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Cultura

María José Benvenuto: Gritos de Color

María José Benvenuto: Gritos de Color

Una necesidad de expresión y experimentación es lo que llevó a la artista nacional a dedicarse de lleno a la pintura. Amante de los colores primarios y lo abstracto, hoy se prepara para expandir su trayectoria en una nueva vida en Estados Unidos.

 

Una expresión personal de color. Una explosión de sentimientos que cobra vida y se libera a través del arte. Manchas que gritan, rayas que lloran, combinaciones primarias que vibran sobre la tela. La definición del expresionismo es lo que guía la obra de la artista nacional María José Benvenuto, que incluso confiesa que sus principales inspiraciones, hoy y desde siempre, han sido los artistas que siguieron dicho movimiento. Mis primeras inspiraciones fueron los expresionistas.

“Recuerdo en 2006 haber ido a la exposición Picasso: homenaje al torero de donde salí fascinada. Esas pinturas que no eran definidas, esas formas deformes con una intención figurativa me cautivaron”, dice.

Esa intriga, sin embargo, había puesto su semilla varios años atrás, cuando María José era solo una niña a la que le gustaba coleccionar materiales, como clavos, pernos y pinceles en la ferretería Las Lilas de su abuelo. “Me encantaba recorrer los pasillos y crear personajes y estructuras con lo recolectado. Había también cientos de tarros de pintura de todos colores que llenaban las paredes, y soñaba con un día poder abrirlos y derramarlos en el piso”, afirma. Lo que precis- amente es capaz de hacer ahora. Cada obra surge de una necesidad de experimentar el proceso pictórico e ir descubriendo capa a capa, mancha por mancha, el lenguaje de la pintura.

“Me apasiona el procedimiento de la pintura misma, la intervención del cuerpo hacia la tela, la mancha y cómo esta se expande, cómo corre y encausa su propio camino hasta que se seque por completo”.

Jackson Pollock es otro de los artistas que han inspirado su trabajo, particularmente después de ver la majestuosidad de sus obras en un viaje a Europa realizado en el año 2011. La artista reconoce que quedó impactada con la cantidad de pintura que utilizaba, “esa pintura suelta descontrolada, pero a la vez totalmente dominada. Me produjo cierta ansiedad de crear en formato grande, utilizar el cuerpo y expresarme hacia la tela tal como él lo hacía”.

Y así es como precisamente lo ha hecho. Fiel a la tendencia que les da vida, cada obra es una historia que surge del período personal que esté pasando la artista y las inquietudes artísticas y privadas que estén ocupando su mente. Por ejemplo, la reinvención ha sido una temática fuerte en sus últimas creaciones, la que ha explorado a través de personajes tridimensionales y sus respectivas historias.

“Me parece que el principio de esta investigación tiene que ver con una necesidad de jugar con el espectador y hacerlo imaginar escenas con estos personajes en miniatura sin identidad. Pero, por otro lado, creo que tenía que ver con una necesidad mía de reinventar, de buscar nuevas alternativas al proceso pictórico y a los resultados de esa búsqueda”, sostiene.

 

 

“A través de trazos irregulares y espontáneos conformo un universo fluido y orgánico que escapa a mi entera voluntad, dejando espacio a un azar controlado que funciona como una metáfora de la vida misma: propongo una intención, dispongo la materia prima, escojo los colores. Una vez arrojada sobre la tela o el papel, la creación cobra existencia en sí misma; crece y se expande a su propio ritmo, desarrollando esa especificidad que la hace irrepetible”, dice definiendo su trabajo.

Para que esa creación pueda llevarse a cabo, sin embargo, primero debe existir una emoción fuerte que se genere en su interior. Estos sentimientos tienen que ver particularmente con todas las influencias externas a las que está expuesta y que tienen cabida en su mundo de inspiración. Estos activan sus sentidos como una llama y despiertan la necesidad de querer expresarse hacia la tela, de liberarse de ellos a través del arte. Sensaciones, sentimientos, cosas que la sensibilizan, todas las emociones que van generando una tensión corporal que necesitan ser traspasadas a un medio de alguna forma.

Y así es cómo surge el primer paso de cada obra.

“Me demoro aproximadamente tres semanas en cada pieza, y eso depende exclusivamente del tiempo de secado entre cada capa. Cada capa de color la trabajo con una cantidad de pintura que puede demorar hasta una semana en secar y es importante que esté totalmente seca antes de trabajar encima de ella”, explica.

María José ha mantenido su lenguaje del color reducido a los primarios, y la razón de esto es muy sencilla: la artista busca la tonalidad pura para sus obras. “Tengo una obsesión con los colores que salen directamente desde su recipiente. Si es rojo, que sea rojo, si es amarillo, que sea el amarillo más amarillo. Y si es blanco o negro, que estén to- talmente limpios”, afirma. “Me interesa la pintura espontánea, el ahora, y para eso el color pri- mario encaja perfectamente, es una mirada minimalista hacia la pintura”. Y, de paso, cumplir ese anhelo que tanto le llamaba la atención de niña.

La artista es Licenciada en Artes Visuales de la Universidad Católica y ha expuesto en la Bienal de Florencia el año 2013, Red Dot Art Fair Miami en 2016, Scope Basel en Suiza 2017, en la cuarta versión de Faxxi, como también en las galerías Isabel Aninat, Madhaus, de la Luz Barros (Artium), Casas de lo Matta, Oops y Art Santiago en el GAM. A pesar de una trayectoria que va creciendo poco a poco con pasos firmes, María José confiesa que las cosas que la inspiran a crear no han cambiado mucho a través de los años y la experiencia que ha ido ganando.

Su objetivo inicial se mantiene intacto: “Lo que más me interesa de lo que hago es la constante experimentación, utilizar el cuerpo para pintar, derramar, expresarme a través de la tela, usar el color puro directo desde el tarro de pintura, crear diferentes densidades, trabajar con materiales como esmaltes brillantes, otros opacos, crear tensiones entre opacidad y brillo, chorrear controlada- mente, pero con cierto descontrol (no siempre se puede tener todo bajo control cuando la pintura corre con su propio ritmo)”, dice.

Asimismo, los personajes que a veces se encuentran en sus pinturas dependen exclusivamente del proceso de cada obra. A veces, la mancha crea un personaje, que a su vez activa una imagen. Otras veces, sin embargo, puede que este no exista y la pintura se termina sustentado por sí sola.

Un deseo de tocar la tela y el color, una inquietud sobre el proceso que se llevó a cabo para llegar a este particular resultado y una añoranza por comprender qué materiales se utilizaron y por qué la mancha crea tal forma y conforma tal historia en su totalidad. Estas son las emociones que embriagan a María José cuando se encuentra frente a una pieza de arte abstracto, y es lo mismo que busca provocar en aquellos que se enfrenten a su obra. “Es una sensación de ansiedad por tocar, por entender. La persona debe sentir que le pasan cosas con la obra, es ahí donde se produce el encanto de poseer aquella pieza y querer observarla siempre”.

Durante lo que queda de 2018, quiere seguir profundizando su trabajo y preparando postulaciones para diversas salas de arte, a la par con finalizar una obra que llevará a Scope en Miami en diciembre. Todo esto para pavimentar el gran aprendizaje que tiene previsto para el próximo año, cuando se vaya a vivir a Estados Unidos.

“Allá quiero meterme de lleno en el estudio de la mancha y del pro- ceso pictórico como un rito. Es un país donde el arte abstracto tiene mucha cabida”, comenta.

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