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Cultura

Arte que vibra

Arte que vibra

Ana Bonamico crea obras que se viven, que poseen luz propia y que se ven diferentes dependiendo de quién las mire. La artista argentina radicada en Santiago nos contó los secretos de su trabajo y la razón de su obsesión momentánea por el color

Ana Bonamico no sabía que llevaba el arte en la sangre. Como casi todos los artistas, comenzó a pintar casi obsesivamente desde muy temprana edad, asistiendo a talleres de pintura y dibujo, pero nunca pensó que se convertiría en su objetivo de vida. Incluso estudió marketing en la universidad por tres años antes de percatarse de que ese no era su camino. Siguió pintando, estudió bellas artes, expuso en Italia, se consagró como artista, y recién entonces supo que quizás había estado predestinada a hacer este trabajo. “Hace un par de años vi una pintura de mi abuelo y noté que teníamos algo muy parecido. Él solamente pintó como hobby, pero hay una similitud tan clara que me pone la piel de gallina”, dice la artista.

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Sus obras se han caracterizado por ser explosiones de color, lo que recuerda a parte de sus influencias, como Kandinski, Van Gogh, Pollock, Banksy y Kusama. “Me gusta la energía del color, lo que estos son capaces de provocar”, dice. La provocación se ha convertido en su objetivo artístico. A través de una pieza, Ana busca inspirar a quien la mire a unir el arte con sus propias vivencias, formando así una cadena de historia y recuerdos, haciéndola parte de la vida propia. El arte como algo externo, en un formato clásico de exposición, no es lo que motiva su trabajo. “Busco que la gente se involucre, que pase a ser parte de la obra”, dice. Art Fiction, su actual muestra que ya se presentó con gran éxito en el Museo de Arquitectura de Buenos Aires, ofreció una nueva forma de vivir el arte. En primer lugar, se llevó a cabo en el jardín del museo, cosa nunca antes vista. Contó con un DJ, una banda, una proyección y un container donde se encontraban las obras. “La idea era descontructurar la típica muestra a la que uno va. En el container estaban todos los cuadros junto al juego de luces, y uno podía entrar y salir a gusto”, explica Ana.

Todos estos detalles apelaban a despertar los cinco sentidos e invitaron a un referente de cada uno de ellos para lograr la experiencia completa, por ejemplo, un director de cine, un compositor y un chef. “La idea es que hicieran una crítica de la exposición, porque ellos también son artistas, aunque nunca antes se hubiesen involucrado con las artes plásticas”.

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Los cuadros en sí están creados en base a pintura acrílica, pastel al óleo y pintura glow. “A la hora de exponerlos, lo hago con un juego de luces, alternándose la luz UV con la luz normal. Cuando se ven con luz UV pareciera tratarse de otro cuadro; ves otras cosas que no se ven con luz normal”, dice.

Art Fiction, fiel a su objetivo vivencial, se presentará en Santiago en Sky Costanera en enero 2016 y luego se espera que esté presente en Miami y Los Ángeles en distintos momentos del próximo año. Desde su concepción, la muestra ha cautivado la atención del público y de la crítica por igual, gracias a su capacidad de expandir los límites del arte, eliminar las etiquetas y explorar nuevas formas de entender, sentir y mirar la obra artística. Ana busca que la obra pueda ser percibida por cada uno de los sentidos; que sea vivida, en vez de simplemente vista.

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La curadora de arte y mánager de marketing de moda, Victoria Tolomei, se refirió a Art Fiction con las siguientes palabras: “Cuando se trata de arte ¿hace falta pensar? ¿Es posible clasificar o definir la obra de una artista? ¿No es todo mucho más simple cuando dejamos que cuerpo y mente se entreguen y se dejen llevar por la infinidad de estímulos a los que estamos expuestos día a día?

Cuando dejamos de cuestionar, dejamos de pensar y sentir, bloqueamos la capacidad de experimentación. Performance, instalación, intervención, aquí todas las formas son posibles, porque en la cabeza de Ana no hay límites”.

