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Lifestyle

Dubai, el destino de moda

Dubai, el destino de moda

En los últimos años Dubái se ha transformado un el lugar elegido por celebridades, deportistas y fashionistas de todo el mundo. Desde Olivia Palermo hasta Kim Kardashian y Lionel Messi se han rendido ante los encantos de este paraíso. Viajamos al otro lado del mundo para descubrir sus secretos.

Por Vanina Rosenthal
Agradecimientos a Emirates Airlines

 

 

Viajar es siempre una oportunidad de aprender. De perdernos en un mundo desconocido y empapar- nos de una cultura que no nos pertenece. Y a veces, también, viajar es la única forma de romper paradigmas. Exactamente eso me pasó con Dubái.

Mis expectativas eran altísimas. Ya desde el avión sentí que entraba a un universo de lujo y sofisticación. La aeronave de Emirates que me llevó directo al otro lado del globo tras un vuelo de 20 horas vía São Paulo es difícil de describir. Todo parece traído del futuro. Persianas eléctricas, tablets individuales que funcionan como control remoto de la televisión satelital, wifi durante todo el viaje, menú a la carta, asientos completamente reclinables sobre los cuales se dispone un colchón especial, y un techo lleno de luces que simulan estrellas son algunos de los detalles que transforman el vuelo en una experiencia única. Por haber viajado en Business Class, además tuve acceso a una suerte de golden ticket que permite saltar filas y hacer migraciones en un par de minutos. Y como si eso fuera poco, un chofer personal de Emirates me estaba esperando para ir directo al hotel Palazzo Versace, el último capricho de Donatella en Medio Oriente.

 

 

SORPRESAS A CADA PASO

Dubái es sinónimo de lujo y modernidad. Hace apenas cincuenta años era puro desierto y ahora está llena de rascacielos, playas paradisíacas de aguas calientes, autopistas, hoteles y las atracciones más increíbles del mundo. Cada tres meses se inaugura algo nuevo. Y todo es realmente de alto impacto.

Antes de viajar, imaginaba que todo sería bastante recatado. Como es un país musulmán, hay códigos de vestimenta que se deben respetar y pensé que pasaría todo el tiempo muriéndome de calor para no  mostrar hombros ni rodillas. Pero por suerte no fue así. Me sorprendió el nivel de occidentalización y también la tolerancia y buena convivencia entre las personas religiosas que caminan por la calle y quienes se pasean en short y polera, o se bañan en bikini en una de las aguas más calientes y cristalinas que he visto en mi vida.

El 95% de la población permanente es extranjera (la gran mayoría proviene de India). A pesar de eso, es impactante estar en cualquier lado y ver a las mujeres tapadas con burka de los pies a la cabeza. Solamente dejan ver sus ojos, que están full maquillados, los zapatos y las carteras. El resto es un misterio. Me sorprendió encontrar esa contradicción de manera tan recurrente. No pueden mostrar nada, pero aman la moda, y la consumen por millones.

Este emirato (son siete los que componen Emiratos Arabes Unidos y Dubái es uno de los más ricos) es el paraíso de las compras. Aquí es posible encontrar de todo, literalmente hablando. Solo en el Dubái mall —el shopping más grande del mundo— hay 1.200 tiendas. Desde Dior, Prada y Chanel hasta Bershka, Zara y Forever 21. Está ordenado por sectores, para que sea más fácil de recorrer. Mi parte favorita fue la Fashion Avenue, donde están todas las marcas de lujo. Chanel, Valentino, Fendi, Balenciaga, Dior, Hermès, Balmain, Tiffany & Co., Cartier, Versace, Louis Vuitton. También recomiendo la tienda Level Shoes, que es una zapatería gigante. Ahí venden las zapatillas Golden Goose y las Veja, que son la nueva obsesión de las fashion bloggers europeas.

 

Recorrerlo en un día es realmente imposible. Sobre todo porque mientras avanzas te topas con cosas que no puedes dejar de visitar, como un acuario enorme con tiburones y mantarayas, una pista de patinaje en hielo que es como cuatro veces la del Rockefeller Center o el Burj Khalifa, el rascacielos más alto del mundo.

Subir a ese monumento a la arquitectura moderna es toda una aventura. En la fila vas recorriendo la historia de la construcción, y una vez en el ascensor, que se demora unos pocos minutos porque va rapidísimo, pasan un video que complementa la experiencia. La verdad, es como un juego de Disney.

Una vez arriba la vista es indescriptible, porque se ven los distintos paisajes y los contrastes. La fastuosidad de los edificios, y más allá la majestuosidad del desierto. Sin duda uno de mis paseos favoritos.

Otra buena alternativa para hacer shopping es el Mall of The Emirates, donde se encuentra la pista de esquí indoor más grande del mundo. Aunque afuera el termómetro marque 40 oC, ahí hay -5 oC. Obviamente te pasan la ropa, porque nadie viaja a Dubái con chaqueta ni botas para la nieve.

Para quienes busquen una alternativa más hippie chic hay algunos lugares realmente imperdibles. El Souk Textil es un mercado abierto donde venden ropas típicas, telas, zapatos, pañuelos y túnicas. Lo importante aquí es regatear los precios, porque se puede llegar incluso a menos de la mitad de lo que te piden al comienzo. También venden objetos de decoración, lámparas y alfombras alucinantes.

