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Cultura

Michelle Obama se sincera con Oprah Winfrey

Michelle Obama se sincera con Oprah Winfrey

Antes de la publicación de sus memorias altamente anticipadas, Becoming, la ex primera dama conversa abiertamente con su gran amiga Oprah Winfrey respecto al amor, el liderazgo y su inspiradora odisea desde el South Side de Chicago hasta la Casa Blanca y más allá.

Fotografías de Miller Mobley

 

OPRAH WINFREY: Primero, déjame decirte algo: nada me hace más feliz que sentarme a leer un buen libro. Así que cuando me di cuenta –¡en el prefacio!– que un ejemplar extraordinario estaba frente a mí, me encontraba bastante orgullosa de ti. Lo lograste. El volumen es sensible, convincente, poderoso y puro. Millones de personas se han preguntado qué estás haciendo actualmente y cómo va la transición, y considero que no hay mejor ejemplo que la historia del pan tostado. ¿Puedes compartirnos esa anécdota?

MICHELLE OBAMA: Bueno, comienzo el prefacio con una de las primeras semanas al mudarnos a nuestra nueva residencia después de la transición –la cual se encuentra en Washington, a unas millas de la Casa Blanca–. Es una hermosa casa de ladrillo, y es el primer inmueble normal con una puerta y un timbre que he tenido en aproximadamente ocho años.

OW: ¡Ocho años!
MO:Y la historia del pan tostado es acerca de una de las primeras noches que me quedé sola ahí. Las niñas no se encontraban, Malia estaba en su año sabático y me parece que Barack, de viaje. Como primera dama, esto no ocurre de manera muy frecuente. Siempre existen personas en la casa, hay guardias todo el tiempo. Es un hogar lleno de agentes del SWAT, y no puedes ni siquiera abrir las ven- tanas ni salir sin causar un alboroto.
OW: ¿No puedes abrir una ventana?
MO: No, no lo debes hacer. Sasha un día lo intentó, bueno, ella y Malia. Pero recibimos una llamada:“Cierren la ventana”.
OW: (Ríe).
MO: Y ahí estaba en mi nuevo hogar,solo yo y [mis perros] Bo y Sunny, e hice algo muy simple. Bajé las escaleras y abrí el mueble de mi propia cocina –algo que no haces en la Casa Blanca porque siempre hay alguien que te dice:“Deja que lo haga. ¿Qué quieres? ¿Qué necesitas?”–, y me hice un pan tostado con queso. Después lo tomé y salí al jardín. Me senté en las escaleras y escuché a unos perros ladrando a lo lejos. Me di cuenta que Bo y Sunny nunca habían escuchado a las mascotas del vecino. Y se quedaron con una expresión de “¿qué es eso?”, y yo dije: “Sí, ahora estamos en el mundo real, chicos”.

 

 

OW: Al leer tu ejemplar puedo observar cómo todo lo que has hecho en tu vida te ha preparado para los momentos y los años que vienen. En realidad considero que así es.
MO: Si lo piensas de esa manera, sí. Si te ves como una persona seria en el mundo, cada decisión que haces realmente te ayuda a construir la persona en quien te vas a convertir.

OW: Sí, y puedo visualizar eso en ti desde que estabas en el colegio. Eras una triunfadora, con una actitud de 10.
MO: Sí. En retrospectiva, me di cuenta de que había algo respecto a mí que entendía el contexto. Mis padres siempre nos dieron la libertad de tener pensamientos e ideas desde muy pequeños.

OW: ¿Básicamente dejaron que tú y [tu hermano] Craig descubrieran absolutamente todo?
MO: Sí, y vaya que lo hicieron.Y me di cuenta de que los logros importaban, y que debías estar al tanto de todo, y que si no demos- trabas alguna habilidad –particularmente como un niño afroamericano en el South Side viniendo de una familia de clase trabajadora–, entonces la gente estaría lista para ponerte en una caja de rendimiento mediocre. No quería que las personas pensaran que no era una niña trabajadora. No me gustaba que se imaginaran que era “una de esas niñas”. No hay niños malos, sino malas circunstancias.

OW: Mencionas esta frase que me gusta mucho, creo que debería estar en una polera o algo así.“El fracaso”, dices,“es un sentimiento antes de convertirse en un resultado real. Esa vulnerabilidad que se alimenta de la baja autoestima y después escala, deliberadamente, por el miedo”. El fracaso es un sentimiento antes de convertirse en un resultado real. ¿Cuándo aprendiste esto?

