facebook format-gallery format-video google instagram list-ribbon menu next pinterest prev search twitter youtube
Cultura

La intimidad de las palabras

La intimidad de las palabras

La escritora Carla Guelfenbein nos abrió las puertas de su departamento en Providencia y también las de su pasado. Ahí pudimos conocer a fondo su historia, inspiraciones y su amor por el arte y la psicología humana.

Hay cosas con las que uno espera encontrarse en casa de un escritor. Libros, por ejemplo. Decenas de ellos amontonados en los rincones, en los dormitorios, en la cocina, cumpliendo el papel de muebles y sosteniendo tazas de café. Hojas sueltas, lecturas inconclusas y un gato paseándose por los pasillos. Pero el departamento de Carla Guelfenbein es todo lo contrario a este cliché: sencillo, ordenado, con cada libro en su lugar (destacan Sylvia Plath, Virginia Wolf y ediciones de sus propios libros en otras lenguas), y con obras de arte que hablan de una pasión y talento que van mucho más allá de la literatura.

Un cuadro de Nemesio Antúnez cuelga junto al comedor y se visualizan dos figuras negras durmiendo entre los colores. Son Carla y su ex marido, Juan Carlos Altamirano. Es una pieza que el reconocido artista nacional fabricó para ellos. En la entrada, fotografías en blanco y negro se lucen enmarcadas y hay una cierta melancolía en su belleza. Son obras de Micaela, su hija mayor, quien las tomó en un viaje a Cambridge. Pese al talento de su primogénita, esta optó por estudiar leyes. Y en esto se asemeja a su madre, ya que la autora también tiene múltiples pasiones y tuvo que recorrer un largo camino antes de dedicarse a las letras. En diagonal a las fotografías, un collage adorna la muralla blanca. Se trata de recuerdos de su vida: dibujos de sus hijos, souvenirs de sus viajes e imágenes que la inspiran.

Dueña de una profunda curiosidad por la vida, la interioridad y la belleza, Carla exploró los campos de la biología y el diseño gráfico antes de encontrar su vocación. “Siempre me imaginé la escritura como algo muy íntimo, por lo que no tenía ningún interés en compartirlo”, confiesa. Sentada junto a su mesa de comedor y con un vestido azul marino de Tommy Hilfiger, Carla habla fuerte, rápido, con mucha energía y echa la cabeza hacia atrás cada vez que deja escapar una carcajada; completamente diferente a la idea trillada del escritor retraído, silencioso y perturbado.
A pesar de haber asociado siempre la lectura y escritura a “algo calentito, familiar y protegido”, sobre todo durante sus años viviendo en Inglaterra cuando aun no manejaba bien el idioma, se inscribió en biología en la Universidad de Essex. Llegó impulsada por una admiración de los fenómenos naturales y un afán de poder ser independiente económicamente, mensaje que le transmitieron desde temprana edad. “Mi mamá fue muy adelantada para su época. Además, era una gran lectora, muy intelectual, y ella fue la que me encaminó por el sendero de la lectura”, dice.

Wp-Carla2-740

Su amor por los libros fue precoz. Siendo todavía una niña leyó a la gran mayoría de los autores latinoamericanos, como Vargas Llosa y García Márquez. “Yo vivía con la maga”, dice refiriéndose a la famosa Rayuela de Julio Cortázar. Al finalizar sus estudios científicos y sin sentirse satisfecha, se dedicó a dibujar, pintar y escribir libros para niños sobre los procesos biológicos, combinando así sus distintas aficiones, todo esto antes de enrolarse en el prestigioso Saint Martin’s School of Art, para estudiar diseño. Años después vino el gran salto. Carla estaba viviendo dos vidas: ya de regreso en Santiago, trabajaba como la flamante Directora de Arte de las ediciones chilenas de Vogue y Elle, pero también era una lectora voraz que escribía cuentos e, incluso, una novela que nunca ha visto la luz. A ella se refiere como “mi universidad”. “Nadie te enseña a escribir. Hay que hacerlo mucho y estar abierta al acierto y al error”, reconoce.

Sus cinco títulos publicados han sido precisamente eso, aunque queda claro que los éxitos han sido mucho más que los traspiés. Su primer trabajo, El revés del alma, estuvo veintiocho semanas en el ranking de los libros más vendidos en Chile; su tercera novela, La mujer de mi vida, fue traducida a catorce idiomas y, con su nuevo proyecto recién publicado, Contigo en la distancia, ganó el Premio Alfaguara de Novela 2015. “Sentí que ese era mi minuto, fue como una señal. Y pensaba que si nadie me la quería publicar, lo haría yo misma”, dice. Claramente eso no fue problema. Tres editoriales la llamaron a las pocas semanas de haber enviado el manuscrito. “Ahí dije: este es mi camino. Gozo con lo que estoy haciendo y hay gente allá afuera a quienes les gusta lo que hago. Aquí me tengo que quedar”, reflexiona.

