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Cultura

La intensidad del ballet

La intensidad del ballet

Lo primero que me cautivó de la danza fue la reacción del público al ver un espectáculo. Recuerdo haber pensado: “Yo quiero hacer sentir eso a la gente”. Y desde que comencé con el ballet siempre se ha tratado de eso, de emocionar y entretener a otros. Cada noche antes de salir a bailar pienso que este es un público nuevo, por ende, también una nueva conquista.

El proceso de conquistar no es fácil, ya que el ballet es una de las disciplinas artísticas más completas y complejas que existen. No solo hay que bailar, sino que hay que ser deportista, saber actuar e interpretar un rol y una música con la pasión suficiente para que en el espectador surja una emoción. Nuestra preparación es intensa y disciplinada, ya que de otra forma jamás lo lograríamos. Si se quiere dejar un nombre en la historia del ballet, no queda otra que ser inteligente en cómo uno trabaja y cuida el cuerpo, ya que es el instrumento de trabajo. Creo que lo más difícil de esta carrera es darse las ganas de levantarse todo los días a hacer actividad física; el cuerpo es flojo y hay que empujarlo y muchas veces hay que seguir entrenando a pesar de ciertas molestias físicas. Hay que seguir adelante sin importar qué. Pero el esfuerzo vale la pena. Recuerdo, por ejemplo, la alegría y satisfacción que sentí en un momento muy especial de mi carrera, cuando bailé en Suiza un solo del ballet Nijinsky. La coreografía pertenecía a John Neumeier y nunca voy a olvidar la emocionante reacción del público y todas las críticas positivas que me hicieron en Europa.

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Bailar en el extranjero ha sido mi gran escuela. Siempre estoy haciéndolo, ya sea por giras con la compañía o invitaciones personales. Es lo mejor, ya que uno se mantiene conectado con lo que está pasando en la danza en varias partes del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, aprendí a ser un profesional en todo sentido: no solo ejecutar pasos, sino que a ser un bailarín completo. También aprendí algo que ha marcado mi vida: que la carrera la construye uno mismo. Uno no es responsabilidad ni del director ni de los maestros. Uno es el que debe luchar y buscar las oportunidades. En el extranjero la competencia es muy fuerte y hay mucha demanda, entonces si no se tiene eso claro, las cosas no funcionarán.

A pesar de todo el trabajo y esfuerzo nunca he sentido que he dado una función perfecta. Hay veces en que me siento mejor que en otras, pero perfecto, nunca. Soy una persona demasiado exigente, entonces siempre quiero poder hacer más y hacerlo mejor. Es parte de quien soy y de la carrera que amo. Haber ascendido a solista, asimismo, es una gran responsabilidad. Uno es un ejemplo a seguir para los bailarines y sobre todo los estudiantes de ballet. Se siente bien que me hayan confiado las responsabilidades de bailar roles solistas, ya que los desafíos son los que me permiten crecer como artista y persona. Vivo bajo la filosofía de que la comodidad es la peor enemiga del artista.

Sebastián Vinet fue bailarín solista del Teatro Municipal de Santiago durante 2016. Este mes se unirá a la Compañía Nacional de Danza en México, también como solista.

Créditos Fotos: Carlos Quezada, Edison Araya y Patricio Melo:

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