MO: Ah, en el colegio. Podía ver a mi vecindario cambiando a mi alrededor. Nos mudamos aquí en 1970.Vivimos con mi tía-abuela en un departamento muy pequeño construido encima de la casa donde vivía. Era profesora, y mi tío-abuelo era un maletero, así que fueron capaces de comprar un hogar en lo que era, en ese entonces, una comunidad predominantemente blanca. Nuestro departamento era tan pequeño que
lo que era el living había sido dividida en tres ‘piezas’. Eran para mí y mi hermano; a cada una le cabían dos camas individua- les, y nos separaban solamente unos paneles de madera –no había una pared real, podíamos hablar entre nosotros–.Algo como:“¿Craig?”. “¿Sí?”. “Me encuentro despierta. ¿Tú?”. Nos tirábamos un par de calcetines de un lado al otro como juego.

 

OW: La imagen que pintas tan hermosamente en Becoming es que los cuatro –tú, Craig y tus padres–, cada uno era una esquina de un cuadrado.Tu familia siendo el cuadrado.

MO: Sí, definitivamente. Llevábamos una vida humilde, pero era una vida plena. No necesitábamos de mucho, ¿sabes? Si realizabas bien las cosas era porque querías hacerlo. Una recompensa tal vez era cenar pizza o ir por un helado. Pero el vecindario era predominantemente de raza blanca cuando nos mudamos, y para cuando entré a la preparatoria, era afroamericano en su mayoría.Y comen- zabas a sentir los efectos en la comunidad y en la escuela. Esta noción que los niños no se sienten integrados –y estoy aquí para decirte que cuando estaba en el colegio, tuve esa sensación–.
OW: Dices que tus padres invirtieron en ti. No tenían su propia casa. No salían de vacaciones.
MO: Invirtieron todo en nosotros. Mi mamá no iba al salón de belleza. No se compraba ropa nueva. Mi papá trabajaba varios tur- nos. Podía ver los sacrificios que hacían por nosotros.
OW: En ese entonces, ¿sabías qué era un sacrificio?
MO: Nuestros padres no nos hacían sentir culpables, pero tengo ojos, ¿sabes?Veía a mi papá ir al trabajo en su uniforme todos los días. OW: Tu papá conducía un Buick Electra 225. El mío también. MO: Era un Deuce and a Quarter.
OW: Sí, un Deuce and a Quarter. MO:Habíapodereneseautomóvil.Eracomounapequeñacápsula en la que podíamos estar y observar el mundo de una manera que regularmente estaba fuera de nuestro alcance.
OW: Entonces después del colegio fuiste a Princeton y posterior- mente a la Escuela de Leyes de Harvard.A la postre, te uniste a una prestigiosa firma de abogados en Chicago.Al momento de que leo esto, pongo un círculo alrededor y dos estrellas, porque escribiste: “Odiaba ser abogada”.
MO: Me tomó mucho esfuerzo decirlo en voz alta. En el libro te llevo de la mano en una aventura en quién se convirtió esa ambiciosa estudiante, que es en lo que se convierten muchos niños perseverantes: en un cumplidor de requisitos. Saca buenas calificaciones: listo. Asiste a las mejores escuelas y entra a Princeton: listo. Llegando ahí, hace una especialidad. Algo que me conseguirá buenas calificaciones para entrar a la escuela de leyes: listo. Gradúate de la universidad: listo. No cambiaba de dirección. No era alguien que tomaba riesgos. Me reduje a ser algo que creía debía ser. Me tomó pérdidas –pérdidas en mi vida que me hicieron pensar: “¿Te has detenido a analizar quién quieres ser?”–. Y me di cuenta de que no. Estaba sentada en el piso 47 de una oficina, super- visando casos y escribiendo memos.

 

 

OW: Lo que me fascina al respecto, y se lo dices a todos en el libro es: tienes el derecho a cambiar de mentalidad.
MO: Claro que sí.

