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Cultura

Yayoi Kusama y su frágil belleza

Yayoi Kusama y su frágil belleza

La curadora de la exposición de Yayoi Kusama, Frances Morris, nos invitó en exclusiva a recorrer la muestra antes de que abriera al público. Rodeadas del intenso trabajo de la artista japonesa, nos dedicamos a viajar por su historia, sus inspiraciones, miedos y mensajes.

Dos mujeres apasionadas por el arte están a punto de encontrarse en un pequeño estudio en Tokio. Una de ellas, la inglesa Frances Morris, siempre pensó que sería artista, en especial cuando se quedó intrigada frente a un cuadro abstracto de Kazimir Malévich, preguntándose cómo algo tan sencillo podía conmoverla de tal manera. Pero confiesa nunca haber tenido la obsesión ni la dedicación necesaria. Quien la espera en el estudio sí es la artista. Una mujer japonesa de baja altura y pelo rojo anaranjado, que lleva seis décadas de una fructífera carrera donde ha explorado con pintura, happenings, esculturas e –incluso– una línea de ropa y revista, ambas de breve existencia. Escapó de una familia sumamente tradicional, en que su única expectativa era casarse y ser madre, y se asentó en Nueva York, adonde tuvo que luchar por hacerse un nombre en una escena artística liderada por hombres. Marcó pauta en avant garde, fue artista incluso antes de poder darle un nombre a lo que hacía y se transformó en una superestrella bajo sus propios términos y medios. Sin embargo, casi lo primero que le pregunta a Morris, tras su encuentro, es qué opina de su última pintura, con un tono que añora reconocimiento y seguridad. Así es Yayoi Kusama, increíblemente brillante, pero también insegura y atormentada, y ha sabido plasmar sus miedos y desafíos en el arte.

“Yo estaba aterrada al momento de conocerla”, confiesa Morris entre risas, mientras recorremos en forma exclusiva la exposición Obsesión Infinita, un viaje casi completo por la carrera de Yayoi Kusama que se presenta en el Centro CorpArtes de Santiago hasta el 7 de junio. “Además, a esa altura, ella había contratado un equipo de filmación que grabara cualquier entrevista, visita o evento importante. Entonces, no solo conocí a Kusama, sino que tuve que hacerlo frente a una cámara”, dice. Esta curiosa decisión se debe a la misma obsesión de la japonesa que se refleja en los temas recurrentes de su arte: la repetición y el infinito. “Nunca antes había visto a una artista que archivara todo, y creo que en parte se debe a que ella siempre estuvo muy consciente de su destino”.

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Frances Morris es curadora del trabajo de Kusama desde 2008 y,  junto a Philip Larrat-Smith, han logrado que la artista se atreva a mostrar su pasado, los hitos de su carrera y su importante historia en Nueva York durante los años 60, ya que antes solo exponía sus trabajos más recientes. “A ella solo le importa el presente. Quizás tiene que ver con la fragilidad de su salud o la edad, pero solo está enfocada en el momento”, dice Morris. Obsesión Infinita comienza mostrando piezas de los años 50, de los primeros estudios de Kusama. “Si miras retrospectivamente, ella anticipó muchas cosas que están presentes ahora en el arte contemporáneo. El centrarse en lo relacional, el cuerpo, la experiencia, la instalación. Ella fue de la primera generación que pasó de crear objetos a crear ambientes”, explica Morris. A medida que avanzamos, Morris va describiendo la difícil infancia que vivió la artista japonesa con un padre aparentemente abusivo e infiel. Han existido rumores de que incluso su propia madre obligaba a Yayoi a espiarlo en sus amoríos sexuales, y luego le pedía describirle todo lo que vio en detalle. Esto generó un miedo al sexo muy profundamente arraigado, que también se ha visto reflejado múltiples veces en su arte. Pero no fue el único. Su niñez y adolescencia estuvieron marcadas por un país derrotado por la guerra, donde la escasez estaba a la orden del día. Nueva York, en cambio, fue todo lo contrario: apertura sexual y abundancia, reflejado en sus esculturas que unen esos temores con objetos domésticos.

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Kusama vive hoy en un hospital psiquiátrico en Tokio, lugar donde entró por voluntad propia en los años 70 como una forma de controlar las alucinaciones y ansiedad que la han perseguido desde muy pequeña. Le pregunto a Morris si cree que el arte de Kusama hubiese sido distinto bajo otra condición mental, y su respuesta es tajante: “No puedes separar la condición mental de Kusama. Es algo muy interesante, porque no creo haber trabajado con ningún artista que no haya tenido una, en cualquiera de sus formas. Son personas inusuales, porque tienen una combinación muy fuera de lo común, entre ser implacable y sensible a la vez”, explica. La misma creadora es bastante abierta al hablar de su condición mental, y hasta hoy tiene muchos momentos en los que se siente vulnerable, suicida y asustada. “Pero al final ha podido transformar todo eso en algo positivo”.

Enfrentar su fragilidad es, al fin y al cabo, la raíz de su arte. Y eso, al contrario de lo que se suele pensar, es lo que la hace realmente fuerte. Es esta misma idea lo que lleva a Morris a definir a Kusama como una feminista. “Es una mujer increíblemente poderosa que ha manejado su propia carrera. Además, nunca ha tenido miedo a proyectar su género, a ser auténtica, a la desnudez, a hablar de la problemática del sexo. No sé si ella se reconocería a sí misma como una feminista, pero ciertamente lo articula en la forma en que se comporta”, explica. “¿Es eso lo que más te emociona de su carrera?”, le pregunto mientras observamos un video de Yayoi caminando solitaria por las calles de Nueva York. “Sí, porque creo que una de las cosas que me inspira es que carece de complacencia. Ella nunca se detiene, siempre entendió la necesidad de tener que reinventarse a sí misma a diario. Nunca es suficiente decir ‘ya lo hice, ahora puedo descansar’. Ella empuja todo”. Además, asegura que Kusama tiene buen olfato para lo nuevo y lo fresco, y sabe todo lo que está pasando. “¡Ella odiaría escucharme decir eso!”, ríe mientras le pregunto confundida el porqué. “Porque a ella le gusta pensar que está completamente aislada, que es un genio único, que toda la inspiración viene del alma. Por supuesto que es así, en parte, pero la razón de por qué su trabajo es tan popular es porque recoge lo que hay en el aire y todo se siente muy contemporáneo. A la gente joven le encanta el trabajo de una mujer de 86 años, y eso es algo increíble”.

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Créditos Fotos: Gentileza CorpArtes

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