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Cultura

BALENCIAGA, EL ORGANIZADOR

BALENCIAGA, EL ORGANIZADOR

Una de las casas emblemáticas de la historia de la moda está de fiesta este año, y es que para celebrar los casi 100 años desde que Cristóbal Balenciaga abriera su primera boutique en San Sebastián, el Victoria & Albert Museum organizó bajo estricto recelo un repaso visual que contempla algunos de los trajes más icónicos del diseñador, por primera vez en el Reino Unido. Desde el próximo 27 de mayo, las salas del V&A londinense albergarán más de cien trajes y veinte sombreros, junto a bocetos, películas y hasta muestras de tela, que pasaron por las manos del creador vasco.

Balenciaga: Shaping Fashion” se titula la gran exposición dedicada a, probablemente, el personaje más respetado y misterioso de la historia de la moda.

Cada una de las piezas que salieron del taller de Balenciaga fueron símbolo de un tiempo donde el lujo era uno de los clubes donde pocos –por no decir casi nadie- tenían acceso.

Hijo de costurera y un pescador que murió demasiado joven, el pequeño Cristóbal aprendió como nadie los secretos de la costura, los cortes y la construcción de un traje en las sastrerías de su San Sebastián natal. Insolente, a los 13 años propuso a la marquesa de Casa Torres –clienta de su madre– hacerle una copia del modelo que llevaba. Con un talento casi innato y una observación minuciosa del oficio de su madre, autodidacta, a los 19 años Cristóbal abrió su primera tienda y un año después, pasaría a transformarse en el diseñador de la realeza y la alta sociedad española. En un abrir y cerrar de ojos Balenciaga ya contaba con tiendas propias en San Sebastián, Madrid y Barcelona bajo el nombre de Eisa, en homenaje a su apellido materno.

Un año después de estallar la Guerra Civil Española, en 1937, Balenciaga cerró sus tiendas y se refugió en París. En la ciudad de las luces acapararía casi de forma inmediata la atención de Madeleine Vionnet, inventora del corte al bies y por supuesto, de los dos grandes en la ciudad: Christian Dior y Coco Chanel, quienes como Vionnet celebrarían su exquisita costura. Con un rigor técnico prusiano y una calidad única en sus tejidos, cada modelo era escrupulosamente confeccionado a mano y su interior era capaz de ocultar armazones que podían conseguir efectos casi teatrales sin abandonar la sobriedad. Por su tienda en París empezó un desfile de clientas que incluían a algunos nombres imprescindibles de la época, como Marlene Dietrich, Greta Garbo, Mona Bismark, Pauline de Rothschild y la mismísima Carmen Polo, la esposa de Franco, algo menos querida por Cristóbal.

Sus tiendas en España le servían de escuelas para jóvenes diseñadores que después se incorporaban a la maison en París. Algunos de ellos fueron Hubert de Givenchy, Courrèges, Emanuel Ungaro y Oscar de la Renta. Amante de artistas como Brancusi, Goya o Zurbarán, Balenciaga sentía también una especial atracción por la vestimenta tradicional japonesa. A todos estos referentes los tomaría de inspiración para crear sus piezas, donde una de las máximas fundamentales era crear algo bello que disimulara los defectos de sus clientas. Crear estuches perfectos para siluetas imperfectas.

Así, cada año lanzaba una silueta: el traje saco, el vestido túnica o el Baby Doll, una silueta trapezoidal imitada hasta nuestros días y hasta la saciedad con un aire de antipatía, y es que él mismo defendía esa gran verdad que repetía: “Se reconoce a una mujer distinguida por su aire antipático”. Balenciaga se convirtió en un hábil empresario sin aparentes preferencias políticas que, sin embargo, no dejaba escapar ni el más mínimo detalle de su vida privada. Si Balenciaga comenzó su carrera vistiendo un tipo de mujer que se cambiaba de ropa tres veces por día, terminó diseñando el uniforme de las tripulantes de cabina de Air France, representantes de un glamour moderno y práctico. Entre ambas se sucedieron los años más decisivos del siglo XX, que podrá observar y respirar en cada una de las salas dedicadas al hijo de un pescador que llegó a lo más alto de la excelencia. Un verdadero lujo en una época donde eso, el lujo, a ratos es difícil de caracterizar con la precisión de un maestro, del mito Balenciaga.

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