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Cultura

El maestro del color

El maestro del color

El Museo de Arte del Savannah College of Art and Design en Georgia dedica una de sus exposiciones más importantes del año al artista franco-venezolano Carlos Cruz-Diez.

“El color no fue un descubrimiento; el color ha sido desde siempre parte de mi vida”, aseguró el artista Carlos Cruz-Diez durante la ceremonia en que recibió el premio anual que el Savannah College of Art and Design (SCAD) otorga a un personaje destacado de las artes como un reconocimiento a sus logros y contribuciones, en el marco de su evento de FINE ART. A lo largo de siete décadas, este artista –nacido en Caracas, Venezuela, en 1923– ha desarrollado y refinado revolucionarias filosofías acerca de la teoría del color. Chroma, la exposición que el Museo de Arte del SCAD dedica a su trabajo y que trata esencialmente sobre esta idea, concluye el próximo 20 de agosto. Es apenas una pequeña muestra de sus complejas reflexiones y años de investigación dedicados a una de las principales materias primas del quehacer artístico.

El nombre de la muestra fue tomado de la forma latinizada del vocablo griego khroma, que hacía referencia a la calidad y el color de la piel, y que con el tiempo evolucionó hasta referirse a la calidad o intensidad de cierto tono en 1889. “El color es un disfrute, algo que pertenece al mundo afectivo”, es una de las aseveraciones que han guiado las investigaciones y la producción artística de Cruz-Diez, y es uno de los hilos conductores de la exposición que toma en cuenta las consideraciones fundamentales del artista en relación con la posibilidad transformativa de que el color es diacrónico e inestable, dependiente de la percepción individual, así como del espacio y el contexto. Más allá de la singularidad de sus obras, cada pieza es una provocación que invita a los observadores a interactuar con ella y a completarla con ayuda del movimiento y del involucramiento con los ambientes cromáticos surgidos de su imaginación. En ellos los objetos se convierten en meros vehículos que dan origen a una profunda experiencia de observación o, en palabras de Gabriela Rangel, directora de Artes Visuales y curadora jefe de la Americas Society: “Cruz-Diez hizo del color una experiencia poética y no rutinaria”.

“La obra de Carlos marcó la teoría y la filosofía del color en la historia reciente del arte”, explica Humberto Moro, curador del museo, durante un recorrido de la muestra y añade: “Algo muy importante es que, a la par de la obra que desarrolló, creó un lenguaje para referirse a sus experimentos y hallazgos”. Si bien en ningún momento ha negado las propiedades físicas y materiales del color, Cruz-Diez demostró que al usarlo de cierta forma es capaz de generar cosas que solo tienen que ver con la percepción y la emoción. A fin de cuentas, el color es una experiencia subjetiva y personal. “En mis obras, lo que se ve y se experimenta es un presente; es el preciso instante en que el observador produce el color. Mi intención es tomar el color de la superficie y traerlo al espacio como una realidad y no como una transposición o una recreación de la misma. En mis piezas, el color aparece y desaparece a través de un diálogo que se genera en el espacio justo en el momento en el que es observado. Esa es la razón por la que mis obras no son una transposición de recuerdos sino, al contrario, son acontecimientos: realidades sin un pasado o un futuro que se desarrollan en un continuo presente”, explica el artista en las fichas de la muestra.

“El arte hay que inventarlo. Cuando surge un nuevo discurso es necesario escribir de qué se trata. Para hablar de mi trabajo tuve que crear un lenguaje con una nueva gramática y una nueva sintaxis. Por este motivo, elegí poner a mis obras nombres que explicaran el fenómeno que ejemplifican”, aseguró en la misma ceremonia del pasado mes de febrero. Este lenguaje se refiere no únicamente a sus intervenciones artísticas, sino que también define fenómenos cromáticos que conducen a un entendimiento del color como algo inestable, dinámico, único, que evoluciona en y con el espacio. Entre los términos acuñados por Cruz-Diez –en francés, dado que ha vivido y trabajado en Francia desde 1960– se encuentran “Couleur Additive”, “Physichromie”, “Induction Chromatique”, “Chromointerférence”, “Transchromie”, “Chromosaturation” y “Couleur à l’espace”. Todos ellos son utilizados para describir los resultados de sus exhaustivas investigaciones relacionadas con cuatro condiciones cromáticas: sustractivas, aditivas, inductivas y reflectivas.

La exhibición, curada por Storm Janse van Rensburg y Raquel Serebrenik Sultan, egresada del SCAD, también aporta pruebas de cómo el color tiene una influencia en la tridimensionalidad y busca integrar experiencias del mismo en la vida diaria a través de una serie de intervenciones en los espacios exteriores del museo, como una manera de amplificar el diálogo que se inicia en las salas interiores. Una de las obras que se han vuelto un sello de identidad, es un paso peatonal que corre en paralelo al museo. Cuestionado acerca de cuál considera su obra mejor lograda, el maestro aseguró que la palabra éxito es una de las que menos emoción le generan y añadió, “El artista no trabaja para el éxito, más bien se embarca en una aventura sin esperanza. Esa es la gran belleza del arte, que es una aventura del espíritu. La perfección es la acumulación de fracasos. Tanto fracasas, tanto te equivocas, hasta que al fin lo haces bien”. Es así como uno de los nombres más relevantes del arte cinético y del Op Art –movimiento que apuesta por una “conciencia de la inestabilidad de la realidad”– del siglo XX sigue contribuyendo al entendimiento de los fenómenos asociados con el color en el arte y a la expansión de su universo único y mágico de percepción.

CHROMOSATURATION
Montada en el interior de un gran contenedor colocado en los jardines del museo, esta instalación, cuyos orígenes se remontan a 1965, es un ambiente artificial compuesto por tres cámaras de color –una roja, una verde y otra azul– que sumergen al visitante en una situación monocromática absoluta. En palabras de Gabriela Rangel, la Cromosaturación ha sido uno de los más grandes inventos del arte del siglo XX, ya que galvaniza los colores con los sentidos y los mezcla con el propio cuerpo del espectador. “La Cromosaturación es una experiencia vital. No se trata de observar el color después de ser pintado sobre una superficie, sino que debe ser vivido. La piel cambia, la situación y el espacio se modifican, y los colores que aparecen no están ahí, sino que son una creación de nuestro cerebro”, comenta Carlos Cruz-Diez sobre su creación.

Créditos Todas las fotografías: Cortesía del Savannah College of Art and Design.

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