Suenan las campanas de la iglesia El Bosque y Carla toma un sorbo de su café colombiano antes de continuar. “Cuando recién empecé, me di cuenta de que lo que me resultaba fascinante era poder vivir tantas vidas. Puedo incluso meterme en la piel de un hombre, como lo hice en La mujer de mi vida, y repito en Contigo en la distancia”. Los toques biográficos –de haberlos– no son más que detalles, ya que le apasiona “explorar la vida de mis personajes a medida de que los voy escribiendo y sumergirme en mundos que no son los míos”. Además, siente que su historia no es tan interesante como para contarla. Son muchos los autores que se apoyan en situaciones y personas reales para dar vida a la ficción, pero ella solo se aferra a temas que resuenan en ella y que le resultan desafiantes.

Wp-Carla1-740

Curiosamente, la única situación real que hay en sus libros es tan pintoresca que parece obra de ficción. “Mi primo se enamoró perdidamente de una top model inglesa que era novia de uno de los miembros de Pink Floyd. Tuvieron un affaire, pero ella después se fue a hacer una sesión de fotos a Venecia. Él no encontró nada mejor que mandar a hacer un afiche de sí mismo y tapizar la ciudad con ellos”, cuenta. “Jamás se me habría ocurrido crear una cosa así. Me gusta atenerme a lo real, a lo que nos ocurre a ti, a mí, en nuestra interioridad. Poder mirar a través de la puerta entreabierta, qué es lo que no nos atrevemos a mostrar, los secretos de familia y los miedos”.

El éxito de sus novelas radica en la profunda comprensión que tiene Carla acerca de la psicología humana y el rechazo hacia los personajes estereotipados. “En mi primera novela quise escribir sobre el mundo femenino, pero el real. Quería mostrar a las mujeres con sus grandezas y flaquezas, y que se enfrentaran a la vida desde quiénes son en realidad”, cuenta. El desafío de su segunda novela se centró en volcar el protagonismo a un hombre. “El de las mujeres era un territorio conocido, que controlaba. Y mientras escribía esa novela me di cuenta de que nosotras tenemos una comprensión profunda de la psicología masculina. Y por una razón muy sencilla: hemos crecido observando el mundo masculino. Las novelas, películas y arte, son todos del imaginario de ellos y de cómo nos ven a nosotras”, asegura.

Tras ese reto y excelente recepción que tuvo de parte del público, la escritora se sintió “libre de hacer lo que quisiera”. Fue así como llegó a Contigo en la distancia, novela recientemente publicada y ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2015. El jurado alabó su construcción del suspenso y distintas voces. “Es mi obra más madura y compleja en estructura. Tuve que pelearla y trabajarla, porque fue un gran desafío. En los lugares seguros me aburro. Y si yo me aburro, cómo lo harán los lectores….”. Carla dice sentirse orgullosa de uno de los personajes principales, Vera, que le resulta muy atractiva por su forma de vivir la vida, fuerza e independencia, a pesar de su edad avanzada. “Esas mujeres existen y hay que mostrarlas, contar sus historias. Las mujeres no somos anónimas”, enfatiza. “Virginia Wolf decía que los personajes pasaban frente a ella y, cuando alguno le resultaba atractivo, lo empezaba a perseguir y le agarraba la ropa. Sabía que algo le iban a contar. Es como cuando estás enamorado y no paras de pensar en esa persona. Aunque sea un personaje deplorable, sabes que tendrá algo interesante que contar”, señala la autora.

En estos momentos, los personajes que hoy tienen capturada su atención son varios jóvenes que se conocen en un centro psiquiátrico. “Es una novela crossover. Quise explorar lo que ocurre con los sentimientos en un mundo más joven. Está escrita de una manera diferente, más suelta y rápida”. Lamentablemente, es imposible saber cuándo la podremos leer, ya que Carla no se pone fechas límites al empezar un nuevo proyecto. “No me gusta hacer una cosa mecánica de la escritura. Hay mañanas en las que puedo escribir solo tres párrafos, pero es importante dejar que esos ritmos internos sean. Simplemente hay que estar ahí sentada frente al computador para que las musas lleguen”, concluye.

Créditos Fotos: María Luisa Murillo

Comentarios

    Escribe un comentario

    Leer después