática de la “Era Trump” y ha sido muy bien recibida. Y Salma no ha pasado desapercibida. Owen Gleiberman de Variety ha descrito su actuación como luminosa; Eric Kohn de Indie Wire asegura que Beatriz es su mejor papel en años; y Leslie Felperin ha escrito para The Hollywood Reporter: “Su interpretación es rica en calma, ternura y dignidad”.

Sus apariciones generan expectativa y sus elecciones de estilo son siempre comentadas por la prensa de moda. McQueen, Gucci, Bottega Veneta y Saint Laurent París –todas integrantes de Kering, el conglomerado de lujo propiedad de su esposo– son sus apuestas más frecuentes. Con estos diseños, su silueta de reloj de arena es resaltada con amplios escotes y cinturas ceñidas. “¿Te vistes para ti o te vistes pensando en qué van a opinar los medios?”, le pregunto. “A estas alturas uno se viste con lo que le entre”, responde con risas. “Uno va creciendo y se da cuenta de que ha metido la panza por mucho tiempo. Lo que ahora busco es vestirme con ropa cómoda, bonita y apropiada”, continúa. Uno no se espera esa respuesta cuando se le nota tan cómoda en su piel a los 50 años y cuando su nombre se mantiene vigente en Hollywood. Ya figuras como Meryl Streep, Cate Blanchett, Uma Thurman y Madonna han levantado la voz respecto a las presiones que la industria cinematográfica pone sobre las mujeres para no envejecer. “La presión existe, pero yo la siento menos porque tengo otras cosas en qué pensar. Hace ocho o nueve años que no vivo en Hollywood y estoy completamente desligada. Creo que tengo una doble vida: resuelvo casi todo por teléfono, hago la película que me toque hacer y después voy a la promoción”, explica.

Salma no es sobria en sus respuestas y me asegura que el hecho de sentirse querida por su esposo –“Claro, no hay que abusar del amor de los maridos”, aclara– es algo que también la ha ayudado a enfrentar estas exigencias. “No me preocupa envejecer, pero sí me fijo en detalles como mi cadera. Si ahora me duele, no quiero imaginar cómo será a mis 70”, bromea. En una nota más seria me explica que como buena latina es muy “preocupona”. El presidente Trump, la situación de los inmigrantes en Estados Unidos y el conflicto en Siria son algunas de las cosas que le quitan el sueño.

El 24 de marzo de 2015 realizó su primera publicación en Instagram (@salmahayeky al mirar su cuenta uno puede darse cuenta de que es una persona que no tiene miedo de reírse de sí misma, de hacer evidente su incompatibilidad con la tecnología y de mostrar aspectos de su vida diaria. “Cuando te preocupas tanto, también debes saber divertirte con todo”, dice. Esta misma plataforma la ha utilizado para expresar sus posiciones políticas y su desacuerdo con las propuestas de Trump. De hecho, mucha gente esperaba que durante su aparición para presentar los premios a Mejor Cortometraje y Mejor Documental Corto en la ceremonia de los Óscar de este año levantaría la voz una vez más respecto al tema. Esto no ocurrió y, aunque algunas personas expresaron su descontento, ella tuvo sus razones. “Hay que hacer las cosas no para quedar bien con la gente, sino para ser efectivos”, dice. “Yo he sido muy vocal al respecto, pero hay que saber qué decir. Si hablas mucho, después no te escuchan”, añade. “Gael –García Bernal– presentó antes y tuvo una intervención increíble. Yo ya había hablado de esto en la alfombra roja y entregué un reconocimiento a héroes que arriesgan el pellejo sin nada a cambio. Para ellos, ganar puede ser la única oportunidad de que sus proyectos se vean y tuve que ser humilde para saber que ese no era el momento. Yo fui a presentarlos a ellos y hablar del tema no hubiera tenido más impacto”, insiste.


Vestido Saint Laurent, bralette La Perla.