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“La idea es siempre ir incorporando cosas nuevas a la exposición, ver a qué le tengo que poner más énfasis, plantearme nuevos límites”, añade Ana. “Uno tiene que exigirse. Yo necesito estar motivada por algo, involucrada en un proyecto que me inspire. Sino, en esos momentos de pausa, siento un bajón”.

La ambición de Bonamico la ha acompañado desde que dio el salto a estudiar bellas artes. Por ejemplo, solía mandarle emails al Museo Reina Sofía junto a su portafolio en primer año de universidad para ver si podían hacer algo en conjunto. “Soy bastante soñadora”, ríe. En ese entonces, a la par con pintar, que es la disciplina que la ha acompañado toda la vida, Ana estaba experimentando con la intervención. “Intervenía sillones con personas sentadas en ellos. Es algo que me encanta, porque es diferente, uno no está acostumbrado a eso. Especialmente en ese momento, cuando todavía no era tan común”, dice.

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Fueron esas piezas las que llamaron la atención de unos artistas italianos que estaban en Buenos Aires en busca de proyectos y creadores originales para exponer en su país. Vieron el trabajo de Ana en una feria, le contaron sobre el proyecto, firmó el contrato por correo y ella y sus sillones partieron a Europa. “Fue espectacular. Todos los otros artistas eran de renombre, yo era la más joven y con menos experiencia. Recuerdo que me decían ‘esto que te está pasando ahora, nunca más te va a pasar’”, dice. La muestra, llamada Buenos Artes, duró tres años, tanto en formato colectivo como individual y le permitió viajar por distintos lugares de Italia, como Roma y la Toscana. “Luego, en la universidad, me daba vergüenza contar lo que me había pasado. Me hacían clases profesores que eran increíbles, con un talento de no creer, y yo, una niña, ya había tenido esa experiencia soñada”, dice.

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Estamos en su departamento en Providencia, que comparte con su marido fotógrafo y su golden retriever, Berlín, en un cálido día de noviembre. Nos ofrece té de maracuyá y chips con queso crema. En su living cuelga una de sus más coloridas piezas mientras nos cuenta del amor y pasión que siente por lo que hace, y el nuevo concepto que quiere ir integrando poco a poco a sus piezas. “Hace tiempo que me llama la atención hacer una obra más tridimensional. Salirme un poco de la pintura. Ahora estoy experimentando con acrílico, hacer varias capas generando más profundidad. Es una herramienta que desconozco, entonces se me hace difícil, pero es algo que quiero lograr. Tampoco quiero hacer bastante relieve, no me refiero a esa tridimensión, sino que al juego de luces, a la obra más vibrante”.

Ana, que es cuñada de la diseñadora Karyn Coo, confiesa que hace tiempo que con su marido tenían ganas de probar la vida en otra ciudad. Santiago tiene cercanía física con Buenos Aires, como también el vínculo emocional. Además, la escena artística de nuestro país le llama mucho la atención. “Iván Navarro me parece espectacular, y soy una gran admiradora del trabajo de Matilde Pérez”, asegura. También, el nuevo escenario geográfico le ha permitido conseguir más inspiraciones, ya que su foco de creación son la personas. “Soy lo que otros provocan en mí. Puedo ver a alguien que me recuerde tal cosa o tal persona, y entonces empiezo a conectar. Trabajo mucho el concepto de la memoria, ya que creo que van de la mano, ‘veo esto y me hizo acordarme de esto otro’”, dice.

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“Asimismo, no te voy a decir de qué se trata cada obra, tú vas construyendo tu propia memoria, quizás veas miles de imágenes. A medida de que la vas viendo vas encontrando un montón de detalles, y eso te va a ir generando una construcción de memoria. Algo propio, algo tuyo”, subraya.

Créditos Fotografías: Ronny Belmar

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