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Cultura

El nuevo museo de Miuccia

El nuevo museo de Miuccia

Fue hace veinte años, que la nieta menor de Mario Prada asumió, junto a el empresario y cerebro tras la casa italiana Patrizio Bertelli, el desafío de crear un espacio para la cultura y el arte contemporáneo. En una imponente construcción del siglo XVIII en plena Venecia, Miuccia instaló la que es su oficina central desde el 2011 y en la que ya se han presentado cuatro exposiciones. Pero su gran pendiente era el museo de Milán, que después de siete años al fin puede ver la luz.

Luego de una semana de eventos, visitas y recepciones de carácter privado, la nueva sede de la Fondazione Prada ya está abierta para todo público. Diseñado por el arquitecto holandés Reem Koolhasquien el 2008 fue el ganador del premio Pritzker, considerado como el Nobel de la arquitectura–, el museo es una combinación de edificios ya existentes con tres nuevas estructuras.

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En cerca de 20 mil metros cuadrados, este nuevo proyecto de Miuccia alberga cinco exhibiciones: Serial Classic, que a través de una colección de 70 piezas entregadas a préstamo por el Louvre, el Museo Británico y los Museos Vaticanos invita a los visitantes a analizar la importancia de la influencia de la escultura clásica en el arte contemporáneo; An Introduction, una selección de las obras más importantes de la colección privada de la fundación; In Part, a cargo del recientemente nombrado director del Museo del Retrato de Londres, Nicholas Cullinan, y que trabaja el concepto de sinécdoque a través de fragmentos de distintos tipos de obras de arte; Processo Grottesco, un registro del proceso creativo del fotógrafo y escultor alemán Thomas Demand para llegar a construir su reproducción de Las Cuevas del Drach y la proyección del documental Roman Polanski: My Inspirations, donde el director polaco hace un recorrido por las obras de sus cineastas favoritos.

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Sin desmerecer la excelente curatoría que se realizó para la apertura de esta parada obligada en Milán, el lugar que se ha robado todas las miradas es la cafetería del museo. Y es que como si fuera un sueño hecho realidad para cualquier cinéfilo, está completamente diseñada por el genial Wes Anderson. Muebles vintage en tonos pastel, wurlitzers, siete flippers dedicados a Steve Zissou –uno de los personajes más recordados del director– y un extravagante papel mural dan vida al Bar Luce, que más que un lugar para comer, parece un perfecto set de una película naif a cargo del excéntrico Wes.

Créditos Fotos: Getty Images / Fondazione Prada

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