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Lifestyle

Mi Fabulosa Vida: El jardín de Ana

Mi Fabulosa Vida: El jardín de Ana

La interiorista Ana Domínguez nos abrió las puertas de su casa para conocer el lugar que la inspira a diario a crear espacios reconocidos a nivel nacional.

Solo basta bajar algunos escalones de la entrada de la casa de Ana Domínguez para entender que ningún detalle fue dejado al azar: escalera de piedra, abundante vegetación y una gran fuente de agua con una obra de Cristóbal Guzmán, llenan de tranquilidad el espacio. La diseñadora de interiores tiene una vasta experiencia y una larga lista de clientes, pero su hogar es sin duda su mejor y más bello trabajo. La mezcla de un estilo clásico, pero contemporáneo, y su pasión por los libros de moda, viajes, arte y fotografía se nota a primera vista. Los pequeños objetos que se sumergen en este espacio –como los diversos espejos en muros y lupas sobre la mesa del living– entregan un toque de sofisticación en la medida precisa. “Yo veo muchas cosas por mi trabajo, por lo tanto, soy muy selectiva para mi casa”, explica. El arte y las esculturas también son protagonistas. Y aunque podría sonar un poco excesiva la suma de todas estas piezas, el exquisto gusto, el equilibrio y calidez parecen ser algunos de sus mayores talentos, algo innato que heredó de su madre, que también se dedicó a la decoración.

En un comienzo, Ana estudió Diseño de Vestuario y durante 10 años mantuvo su propia tienda con diseños exclusivos. Al casarse y empezar una familia, decidió independizarse, y en 2002 se reunió junto a su amiga y actual socia Francisca Goycolea para formar Domínguez y Goycolea, un estudio de interiorismo que se inició con pequeños proyectos. Hoy, catorce años después, han participado en Casa FOA, Casa Mater y constantemente son parte de proyectos inmobiliarios, interiorismo de oficinas y decoración de casas particulares.

Uno de sus últimos y más célebres proyectos es Casacostanera, el primer centro comercial enfocado al lujo en Chile y uno de los pocos de estructura abierta con un concepto que busca romper la frialdad de un mall y mimetizarse con su entorno. “Nos llamaron a nosotras porque querían que tuviera un carácter de casa. Por eso todas las intervenciones son simples. Las escaleras mecánicas están revestidas de madera porque no queríamos que tuviera el típico carácter de mall. Tampoco interfiere con el barrio y el verde –arbustos y plantas–, y eso es muy valioso”. Y es que el verde siempre ha sido un color importante en la vida de la decoradora. De hecho, el jardín de su casa cumple un rol fundamental. Los cipreses, laureles y los arbustos de boj se pueden ver desde casi todas las ventanas de la construcción de concreto de dos pisos. “Me fascina que el verde entre a la casa. Además, se incorpora completamente y pasa a ser parte de un todo. Es perfecto”, reflexiona mientras conversamos en su terraza, un espacio que nos permite evadir los cerca de treinta grados que en ese momento se sienten sobre Santiago. Sin duda, los ventiladores de fierro negro incorporados al techo ayudan a disminuir la temperatura y se incorporan con naturalidad al resto de la casa, un excelente ejemplo que demuestra que la tecnología y sofisticación cada vez están más presentes en este rubro.

Asimismo, el acceso a diferentes productos se ha democratizado de manera significativa, y los materiales, en su mayoría lavables, son creados para fabricar objetos de uso cotidiano. “No es como antes que había que comprar velas en el extranjero. Hoy hay mucho aquí. Tampoco me preocupo demasiado: si mi hijo usa el sillón del living y se acuesta en él, da lo mismo. Si algo se ensucia, se limpia. La idea es disfrutar”. Otro cambio importante es la utilización de los espacios. Si para nuestras abuelas o incluso madres, algunas habitaciones de la casa eran prácticamente intocables, hoy la tendencia dice lo contrario. El concepto de compartir está cada día más presente y comienza desde la composición de los planos de una casa, algo que Anita intenta fomentar con cada uno de sus clientes. “En muchos pilotos nos están tocando cocinas abiertas, o algunas incluso con la posibilidad de cerrar y abrir. Finalmente, la persona que quiere y le gusta cocinar no tiene por qué estar ‘castigada’ en un espacio alejado”, dice. 

Para Domínguez y Goycolea la idea de tener una oficina física no es primordial. Tienen un máximo de diez proyectos donde cada una se ocupa de la mitad para lograr un resultado personalizado y de excelencia, algo por lo que destacan. De hecho, cada trabajo comienza con un anteproyecto en base a una serie de entrevistas junto al futuro cliente. Después hacen un recorrido por las principales tiendas de interiorismo de Santiago, donde se priorizan estilos y calidad, siempre con la aprobación de cada detalle. Lo más importante es aconsejar y conocer en profundidad qué desea cada consumidor, aunque Ana confiesa que cada vez están más informados, preocupados y seguros sobre lo que quieren. “Lo más importante es que el cliente quede satisfecho con el resultado, porque él va a vivir en ese lugar. Cada uno de ellos es un proyecto único y exclusivo que requiere harta dedicación”, enfatiza.

Luego de años en el rubro de la decoración de interiores en Chile, Ana no solo rescata lo excelentemente evaluado que está su trabajo. “Me entretiene trabajar con gente distinta todos los días. Son experiencias que suman, de las cuales siempre se aprende”. finaliza.

Créditos Fotos: María Luisa Murillo

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