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Lifestyle

Bután: Un sueño a los pies del Himalaya

Bután: Un sueño a los pies del Himalaya

En una búsqueda de tranquilidad y claridad, la periodista Camilla Wagstaff se embarca en una aventura a través de Bután.

¿Qué nos hace realmente felices? Esa es la pregunta que me formulo mientras el avión desciende entre las montañas cubiertas de nubes en el proclamado “lugar más feliz de la Tierra”, el pequeño, remoto y hermoso Bután, un misterioso país al este del Himalaya.

Puede que hayas escuchado hablar de su programa Gross National Happiness (GNH), una colección de principios que brindan mayor valor al bienestar espiritual, social y ambiental de las personas en vez de preponderar el desarrollo económico. El GNH mide la felicidad de acuerdo con nueve ‘dominios’ interconectados, los cuales incluyen: educación, utilidad del tiempo, tranquilidad psicológica y resiliencia cultural. Generado en los 70 y consagrado como una constitución en 2008, es la filosofía impulsora para la legislación en dicha nación. Y se puede decir con seguridad que Bután parece ser un sitio feliz. En mi semana explorando el terreno, magníficos templos y villas cautivadoras tenía la intención de comprobarlo.

 

Al aterrizar en el único aeropuerto, condujimos a su capital, Timbu, pasando montañas y arroyos de agua cristalina. De inmediato me siento seducida por la falta de autobuses turísticos, vendedores ambulantes y hostales, todas las cosas que uno esperaría al viajar a través de Asia. Mi guía, Jimba Phuntsho, me ofrece una explicación acerca del modelo turístico de Bután de “bajo impacto, valor alto”. Esto obliga a que todos los visitantes reserven sus viajes con un operador turístico con licencia butanesa y deben viajar con guías locales todo el tiempo. Los turistas también deben pagar una tarifa por día de hasta 318 dólares por persona (durante temporadas altas). Es muy razonable si consideras que cubre todos los alimentos, guías y hospedaje básico (puedes pagar una comisión adicional por los hoteles de lujo). Una porción de esta cantidad se destina a la educación gratuita de Bután y a programas de salud pública e infraestructura, para que toda la población se beneficie.

“Bután es una comunidad”, dice Jimba. “Confiamos en nuestro país y en cada uno de nosotros”.

 

Apenas me instalo en el esplendoroso hotel Taj Tashi (mi hogar durante las siguientes dos noches) comienzo a salir a explorar los templos y monumentos alrededor de la capital. Es fácil detectar el lazo tan profundo de la comunidad: lo ves en el joven que se detiene a ayudar a la anciana con sus compras y en el grupo de viejos que se sientan y ríen en una rueda enorme de rezos. La vitalidad es uno de los dominios de la felicidad de este país.

Esa tarde, de regreso al Taj, me preparo para mi primera comida tradicional butanesa entre pinturas de hojas doradas e instrumentos típi- cos en el restaurante del hotel, el Chig-Ja-Gye. Como uno esperaría, al considerar la ubicación de Bután, su cocina se inspira en la cultura china, tibetana e india, incluyendo vegetales fritos con arroz colorado, curris ligeros y (el evidente favorito de todos) Ema Datshi, que consiste en ajíes cubiertos con queso de vaca o yak. Pruebo el espíritu tradicional de Bután, llamado ara, que sabe un poco a sake rebajado con agua (pero rico). Es una gran opción para la cena si se consideran las espectaculares instalaciones del Taj Tashi. En un edificio butanés típico, las 66 habitaciones expandibles del hotel están decoradas de manera elegante con acabados de madera tallada y murales de nubes pintados a mano. Las lujosas y exuberantes suites de dos pisos son en particular especiales, con baños exquisitos cubiertos de mármol, con enormes tinas y vistas universales de los valles y montañas de los maravillosos alrededores.

Al día siguiente nos dirigimos al valle Punakha, un sinuoso camino de tres horas por encima de un pasaje montañoso. Importante zona granjera, las colinas asoleadas están diseñadas en una serie de prados alineados, como pequeñas cascadas, lo que provoca un escenario hermoso. Caminamos por medio de la villa granjera, pasamos abundantes prados de brócoli y berenjenas, y observamos a un grupo de niños riendo e interactuando en un juego que involucraba una pelota y una pila de rocas. Llegamos a Chimi Lhakhang, un reconocido templo de fertilidad y, por ello, un imán para las parejas que intentan concebir. Entre las ofrendas sagradas (desde dinero hasta galletas y bufandas blancas de seda) se encuentran pilas de hermosas cartas de agradecimiento y fotos de bebés de familias que han recibido la bendición del templo tras tanto tiempo de espera. Hice una oración para pedir por unos amigos que intentan comenzar sus propias familias, y al hacerlo miro a otras dos jóvenes parejas butanesas pedir sus deseos. La experiencia en sí deja una sensación cálida en el corazón y lágrimas en los ojos.

Por la tarde llegamos al hotel Como Uma Punakha, donde mi pieza presume algunas de las vistas más hermosas del río Mo Chu (o Chhu). Cada una de las nueve habitaciones de lujo y las dos villas son paraísos minimalistas, con ventanales desde el piso hasta el techo que le dan un enmarque perfecto al valle. Los acabados de madera y los murales de los artistas locales le dan un toque relajado, pero lleno de opulencia.