Muy cerca se encuentra el Zoco del Oro, donde se puede ver el anillo más grande del mundo (valuado en tres millones de dólares según el libro Guinness). Hay unas 300 tiendas y todo es auténtico, de 22 y 18 kilates.

 

A unos pocos minutos caminando se encuentra el Zoco de Especias, donde es imposible no rendirse ante los miles de olores y texturas. Azafrán, menta, curry… un auténtico festival de aromas y colores.

Otro must visit es la feria artesanal que está en Marina Beach. Canastos de mimbre, collares, pulseras, sandalias, trajes de baño, camisas de playa. Cada puesto es más lindo que el de al lado. Ideal para comprar las últimas tendencias más bohemias, como los canastos con conchitas y pompones, o alpargatas bordadas. Ahí mismo hay una enorme kermese familiar con juegos típicos, como pesca milagrosa y tiro al blanco. Los premios son peluches gigantes, y dan ganas de quedarse la tarde entera.

Cada lugar es un spot perfecto. Como The Frame, el nuevo marco de fotos gigante al que se puede subir en ascensor, el Miracle Garden que es el jardín de flores naturales más grande del mundo, o Jumeirah Open Beach, la playa paradisíaca que está frente al Burj Al Arab, el único hotel de siete estrellas con puras suites dúplex que cuestan entre tres y veinte mil dólares por noche. Allí se logran las mejores postales  de Dubái, con una vista despejada y el icónico edificio en forma de vela de fondo. El lujoso hotel está construido en su propia isla artificial a 280 metros de la costa, mide 321 metros de altura y se puede visitar con previa reserva.

Personalmente, aluciné en el hotel Atlantis. Cuando creía que ya nada más podía sorprenderme llegué a este lugar mágico que me transportó de inmediato al fondo del mar. El lobby es simplemente maravilloso, lleno de esculturas, tiendas y restaurantes. Recorrí el acuario y también tuve oportunidad de visitar la Royal suite, donde se alojó Kim Kardashian junto a su familia (además de otras celebridades y miembros de la realeza que prefieren el anonimato).

 

Ubicada estratégicamente en el último piso y con vista directa a The Palm, tiene tres habitaciones, cinco baños, living, sala de estar, escritorio, sala para masajes y cuesta 27.000 dólares la noche. El clima es uno de los grandes temas a analizar antes de viajar. La mejor época es entre noviembre y marzo, para evitar el calor sofocante. No obstante, todos los lugares tienen aire acondicionado y es habitual ver autos encendidos mientras los dueños bajan a hacer compras, para no perder frío. La seguridad es absoluta. Por eso mismo los vehículos quedan con la llave puesta, y no pasa nada. Llueve entre uno y tres días al año, ¡y justo me tocó llegar en esos días! Es hermoso ver cómo los niños juegan con el agua como si fuera la primera vez que ven algo así.

Durante mi estadía la temperatura osciló entre los 25 y los 30 grados. Perfecto sobre todo para el paseo al Desierto del Sahara, definitivamente uno de los highlights del viaje. Se llega por la carretera que va hacia Abu Dhabi y es impactante ver cómo de a

poco los rascacielos se van perdiendo y aparecen las dunas. Luego de un breve paseo en camello, en el que sentí pánico tanto al subir como al bajar, porque se encorvan tanto que uno piensa que vas a caer de cabeza al piso, participé de una comida autóctona con danza árabe y tatuajes de henna.

 

 

ARRIBO DE LUJO

La mejor alternativa para llegar a Dubái es el nuevo vuelo directo de Emirates vía São Paulo. Son 20 horas pero la verdad es que entre los 1.500 canales de TV satelital y el wifi se pasa rapidísimo. La aerolínea nacional es una de las principales empresas del país, y también una gran embajadora de su cultura. Comenzó a operar hace 33 años y hoy es una de las más importantes del mundo. Por eso, me explicaron en los headquaters que están ubicados justo frente al aeropuerto de Dubái, se preocupan tanto de los detalles: “Nos comunicamos con más de cien nacionalidades y nuestro desafío es crear un lenguaje multicultural”.

Esto se ve en distintos aspectos, pero un buen ejemplo es la gastronomía a bordo. Para garantizar la satisfacción máxima de los pasajeros, en los distintos vuelos se toma en cuenta la cultura propia de cada lugar. En India, donde hay muchos vegetarianos los días lunes, se prepara un menú especial. Hay 26 tipos de opciones, desde comida sin lactosa hasta gluten free, y trescientos tipos de sopas. En los vuelos a Europa se privilegia la comida fusión, y en Asia los pasajeros prefieren algo más autóctono, que les recuerde a la cocina del hogar. Todo eso se toma en cuenta.

Desde que la empresa comenzó sus operaciones en nuestro país, hace menos de un año, se ha propuesto también exportar parte de la cultura local. Por eso incorporaron a la carta vinos chilenos que no solamente se sirven en los vuelos desde Santiago, sino en todos, y para el 2019 piensan sumar nuevas etiquetas nacionales.

Por su gente, su cultura, gastronomía y la infinidad de alternativas que ofrece para todo tipo de viajeros, definitivamente Dubái es un destino que vale la pena descubrir.

 

 

 

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