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Cultura

El año de Frida

El año de Frida

Ni su muerte, ni su cumpleaños, ni su matrimonio con Diego Rivera. Este 2015 no se conmemora nada importante relacionado con la artista mexicana. Pero a pesar de que no hay ninguna efeméride relevante en el camino, pareciera que todo se hubiera confabulado para que no podamos olvidarla.

Una exposición en Nueva York dedicada a su relación personal y artística con la naturaleza, la primera muestra fotográfica de sus prendas y accesorios más icónicos y la subasta de sus cartas de amor con el artista catalán José Bartoli, han hecho que Frida Kahlo, en sus dimensiones de ícono pop y artista, esté más presente que nunca.

Es la casa más famosa del barrio Colonia del Carmen, en el distrito de Coyoacán en Ciudad de México. Tras sus paredes azul cobalto nació, vivió, amó y murió Frida. Convertida en un museo en su honor, La Casa Azul alberga obras, objetos personales y material de archivo de la artista y su esposo, Diego Rivera. En un viaje que podría parecer imposible, el 16 de mayo, este espacio, que para Kahlo fue tan íntimo, se trasladará al Jardín Botánico de Nueva York.

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Tuvieron que pasar 25 años para que la artista de las cejas inolvidables volviera a la Gran Manzana.  “Frida Kahlo: Art, Garden, Life”  no es sólo una exposición, es una experiencia que vale la pena vivir. Más que simplemente conectarse con su obra a través de un lienzo, los visitantes podrán sentarse en un jardín tan parecido al que Frida tuvo que pintar casi por obligación, luego de encerrarse en su casa los años previos a su muerte. A través de una réplica de la fachada y jardines interiores de la Casa Azul y cerca de 200 obras pictóricas —entre las que se cuentan 55 de los célebres autorretratos que Frida pintó desde su juventud— la curadora y Doctora en arte mexicano Adriana Zavala explora el vínculo casi inseparable de Kahlo con la flora y fauna de su país.

Otro tesoro de La Casa Azul es el clóset de Frida. Referente innegable de la moda, son innumerables los diseñadores, fotógrafos y estilistas que se han inspirado en su exquisito y vibrante estilo para sus trabajos. Es por esto que parece una locura, que en cincuenta años, nadie tuviera acceso a ninguna prenda de la artista. Luego de su muerte, en 1954, su esposo decidió guardar todos sus objetos personales en un pequeño baño en su casa, que sólo fue abierto el año 2004, cuando los curadores del museo decidieron que había llegado la hora de realizar un catálogo y una posterior exhibición de lo que había tras sus puertas.

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La japonesa Ishiuchi Miyako fue la fotógrafa elegida para registrar las más de 300 piezas que Diego Rivera había escondido antes de transformar la casa en un museo. Capturados con luz natural y una sencilla cámara Nikon de 35 mm, cada objeto entrega información de la atormentada y a la vez, luminosa, visión de la vida que tenía Frida. Más allá de la belleza de sus vestidos y accesorios, sus prendas más hermosas son, a la vez, las que le causaban más dolor. Los corsets, que ella misma pintó mientras se recuperaba de su conocido accidente en bus y la pierna ortopédica que tuvo que usar luego de sufrir de una amputación en 1953 son casi tan célebres como sus obras.

Hasta mediados de julio, la Galería Michael Hoppen de Londres presentará las imágenes pertenecientes al catálogo de la Casa Azul y con las que Miyako creó un verdadero retrato compuesto por las pequeñas pistas que Frida fue dejando en vida.

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Su intensidad y particular visión del amor son también, protagonistas de la obra de la mexicana. Por algo, sus palabras de amor tienen un alto precio. En una subasta realizada a mediados de abril en Nueva York, una serie de 25 cartas entre Frida y José Bartoli, fueron compradas por 137 mil dólares. Una brutal exposición de intimidad o un bello recuerdo. Sea como sea, a través de casi cien páginas escritas a mano, junto a fotografías y postales, se dio a conocer este idílico romance que la artista mantuvo con el catalán entre 1946 y 1949, mientras seguía casada con Rivera.

Para ocultar su relación epistolar, Frida firmaba todas sus cartas como “Mara”. Porque claro, desde el momento en que la conoció en un hospital de Nueva York, Bartoli supo que estaba frente a una de las mujeres más maravillosas del mundo.

Créditos Fotos: Getty Images /New York Botanical Garden /Michael Hoppen Gallery/ Doyle New York

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