La comida es extraordinaria en los hoteles Como (tanto en Pu- nakha como en Paro), con productos locales como hinojos rostizados y ensalada de camote, pastas hechas a mano con ragú, curris repletos de sabores butaneses, peras hervidas y helados caseros de granada.

Al otro día visitamos Punakha Dzong, que es parte fortaleza, monasterio y parte centro gubernamental. Es el segundo dzong más viejo del país. El templo principal es una cámara enorme apoyada en abrumadores pilares dorados, y cada pared se encuentra cubierta con pinturas detalladas y tapices tejidos. El techo contiene mil Budas pintados a mano. Observo con pasión durante una hora mientras los visitantes meditan y son bendecidos por monjes.

El bienestar psicológico, otro de los dominios de la felicidad, es enseñado para ser cultivado por un compromiso de espiritualidad y la práctica budista, a través de rezos y concientización.

“Para nosotros todo es meditación”, cuenta Jimba. “Nos sentimos conectados con nuestros cuerpos y espíritus al estar presentes todos los días. Intentamos ser felices con lo que tenemos, y esperamos que la buena fortuna nos sea concedida”.

Es un camino turbulento a Phobjikha, un alto y vasto valle en las montañas que funciona como residencia invernal para las grullas de cuello negro de Bután en peligro de extinción. Es solo una parte de una red de dos millones de hectáreas protegidas que le permite a la fauna nativa (tigres, leopardos de las nieves y elefantes) deambular.

El compromiso de Bután para proteger su ambiente natural es formidable. La constitución exige que 60% del país permanezca boscoso en todo momento, brindando una fuente de carbono de alrededor de cuatro millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Es refres- cante ver una nación tan pequeña teniendo un impacto grande en lo que concierne a la conservación, y no que todas estas iniciativas pro- vengan al índice GNH. Para los butaneses, el bienestar no es posible sin el bienestar ambiental: cuidar la tierra para hacerlo de ti mismo.

En Gangtey Lodge, mi hogar en Phobjikha, me consiento con un baño tradicional de piedras calientes y un masaje. Diseñado por la arquitecta australiana Mary Lou Thompson, este hospedaje exquisito obtiene su inspiración de la arquitectura local. Las 12 habitaciones tienen acabados con telas cálidas y tonos térreos, cada una con una chimenea, pisos de pizarra roja y un vestidor. Aunque la estrella es la tina independiente, entre ventanas enormes con vista al valle.

Al entrar al sauna, me reciben un sinfín de velas encendidas acomodadas entre las paredes. La tina en sí es espectacular, con piedras calientes ricas en minerales recolectadas de las montañas. El agua se mezcla con una combinación de artemisias medicinales que, se dice, ayudan a tratar desde problemas de articulación hasta hipertensión, desórdenes neurológicos, artritis y tejidos intestinales. Tomarse el tiempo para priorizar la salud física y mental de esta manera es otro dominio de la felicidad, y en realidad resulta fácil sonreír después de una larga caminata a través de los bosques densos de pino envueltos con banderas de rezos y pastizales dotados de grullas, y también atravesar un serpenteante río que cruza el valle, escuchando las melodiosas canciones de las enormes aves a la distancia.

Después de un largo día manejando desde Phobjikha, me siento agotada cuando llego a COMO Uma Paro, pero este recinto turístico te rejuvenece al instante. El centro de 29 habitaciones contiene algunas de las suites privadas más exclusivas de Bután, instaladas entre los bosques. El estilo combina la artesanía butanesa tradicional con la vibra contemporánea de COMO (líneas pulcras, telas naturales y acentos coloridos). Mi villa aislada dispone de su propia área verde, complementada con una estufa de madera butanesa, una cocina separada (con una entrada para el personal) y una habitación privada para tratamientos de spa.

Mi viaje culmina con una caminata por el Nido del Tigre, uno de los monasterios más importantes de Bután. Este lugar es un peregrinaje personal, comenzando con una inclinación gradual por medio del bosque de pinos, antes de dirigirse tres horas continuas en una colina implacable. Las señales a lo largo del camino recuerdan a todos que “la naturaleza es la fuente de toda la felicidad” y “un ambiente limpio y hermoso es un festín para el alma”, tratando de distraerte del esfuerzo físico. Pueden ser las endorfinas, pero experimento un profundo sentido de éxito, alegría, humildad y plenitud al llegar finalmente al Nido. El monasterio es una serie de templos decorados de modo espléndido, postrados a lo largo de la montaña, algunos en sus propias cuevas naturales.

Luego de una semana en Bután, de manera instintiva comienzo a reconocer los secretos de su única marca de felicidad. Es un país en el que mantener la salud física y espiritual es primordial, donde una conexión con la naturaleza resulta más esencial que una conexión a internet, donde los lazos entre una comunidad real son muy valiosos y la satisfacción con lo que tienes es más deseable que el deseo en sí. Bután es una travesía a la abundancia. Visítalo con una mente abierta, lista para absorber lo que este pequeño país tiene que ofrecer y, quizá, termines transformada. Ya esta nación que tiene la capacidad de hacerte ver, reflexionar y, al final, de provocarte una sonrisa.

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