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Cultura

Misty Copeland, prima ballerina

Misty Copeland, prima ballerina

Tenía 18 años cuando pisó por primera vez una sala del Metropolitan Opera House, teatro que alberga al American Ballet, una de las tres compañías más importantes del mundo. Se sintió observada, sola, incomprendida. Y es que para su sorpresa, los vientos de cambio del nuevo milenio no habían pasado por ahí: de los ochenta bailarines, ella era la única afroamericana. Sin saberlo, Misty Copeland, la niña prodigio que recién había empezado su formación en el ballet clásico a los 13 años, estaba empezando a hacer historia.

Primero fue el contrato como rostro de la firma de ropa deportiva Under Armour y luego, su portada en la revista Time, en la que fue elegida como una de las cien personas más influyentes del mundo. Y, la semana pasada, llegó la noticia que esperó escuchar toda su vida: se había convertido en la nueva primera bailarina del American Ballet. Honor, que en 75 años, jamás había recaído en una mujer negra.

Como sucede con muchos artistas, Misty usó la danza como un escape. Cuando comenzó su carrera decidió dejar su casa e irse a vivir con sus profesores de ballet. A los 15 años y con una carrera ascendente, la joven bailarina fue protagonista de un bullado conflicto legal por su custodia entre su madre y la pareja que la entrenaba y que se había hecho cargo de ella los últimos dos años. Fue por eso que apenas pudo tomó sus maletas, dejó Los Ángeles y se inscribió en un curso de verano en el American Ballet, en Nueva York.

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El camino fue largo. Seis años como cuerpo de baile y siete como solista, que podrían haber terminado abruptamente. En su primer rol protagónico —en la mágica Firebird, de Stravinsky— debió luchar contra una lesión que le impedía mantenerse en pie. En la única función de la temporada que pudo realizar, bailó más de cuarenta minutos con la tibia izquierda quebrada en seis partes. Fue reemplazada y perdió su rol en el siguiente montaje del American Ballet.

Pero Misty nació para brillar. Después de una compleja operación volvió a las barras del Metropolitan Opera House, se puso en punta de pies y comenzó a entrenar como cualquier otra bailarina. Con el esfuerzo llegó la recompensa y el rol que todas soñaban: el cisne blanco de “El lago de los cisnes”.

Su metro cincuenta y siete de estatura, sus piernas fibrosas y espalda ancha, que la alejan del clásico estándar de la bailarina de ballet, han convertido a Misty en un ícono. A sus 32 años, es una celebridad del ballet y ya ha sido comparada con el célebre Mijaíl Barýshnikov por su popularidad. Atrás quedaron los años en que la obligaban a usar base de maquillaje de color marfil para ocultar su verdadero tono de piel.  Su autobiografía, Life in motion: An unlike ballerina, publicada el año pasado, se convirtió rápidamente en un best seller, la productora New Line Cinema ya prepara una película sobre su vida, los próximos meses se estrenará el programa de televisión donde será la mentora de un grupo de jóvenes bailarinas y ayer se confirmó su debut en Broadway en el musical “On the town”, un clásico para todo neoyorquino y que se presentará desde el 25 de agosto.

Créditos Fotos: Getty Images / Facebook Misty Copeland

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