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Lifestyle

El poder de la denuncia

El poder de la denuncia

Tal como David derribó a Goliat con una piedra, las acusaciones de abusos sexuales hacia los magnates de Hollywood han recordado el poder que pueden tener aquellos que se ven débiles y pequeños. Sus historias prueban que lo más importante es tener el valor de hablar, exigir justicia y no temer remecer el status quo, sin importar la industria a la que se pertenezca.

Por: Fernanda de la Torre Verea

 

Todos conocemos la historia bíblica de David y Goliat, inclusive si no la hemos leído. La victoria del débil contra el fuerte, el desvalido frente al poderoso. Una pequeña piedra lanzada con maestría por un joven pastor derribó a un temible gigante. Una metáfora que nos recuerda que, a pesar de que nos enfrentemos a un enemigo formidable, una pequeña piedra puede cambiarlo todo.

Hace poco más de un año era muy difícil imaginar que ciertos ídolos de la pantalla o productores famosos podían dejar de serlo. Harvey Weinstein, magnate de la industria cinematográfica, había trabajado con los mejores directores y actores del mundo. Cofundador de las empresas Miramax y The Weinstein Company, además de que contaba en su historial con la producción de decenas de cintas y series exitosas. Su trabajo como productor de la película Shakespeare in Love (Shakespeare enamorado) fue reconocido con un premio Oscar. Sin duda alguna, pocas personas en la meca del cine tenían más influencia que él.

 

 

A mediados del año pasado, Kevin Spacey se encontraba en la cima del éxito. Su rol como maestro de ceremonia en la LXXI entrega de los premio Tony en la ciudad de Nueva York había sido un hit. El público aplaudió sus comentarios e imitaciones a diversos personajes célebres, entre ellos, el expresidente Bill Clinton. El actor estadouni-dense, protagonista de la celebrada serie de Netflix House of Cards, acababa, además, de filmar una película con Ridley Scott sobre el secuestro de Paul Getty III, nieto del hombre más rico del mundo, titulada: All the Money in the World; la vida le sonreía.

Nadie podría sospechar que las cosas cambiarían, hasta que el 5 de octubre de ese año, las periodistas Jodi Kantor y Megan Twohey publicaron un reportaje en The New York Times, detallando décadas de abuso sexual por parte del productor. Las actrices Rose McGowan y Ashley Judd se encontraban entre las denunciantes. Días más tarde, el periodista Ronan Farrow dio a conocer un reportaje en el New Yorker sobre el mismo tema. Si bien Weinstein negó inmediatamente las acusaciones y renunció al consejo de su empresa, la piedra de la honda de David había dado en el blanco. El magnate fue suspendido como integrante de la British Academy of Film and Television Arts y expulsado de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences, igualmente de que tuvo que renunciar al Sindicado de Directores de Estados Unidos. Ante el mencionado escándalo, su esposa Georgina Chapman anunció su separación. Las denuncias continuaron aumentando, además de que se iniciaron investigaciones en su contra en Estados Unidos y el Reino Unido.

Las denuncias sobre la conducta de Weinstein impulsaron un repudio general en contra del acoso sexual y, subsecuentemente, la campaña #MeToo, la cual alentaba a compartir historias de acoso sexual. El tsunami del #MeToo alcanzó a Kevin Spacey. El 30 de octubre de 2017, el actor Anthony Rapp declaró que había sido acosado sexualmente por él cuando tenía 14 años. Varias denuncias siguieron. Días más tarde, el actor estadounidense dijo no recordar la agresión a Rapp, sin embargo, aceptó tener problemas e ingresó a un tratamiento, pero esto no fue suficiente. Netflix anunció que cancelaba todos sus proyectos y compromisos con Spacey, incluyendo la famosa serie House of Cards. Ridley Scott reemplazó su participación en la película All the Money in the World con el actor Christopher Plummer.

 

 

Denunciar el acoso sexual es difícil y más aún si el denunciado es una persona poderosa. La víctima es juzgada por su manera de vestir, beber o comportarse. Sus alegatos son cuestionados y son sometidos a un escrutinio público. Por ello debemos reconocer el valor de los denunciantes y el efecto positivo que han tenido sus denuncias. Sus palabras se transforman en la piedra lanzada con maestría desde la honda de David para derribar al gigante Goliat y han dado el valor que necesitaban a muchas otras mujeres y hombres para narrar sus propias historias.

A poco más de un año del nacimiento del movimiento #MeToo, se ha logrado revertir la creencia de que existen “intocables” y se ha puesto un foco sobre este doloroso tema de la agresión sexual en todo el mundo, una reflexión necesaria. A pesar de estas victorias, todavía falta mucho camino por andar. Las agresiones sexuales van en aumento. De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública, en los últimos tres años los feminicidios registraron un incremento de 72 por ciento en nuestro país. La Organización Mundial de la Salud, utilizando datos de poco más de 80 países, observó que en el planeta una de cada tres mujeres (35%) había sido objeto de violencia sexual.

 

 

Más allá de las duras críticas de hombres y mujeres en todo el mundo, dicho movimiento también ha sido obligado a mirar hacia los abusos perpetrados por mujeres. La reconocida feminista y filósofa estadounidense Avital Ronell, catedrática de la Universidad de Nueva York (NYU), fue acusada en agosto pasado de acoso sexual y abuso por su alumno Nimrod Reitman. Después de una investigación, la universidad la encontró responsable y fue suspendida durante un año de dicha institución. Por su lado, la actriz Asia Argento, una de las líderes del movimiento #MeToo, fue acusada de agredir sexualmente al actor y músico Jimmy Bennet, cuando él era todavía menor en 2013.

La activista Tarana Burke, fundadora de #MeToo, da en la clave al recordar que el abuso sexual no se trata de personas, sino de poder. Recalca que el movimiento es para todos, incluyendo los hombres valientes que se atreven a llevar a cabo una denuncia. “La violencia sexual –escribe Burke en su cuenta de Twitter– es sobre poder y privilegio. Eso no cambia si el agresor es tu actriz predilecta, activista o profesor de cualquier género”.

El valor de hombres y mujeres cuando realizan una denuncia inspiran a otros a pensar que las cosas pueden cambiar por difíciles que parezcan. El valor de la palabra y la denuncia son la honda con la que David pudo derribar al gigante Goliat.

 

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