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Cultura

El pintor de fantasías

El pintor de fantasías

José Pedro Godoy explora la sensualidad y el erotismo de la figura masculina en cuadros que evocan la perfección de una naturaleza artificial. A solo semanas de dar a conocer su nueva exposición en el Museo Bellas Artes de Santiago, conversamos íntimamente con él en su taller.

Es un frío día de primavera cuando llegamos al estudio de José Pedro Godoy en la calle Seminario, en Santiago. Nos recibe él mismo, vestido con un polerón y pantalones negros, ambos manchados con golpes de pintura, y dice que para las fotos tendrá que cambiarse de ropa. Pero la verdad es que no queremos que se quite su uniforme de trabajo. Vinimos a conocer su esencia como artista, aquella búsqueda e interrogatorio que guía su arte y que luego nos presenta en unos cuadros provocadores y sensuales; por ende, queremos verlo tal cual. Acarreando manchas de sus obras en su ropa, encaminándose por el largo pasillo de la antigua casa que comparte con otros artistas, preparándose una taza de café y olvidando ponerle el agua. José Pedro se ríe de su torpeza, pero cuando llega la hora de hablar de su trabajo, se torna serio y meditativo.

“A mí lo que menos me interesa es escandalizar a alguien”, dice. Su obra, que explora la sensualidad y el erotismo del ser humano, se centra en la figura masculina, algo muy provocativo en una escena artística histórica donde la mujer siempre ha sido el objeto de deseo. Y ese es precisamente el cambio que busca el pintor. “A la figura del hombre suelen asociarle otras características, como el heroísmo. Entonces me interesa ese juego de presentar al hombre como objeto de deseo según los códigos de lo femenino”, explica. La mujer, de cierta forma, está acostumbrada a ser observada. Ahora llegó el turno del hombre de convertirse en objeto de deseo del arte. “Busco hacer ese cambio, que el objeto se vuelva masculino. Es algo que me interesa mucho trabajar, ya que es difícil hablar de erotismo sin incluir la figura humana”, dice.

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Jean-Léon Gérôme y el arte barroco de Peter Paul Rubens son algunos de los artistas cuyos trabajos disfruta estudiar y observar. Asimismo, hay varios pintores contemporáneos que le gustan: Paul P., Daniel Lannes y Nahuel Vecino, Pablo Ferrer y Max Gómez Canle, entre otros. Pero el resultado de sus cuadros son producto de una combinación de influencias de orígenes mucho más diversos, como el animé, novelas, teleseries, fotógrafos y mucho más. Y en esta mezcla y búsqueda de los códigos de la sensualidad, no hay un interés a la provocación. Por el contrario, José Pedro se embarca en una investigación profunda y personal de cómo algo se vuelve absolutamente deseable a ojos de las personas. “Me interesa descubrir qué códigos despiertan la sensualidad”, dice.

La presentación del deseo, la idea de seducción, los códigos sociales y culturales que convierten una imagen en algo atractivo, son los ejes del trabajo del pintor chileno. También hay una interesante relación entre el lujo y la lujuria, y el artificio y la naturaleza. Porque en varias de sus obras es esta última, expresada en fauna, flora y mucho verde, la que cobra un especial protagonismo. Pero no es la naturaleza a la que estamos acostumbrados, ya que no se trata de un retrato realista. Es la construcción de una fantasía, que va de la mano con la imagen de la sexualidad perfecta. “Presento la naturaleza como una construcción artificiosa, una naturaleza que no es natural. Hago un cambio de materialidad en las cosas que pinto, porque siento que eso las vuelve más seductoras”, explica. La imagen ideal es hacer el amor en un campo en la completa libertad de la sexualidad, sin incomodidades o sorpresas. “Pero en la realidad, te vas a clavar con una piedra, van a haber hormigas…”, y eso quita el romanticismo y causa un quiebre. Sus obras encierran la perfección, la fantasía y el idealismo.

La pintura es su gran pasión. Desde niño, al imitar a su abuelo a quien le gustaba pintar, halló en esta disciplina una forma de expresar su identidad y sus cuestionamientos. “Hay temas que siempre me interesó trabajar en pintura. Uno busca encontrar la coherencia entre lo que quiere mostrar y cómo quiere hacerlo”, dice. Y fue así que la pintura le sirvió como el medio preciso para eso. “Además, uno hace varias cosas y hay algunas que te parecen más importantes que otras o te gustan más que otras… Voy tomando decisiones respecto a qué aspectos de lo que voy trabajando me interesa. En un principio, uno pinta como puede”, revela.

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Uno de sus últimos intereses está centrado en los ritos de iniciación masculina de la cultura Selknam. “Es una serie que quería hacer hace tiempo. Ya había hecho ritos de iniciación masculina, grupos de hombres que no se sabe bien qué están haciendo, si es un rito o un juego erótico, pero tenía este tema pendiente”. Ha leído mucho sobre el tema que le causa interés, en especial cómo este tipo de rito se vuelve más deseable y atractivo. “Quería hacer esta ceremonia, pero occidentalizada, porque pareciera que las imágenes se vuelven más deseables de esta forma. Eso significa hacerle un blanqueamiento a la imagen, una limpieza, para llegar a códigos europeos que son más entendidos como un ideal de belleza”.

Su nueva exposición, titulada Historia violenta y luminosa, mostrará sus obras de los últimos tres años de carrera. Ocupando tres salas y dos rotondas del Museo Nacional de Bellas Artes, la muestra comienza con una atractiva presentación de los personajes, tanto los protagonistas, los buenos, como también los villanos. Se darán a conocer en un cuadro que mide tres metros por doce, que dará la bienvenida. “A un lado de la exposición estarán las escenas más interiores, de imágenes más oscuras, mientras que en el otro se centrará el sexo y la naturaleza”, explica. Junto a la muestra, José Pedro lanzará un libro con sus diez años de pintura, desde el primer cuadro que entró a formar parte de su cuerpo de obra. “Es muy satisfactorio ver mi trabajo reunido y editado. Sentir que en todo este tiempo he logrado algo, que va mucho más allá de si es bueno o malo, pero es un recorrido de lo que he podido hacer”.

“Me gusta cómo la pintura puede ser hacer visibles mis intereses. Siempre busco encontrar una relación entre lo que pienso y lo que hago”, dice. Y eso es precisamente lo que ha logrado durante su carrera: mostrarle al mundo y a la escena artística nacional cuáles son sus inquietudes, su búsqueda, y cómo la figura masculina puede convertirse en un irresistible objeto de deseo.

Créditos Fotografías: Ronny Belmar

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