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Lifestyle

Mi fabulosa vida: Arquitecto de sueños

Mi fabulosa vida: Arquitecto de sueños

El diseñador chileno Juan Pablo Molyneux tiene su propio castillo en Manhattan.

A una cuadra del Central Park, en pleno Upper East Side de Manhattan, existe una majestuosa casa estilo townhouse de piedra caliza con balcones franceses elegantes que transportan al transeúnte a la Edad Dorada. De hecho, si hay alguien que cuenta con la facultad estética de viajar en el tiempo, ese es el diseñador de interiores Juan Pablo Molyneux. Un maximalista sin complejos, este es el hombre a quien acudir para remodelar, por ejemplo, los interiores de un castillo del siglo XVII o para renovar una exclusiva villa privada en el Caribe. Su especialidad son los lugares de ensueño. Cuando en 2004 se hizo cargo del remozamiento de algunas habitaciones del club social parisino Cercle de l’Union Interalliée, utilizó consolas de mármol tan impresionantes que hubo que entrarlas con grúa por las ventanas. Otra de sus obras insignes fue la ambientación de cada rincón del palacio de 12.000 metros cuadrados del jeque árabe Mohamed Bin Suhaim de Al-Thani, en Qatar, cuya fachada de columnas es comparada nada más y nada menos que con la de la Casa Blanca.

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Molyneux se mudó junto a Pilar, su señora por más de 38 años, a la exquisita casa que habitan en 1986, época en que estaba dividida en departamentos. El matrimonio fue comprando cada unidad y renovándola al mismo tiempo. Pero fue hace solo cinco años que los chilenos lograron convertirse en dueños de todo el edificio para convertirlo en la residencia familiar. Además, el diseñador aprovechó de cerrar su oficina y trasladó su espacio de trabajo a las dos primeras plantas del inmueble. Hoy, la estructura de siete pisos es un monumento a la opulencia, sello característico del diseñador. Basta traspasar sus rejas de hierro para encontrarse con una escalera revestida con paneles de madera tallada que representan una batalla del siglo XVI entre el ejército chino y los invasores portugueses. Varias puertas revelan habitaciones brillantes, pero el highlight del lugar es un ascensor vintage y -lo más emocionante- un mayordomo que recibe a los invitados con sándwiches. Aun así, para Molyneux su casa aún no está completamente terminada, “diseñar una habitación en mi mente es un proceso instantáneo”, asegura. “Lo que toma tiempo es encontrar a la persona indicada que haga ese tipo de bordado o que ese tipo de lámpara coincida con la imagen que tengo en mi cabeza”.

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Si existe algo que los lujosos espacios de Molyneux comparten, es una bocanada de fantasía que, en algunos casos, resulta literal. En la esquina de una sala de estar se eleva un colmillo de narval antiguo con su punta casi perforando el techo de tres metros de altura. “En el siglo XIV, la gente pensaba que eran cuernos de unicornio”, explica Molyneux. “Lo encontré en Partridge’s, en Londres, hace años. En esa época no podías llamar a UPS y pedir que lo enviaran, así que tuve que preparar una caja llena de tubos para esconderlo y me lo traje en el avión”, se ríe. Pese a sus audacias, Molyneux –dueño de una cabellera plata y una postura impecable que se ve como si hubiera nacido vistiendo trajes italianos– se mueve en base a la disciplina. “Creo en el equilibrio”, dice. “Siempre me sentí fascinado por una especie de armonía casual”. En el salón del segundo piso, una escultura circular de bronce del artista Bruno Romeda funciona como contrapunto moderno a los pisos de mármol de tablero de ajedrez, “no me gustan las alfombras”, dice, y a las paredes tapizadas en terciopelo. Hoy, Molyneux se encuentra trabajando en proyectos internacionales, como la pared de seda gigante inspirada en las obras abstractas del constructivista ruso Kazimir Malevich que instalará en un teatro de Moscú. Admite que su intensa agenda de viajes puede ser la razón de por qué no haya hecho muchos cambios en su hogar en el último año. “En mi mundo, nada nunca está completamente acabado”, asegura. “Constantemente estoy buscando piezas hermosas y tengo que trabajar para hacerles espacio”. Además, añade alegremente, “la casa es bastante grande. Así que siempre tenemos nuevos lugares que podremos crear”.

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Créditos Fotos: Christopher Sturman

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