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Cultura

Una expedición a los polos extremos de la moda

Una expedición a los polos extremos de la moda

Curada por Patricia Mear, subdirectora del Museo del Fashion Institute of New York, Expedition: Fashion from the Extreme (“Expedición: Moda desde el extremo”, Septiembre 2017-Enero, 2018) es la primera exposición que analiza cómo la indumentaria hecha para sobrevivir en condiciones extremas ha sido incorporada a la moda cotidiana y, sorprendentemente, a la alta costura. La muestra, que abre con un diorama que simula un paisaje del Serengeti que contiene, entre otros, las icónicos trajes safaris de Yves Saint Laurent, está organizada en cuatro temas: Ártico, Montañismo, Océano Profundo y Nave Espacial.

Las piezas más dramáticas incluidas en la sección Ártico son una túnica funeraria siberiana y ropa polar usada por exploradores de principios del siglo XX, prestadas por el Museo de Historia Natural de Nueva York. Estas prendas están cubiertas de arsénico para prevenir ataques de animales salvajes, por lo cual se exhiben en vitrinas de cristal. Junto a estas piezas históricas también se pueden ver trajes más lúdicos como un conjunto après ski creado por Madame Grès, diversos diseños inspirados en indumentaria esquimal, una parka de la colección 2011 de Joseph Altuzarra y el traje “yeti” en faux  fur de Karl Lagerfeld para Chanel, realizado el 2010. 

La influencia del montañismo en la moda se representa en la exhibición con diversas prendas con capas internas rellenas de plumas de ave. Este tipo de indumentaria, que se popularizó luego que Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcazaron por primera vez la cima del Everest en 1953, no tardó en ser incorporada a la moda. De esta forma, la muestra incluye un abrigo de Charles James realizado en satín con una capa interna de plumas de eideres, el abrigo “sleeping bag” de Norma Kamali y una prenda de la casa Balenciaga, realizada por Demna Gvasalia, quién puso nuevamente la ropa de alta montaña en las pasarela de haute couture el 2016.

Diversas piezas realizadas en materiales resistentes al agua o que hacen alusión a las criaturas marinas representan las expediciones submarinas en esta muestra. Después de la Segunda Guerra Mundial, las exploraciones al fondo del mar y, particularmente, los trajes para bucear comenzaron a influenciar fuertemente la moda. Numerosas revistas publicaron editoriales con modelos usando gafas, aletas para nadar, etc. Más tarde, en la década de los 80 y 90, algunos diseñadores usaron neopreno –en la muestra se puede ver un traje de este material en color rosado realizado por Donna Karan–y  otros materiales sintéticos para bucear. Por su parte, la flora y fauna marinas están representadas por un vestido con motivos de organismos bioluminiscentes realizada por el gran Alexander McQueen, quién fue también un hábil buzo.

La sección más espectacular es la dedicada a la era espacial (1957-1972) representada por una estructura que simula una nave emplazada al centro de la sala de exhibición. En esta plataforma, se exhiben creaciones de André Courrèges, Paco Rabanne y Pierre Cardin, quienes influenciados por el lanzamiento del satélite Spultnik y los viajes a la Luna, diseñaron futuristas minifaldas y pantalones en colores neutros decorados con plástico y metal que emulan el Mylar, un material high-tech utilizado en los trajes de astronautas. Es interesante destacar que Richard Avedon realizó una serie de fotografías inspiradas en la moda espacial para Harper’s Bazaar, en abril de 1965. Para esta serie, una de las modelos, incluso, lució un traje prestado por la NASA.

Aunque la exposición destaca la fantasía proyectada en la moda a partir de expediciones reales e imaginarias a lugares extremos, el mensaje final de la muestra es que tal idealización necesita ser urgentemente reemplazada por proyectos de diseño sustentables que disminuyan el impacto de la industria de la moda en el medioambiente.

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