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Cultura

Instinto de Danza

Instinto de Danza

La bailarina contemporánea española Altea Núñez visitó nuestro país en preparación para el Festival de Coreógrafos del Teatro Municipal. Este mes podremos experimentar la magia de su pieza a dúo Claro oscuro, que conjuga la técnica clásica con el poder de la emoción.

Altea Núñez está bailando en el Municipal de Santiago. Sin embargo, no se encuentra sobre el escenario. Sus pasos ligeros se elevan y caen con la delicadeza de una pluma sobre el suelo ajedrezado del foyer del teatro. Altea Núñez está bailando en exclusiva para Harper’s Bazaar, para nuestra sesión fotográfica. “Soy muy de la emoción”, dice. “Es lo que más me llama la atención de bailar: el poder de la expresión por sobre la técnica, la belleza de cada movimiento”.

Aquí podemos ver lo bello de la danza sin ningún esfuerzo: la fluidez de cada cambio de movimiento, el suave sonido del aire que provoca su cuerpo al saltar, la coquetería de las manos y la firmeza de los pies. Pero claro que también vemos técnica. Porque a pesar de que Altea dice centrarse en la emoción de la danza, un bailarín sin la destreza no puede estar completo. “Lo más difícil es encontrar el equilibrio entre lo técnico y la expresión. Hay roles que requieren más de uno o del otro, o de ambos”.

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Altea comenzó su carrera artística en la danza incluso antes de darse cuenta. Hija de una bailarina contemporánea, formó parte de la escuela privada de danza de Víctor Uñate en Madrid desde los siete años, pero no era algo que le encantara. “Nunca tuve ese momento de ‘ah, quiero ser bailarina’”, confiesa. Sin embargo, la danza no tenía planes de abandonarla. Tras quince años en la escuela, Altea viajó a Bélgica, específicamente a Amberes, para formar parte del Ballet Real de Flanders. Pensó que estaría ahí por un tiempo breve, pero fue en este lugar donde realmente comenzó a brillar en la danza, descubrió nuevos coreógrafos y ballets, conoció a su marido (el también bailarín Alain Honorez) y se encontró de frente con otra gran pasión intrínsecamente ligada al baile: la coreografía. “En la compañía tienen un proyecto anual llamado Coreolab, donde invitan a los bailarines a montar piezas. Es una plataforma fantástica, porque de pronto tenía todo a mi disposición: escenario, bailarines, vestuario, y me lancé”, explica. Pero más allá de las facilidades que se le presentaron, la verdadera inspiración se la debe a dos bailarines españoles que llegaron a Amberes de visita: Cristina Casa e Ion Aggarexte. Son pareja en la vida real y eso motivó a Altea a crear una pieza titulada Contigo, un paso a dos de amor y odio, que explora una relación amorosa.

“Una de las cosas que más me gusta de coreografiar es la experiencia con el bailarín. Poder transmitir cosas a ellos, que luego entregan al público”, dice. Desde que dio a conocer Contigo, la carrera de Altea ha dado un vuelco. Trabajó con la Orquesta Filarmónica Belga en una bella pieza a dúo titulada Closer, Closer; creó Mother, una emocionante historia sobre una madre que pierde a su hijo en la Primera Guerra Mundial para el Festival Europeo de Clarinete en Ghent; Symbiosis, que se presentó en el Teatro Colón en Buenos Aires, y también ha montado escenas en el Conservatorio de Madrid y Barcelona. Fue en la capital argentina que su talento coreográfico llamó la atención de la directora del ballet del Municipal de Santiago, Marcia Haydée, quien la invitó a participar en el 3er Festival de Coreógrafos, a realizarse este mes.

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La coreografía que tiene preparada se titula Claro oscuro y cuenta con seis bailarines, cuatro mujeres y dos hombres. La idea surgió a partir de los cuadros renacentistas, en ese maravilloso juego de luz “que me hizo pensar en que la gente se movía”. La pieza coreográfica les hace cobrar vida a estos personajes de un cuadro realista y dramático; cada movimiento va en búsqueda de ilustrar cómo estas personas descubren el mundo, el espacio, la segunda y la tercera dimensión. “Cada coreografía comienza de una imagen. De repente me vienen flashes y veo retratos que me inspiran algo”. Altea confiesa que le advirtieron antes de venir a Chile que el público no está tan acostumbrado a ver baile contemporáneo. Sin embargo, su trabajo combina elementos clásicos y modernos. “Es bastante estético y orgánico, y eso ayuda a que la gente se conecte de forma más fácil. Esto es neutral. Anhelo que la gente pueda disfrutar de la belleza de los bailarines y la atmósfera”, dice.

Para poder crear este ambiente detenido en el tiempo, la música es un aspecto fundamental. Normalmente, Altea trabaja junto a su cuñado, quien es compositor. A veces crea partituras desde cero y otras edita una historia musical, como fue el caso de Claro oscuro, donde se mezclan melodías clásicas con creaciones nuevas. “Esta pieza tiene tres versiones. Primero, creé una corta, y luego, a pedido del director de la compañía, una más larga. En Chile, presentaré una mezcla de ambas”, cuenta.

Si hay algo claro es que la carrera coreográfica de Altea Núñez recién comienza y los éxitos se irán acumulando. No tiene definido cuál será su próximo paso, ya que revela que se guía por el instinto a la hora de tomar decisiones. “Soy muy emocional. Creo que las cosas, cuando las pienso demasiado, no me funcionan”, dice.

Créditos Fotografías: Rony Belmar

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