OW: ¿Tenías miedo?
MO: Moría de miedo. Mi madre nunca hizo algún comentario respecto a las decisiones que tomábamos.Tenía una mentalidad de “vivir y dejar vivir”.Así que un día me está llevando al aeropuerto después de hacer producción de documentos en Washington D.C., y pensé: “No puedo hacer esto por el resto de mi vida. No debo sentarme en una habitación y mirar documentos”. No me meteré mucho en el tema, pero es algo mortal. Mortal. Eso me animó a confesarle en el auto: No soy feliz. No siento mi pasión.Y mi mamá –mi madre “vive y deja vivir”– dijo casualmente: “Haz dinero, y preocúpate después por ser feliz”.Y yo pensé [pasando saliva]:“Ah. Ok”. Por lo indulgente que debió haberse sentido mi mamá.
OW: Vaya que sí.
MO: Cuando dijo eso, pensé: “Wow, ¿de dónde saqué esta mentalidad, con todos los lujos que tenía y anhelando a toda costa mi pasión?”. El lujo de siquiera ser capaz de decidir –cuando ella no tuvo la oportunidad de regresar al trabajo y comenzar a encontrarse a ella misma hasta después de que nosotros acabáramos el colegio. Así que sí fue muy difícil.Y después conocí a Barack Obama.
OW: Barack Obama.
MO: Era lo opuesto a un cumplidor de requisitos. Buscaba involucrarse con todo.
OW: Escribes,respecto a cuando lo conociste: “Había construido mi existencia cuidadosamente, doblando y desdoblando cada cabo suelto poco a poco, como si estuviera creando una pieza perfecta y resistente de origami… Él era como el viento que amenazaba con afectar todo”. Al principio no te gustaba sentirte inestable.
MO: Obviamente no.
OW: Esto me encanta –un momento del libro que me hace reír–: “Me desperté una noche para verlo mirando al techo, su perfil se iluminaba por el brillo de las luces de afuera. Parecía vagamente problemático, como si estuviera pensando en algo profundamente personal. ¿Era nuestra relación? ¿La pérdida de su papá? ‘Hola, ¿en qué estás pensando?’, le susurré. Se giró, me miró y sonrió un poco avergonzado.‘Ah’, dijo,‘Pensaba en la desigualdad de ingresos’”.

MO: Ese es mi amado Barack.
OW: Realmente nos abriste las puertas de la relación. Digo, hasta la propuesta de matrimonio y todo.También escribes acerca de las grandes diferencias entre ustedes dos en los primeros años de matrimonio. Señalas: “Entendí que solamente tenía buenas intenciones que lo llevaban a decir:‘¡Estoy en camino!’ o ‘¡ya casi llego!’”.
MO: Ay, sí.
OW: “Y durante un tiempo creí en esas palabras. Les daba un baño a las niñas por la noche, pero atrasaba su hora de dormir para que pudieran esperar y darle un abrazo a su papá”. Y después describes esta escena donde tú lo esperabas: Él dice: “Estoy en camino, ya casi llego”. Y no apareció. Y después apagas las luces –podía escucharlas apagándose, por la manera en que lo escribiste–.
MO: Sí.
OW: Ese sonido de las luces apagándose, ibas a la cama. Estabas enojada.
MO: Vaya que lo estaba. Cuando te casas y tienes hijos, todo tu plan cambia una vez más. Especialmente si te casas con alguien que tiene una carrera que absorbe todo, como el mundo de la política.
OW: Claro.
MO: Me enseñó cómo cambiar de dirección. Pero a su manera, enfrentándose a los vientos. Ahora tengo dos hijas, y estoy tratando de tener todo bajo control mientras él viaja a Washington o a Springfield.Tiene un maravilloso optimismo respecto al tiempo. Pensó que había más de lo que en realidad existe. Y lo llena constantemente. Es un malabarista –tiene platos encima de palos de madera, y no es emocionante a menos que uno esté por caerse–. Así que había trabajo que teníamos que hacer como pareja.Tuvimos que tomar terapia para superar estos obstáculos.
OW: Entonces, ¿cuál era el argumento o la conversación que lo llevó a aceptar postularse para presidente? Porque mencionas en el libro que cada vez que alguien le preguntaba, él respondía: “Bueno, es una decisión familiar”. Que era un código para “si Michelle dice que puedo, entonces sí”.

 

 

MO: Imagina tener esa carga. Podría, debería, lo haría. Eso ocurrió cuando quería postularse para el Senado estatal [en Illinois]. Y después quería hacerlo para el Congreso. Posteriormente, se lo hizo para el Senado de Estados Unidos. Sabía que Barack era un hombre decente. Inteligente como nadie. Pero la política era fea y despreciable, y no sabía que el temperamento de mi esposo colisionaría con eso.Y no quería verlo en ese ambiente. Pero, por otro lado, ves al mundo y los retos a los cuales se enfrenta. Mientras más tiempo vivas y leas el periódico, sabrás mejor que los problemas son grandes y complicados.Y pensé: “Bueno, ¿qué persona que conozca tiene los talentos que posee este hombre?”. Los valores de decencia, primero que nada, de empatía y de habilidad intelectual. Este hombre lee y recuerda todo, ¿sabes? Es articulado.Trabajó en las comunidades.Y apasionadamente cree que “esta es mi responsabilidad”. ¿Cómo le puedes decir que no a esto? Así que tuve que quitarme mi sombrero de esposa y ponerme el de ciudadana.