También ha utilizado esta red social para expresar su inconformidad con cosas que se han publicado sobre ella. Un ejemplo es una historia difundida por Los Angeles Times sobre una comida que mujeres influyentes de la industria cinematográfica sostuvieron en el marco del festival de Sundance. En primer lugar, me aclara que aquel diálogo no tenía que haber aparecido en ningún medio, por lo que, de entrada, su publicación constituyó una traición a su propósito. Según la autora, esta reunión terminó convirtiéndose en una acalorada discusión entre Hayek, la octogenaria Shirley MacLaine y la también actriz Jessica Williams. En algún punto de ese texto, Salma lanza una pregunta a Williams –“¿Quién eres cuando no eres negra y cuando no eres una mujer? ¿Quién eres y qué tienes para dar?”– y a partir de ahí las cosas fueron manipuladas para crear la idea de un conflicto que no existió, según me explica. Le aclaro que para mí su pregunta fue una invitación para que Williams se despojara de todas las etiquetas que aparentemente la definen y que nada tienen que ver con el ser humano que es. Ella está de acuerdo conmigo y es entonces cuando le pido hacer el mismo ejercicio. “Quitándote todas las etiquetas, entre ellas la de la latina que conquistó Hollywood y la de esposa de uno de los hombres más influyentes de Francia, ¿quién es Salma Hayek?”. Su respuesta es rápida y contundente: “Lo tengo muy claro. Soy una persona curiosa que tiene una obsesión por la evolución y que siempre quiere crecer y conocerse mejor. Siempre estoy en búsqueda e intentando conquistar mis propias debilidades”.

De estas últimas prefiere no dar detalles, pero asegura que las muestra todos los días, ya que se considera a sí misma una persona transparente –afirmación que tras varios minutos al teléfono no me parece en absoluto exagerada. “No vayas a pensar que me levanto todos los días interpretando a un personaje. Soy demasiado floja para estar fingiendo y ya estoy muy cansada para tratar de empezar otra vez”, confiesa.

De todas sus facetas, probablemente la de filántropa sea la más pasada por alto. No hay que olvidar que en 2013 fundó, de la mano de Beyoncé y de la marca Gucci, Chime for Change, una plataforma de acción social que apoya a Organismos No Gubernamentales que tienen como misión empoderar a las mujeres del mundo a través de iniciativas enfocadas en la educación, la salud y la justicia. “Nunca he sido embajadora para no dedicarle el tiempo a una sola cosa. Ahora mismo estoy trabajando en muchos proyectos”, dice. De hecho, a través de esta plataforma y de Kering Foundation ha apoyado a varias instituciones en México que trabajan con víctimas de la violencia en el país. También me explica que los programas de microfinanciamiento en los que se ha involucrado en Latinoamérica a lo largo de los últimos 15 años son los que mejores resultados han dado y me exhorta a compartir su experiencia con los lectores para motivarlos a respaldar este tipo de proyectos con regularidad.


Izquierda: Vestido Gucci, anillo de compromiso y argolla propiedad de Salma Hayek / Derecha: Vestido Alexander McQueen, anillo de compromiso propiedad de Salma Hayek. 

Escucharla y darse cuenta de que es alguien generoso con su tiempo –hablamos más de una hora cuando se suponía que tendríamos 20 minutos– solo hace que mi admiración por ella crezca. Ciertamente, es una mujer afortunada, pero nadie puede negar que ha trabajado duro para llegar aquí, a pesar de todas las voces que a lo largo del camino la desanimaron. “Me dijeron que nunca iba a trabajar en Hollywood y lo hice. Me dijeron que todo se acababa a los 30, luego que a los 40, y ya los sobreviví. Me dijeron que ya se me había ido el tren y que no podría tener hijos; llegó Valentina y los tres hijos de mi marido, así que ya tengo cuatro. Para todo lo que me dijeron que no iba a poder hacer, he tenido un buen trote”, sostiene. Digan lo que digan, Salma se mantiene fuerte y vigente, y no da señales de querer aminorar el paso. Su decisión y constancia son inspiradoras en un tiempo en que desistir cuando las cosas se ponen difíciles parece ser la norma. Ella es la prueba de que tener metas claras es el primer requisito para alcanzarlas. Siguiendo su ejemplo yo también tengo un nuevo objetivo: que nuestra siguiente conversación sea cara a cara.

Créditos Fotografías: Xevi Muntané Producción: Harper's Bazaar Director de moda: Marco Cuevas Peinado: Daniel Martin para Bryant Artists Maquillaje: Alex Babksy para Jed Root Manicure: Pebbles para The Wall Group Producción en set: Ginny Fiol para Zara Ronchi Asistente digital: Francisco Javier Torrente Asistente de iluminación: Rob Parker Agradecimientos: Hotel Mandarin Oriental Hyde Park en Londres

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