OW: ¿Sentiste mucha presión por ser la primera familia afroamericana?
MO: ¡Obviamente! [ríe].
OW: Porque todos hemos sido criados con, “tienes que trabajar el doble para conseguir la mitad”.Antes de que llegaras a la Casa Blanca pensaba: “Es meticulosa, no da un paso en falso”.

MO: ¿Crees que esto fue un accidente? OW: Sé que no fue un accidente. ¿Pero sentiste esa presión?
MO: Nos sentimos presionados desde el minuto uno que llegamos. Primero que nada teníamos que convencer a nuestra base que un hombre de color podía ganar. Ni siquiera se trataba de ganar en Iowa. Primero teníamos que ganarnos a las personas de color. Porque gente como mis abuelos jamás creyeron que esto podría ocurrir. Era algo que anhelaban para nosotros. Pero todas sus vidas les dijeron: “No. Nunca”. Hillary era la apuesta segura para ellos, porque era alguien conocida.
OW: Claro.
MO: Abrimos los corazones a la esperanza sabiendo que Estados Unidos pondría su racismo a un lado –creo que eso dolió mucho–. No fue hasta que Barack ganó Iowa que muchas personas comenzaron a pensar, “Está bien, esto de verdad puede ser posible”.
OW: Hay una sección en el libro de cómo ciertos canales de noticias se aprovecharían. Escribes acerca de Donald Trump promoviendo la noción falsa que tu esposo no nació en este país. Escribes: “Donald Trump, con sus insinuaciones ruidosas e imprudentes, estaba poniendo la seguridad de la familia en riesgo.Y por esto nunca lo perdonaré”. ¿Por qué fue tan importante para ti decir esto en estos momentos?

MO: Porque no creo que sabía lo que estaba haciendo. Para él fue un juego. Pero las amenazas y riesgos de seguridad que te enfrentas como comandante general, ni siquiera en tu propio país, sino alrededor del mundo, son reales.Y tus hijos están en riesgo. Para que mis hijas tengan una vida normal, aunque tienen seguridad, estaban en el mundo de una manera en que nosotros jamás estuvimos.Y pensar que una persona alocada puede comenzar a pensar que mi esposo fue una amenaza para la seguridad del país; y saber que mis hijas, cada día, tienen que ir al colegio, que había sido resguardada pero no era segura, que tenían que ir a partidos de fútbol y fiestas, y viajar, e ir a la universidad; pensar que esta persona no consideraría que esto no es un juego –es algo que deseo que la nación entienda–. Quiero que el país absorba esto, de una manera que no lo había dicho, pero ahora lo expresaré. Fue insensato, y puso a mi familia en peligro, y no era verdad.Y él sabía que no era verdad.

OW: Claro.
MO: Recibimos un disparo en la Habitación Oval Amarilla durante nuestro periodo en la Casa Blanca. Un lunático llegó y disparó desde la Avenida Constitution. La bala se impactó en la esquina superior de una ventana. Lo veo hasta este día: la ventana del Balcón Truman, donde mi familia se sentaba. Ese era el único lugar en el que tenía un espacio al aire libre. Afortunadamente nadie estaba ahí en ese entonces. Atraparon al tirador. Pero tomó meses reemplazar el cristal, porque es un vidrio a prueba de bombas.Tuve que mirar el hueco de la bala, como un recordatorio de lo que vivíamos día a día.
OW: Terminas el libro hablando acerca de lo que perdurará.Y una de las cosas que perduró contigo, dices, es el sentido de optimismo: “Continúo, también, manteniéndome conectada con una fuerza que es más grande y potente que cualquier elección, o líder, o noticias –y eso es optimismo–. Sin duda alguna, para mí éste es un tipo de fe, un antídoto para el miedo”. ¿Sientes el mismo sentido de optimismo por nuestro país? ¿En quiénes nos estamos convirtiendo como nación?

MO: Sí, debemos sentir ese optimismo. Por los niños. Estamos poniendo la mesa para ellos, y no podemos entregarles porquerías. Tenemos que darles esperanza. El progreso no se logra por medio del miedo. Eso es lo que estamos experimentando actualmente. El miedo es el tipo de liderazgo de los cobardes. Pero los niños llegan a este mundo con un sentido de esperanza y optimismo. Sin importar de dónde sean. Piensan que pueden ser cualquier cosa porque es lo que les decimos. Por eso tenemos una responsabilidad de ser optimistas.Y mover al mundo de esa manera.

OW: ¿Sientes optimismo por nuestro país?
MO: [rompe en llanto]Tenemos que sentirlo.

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