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Lifestyle

Mi fabulosa vida: En los zapatos de Tamara Mellon

Mi fabulosa vida: En los zapatos de Tamara Mellon

La diseñadora Tamara Mellon se baja de sus altísimos tacos para relajarse en la genial casa de Beverly Hills que comparte con el famoso representante de artistas, Michael Ovitz.

“Yo estaba ahí parada, y él se me acercó”, recuerda la empresaria Tamara Mellon sobre su primer encuentro con el magnate de Hollywood Michael Ovitz, en 2011. “Era una conferencia de negocios en Aspen y me dijo: ‘¿Tú eres Tamara Mellon?’. Le contesté que sí y me respondió: ‘Me gustaría invitarte a tomar algo’”. La audaz estrategia de Ovitz funcionó. “Yo pensé: ‘¡Qué directo!’. Pero era el único tipo que no tenía panza ni pantalones de hombre mayor, sino que unos lindos jeans, parecía estar bastante en forma y con buenos dientes. Así que salimos”.

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Cuatro años, muchos tragos y un enorme anillo de diamantes después, Mellon y Ovitz hoy son una gran pareja que hace malabares con sus respectivas empresas, entre la base de Mellon en Nueva York y Los Angeles, donde la gigante y ultraelegante mansión de Beverly Hills de Ovitz casi es un espacio de exposición para su mundialmente reconocida colección de arte. Como supo Tamara al poco tiempo de conocerse, el ojo afilado de Ovitz va mucho más allá de su buen gusto en jeans. Es uno de los representantes de artistas más reconocidos de Hollywood, ha trabajado con Barbra Streisand y David Letterman, y fue cofundador de la Creative Artists Agency en 1975. Ovitz construyó su carrera gracias a su peculiar capacidad de detectar oportunidades para sus clientes y tiene una habilidad igual de impresionante para encontrar grandes obras de arte. Durante las últimas tres décadas, ha acumulado cientos de piezas emblemáticas de arte moderno y contemporáneo, incluidas obras de artistas tan destacados como Pablo Picasso, Jasper Johns, Mark Rothko, Willem de Kooning y Adolph Gottlieb.

La primera visita de Tamara a esta mansión repleta de arte fue en el otoño de 2011, unos meses después de conocerse. “Yo pensaba ‘Dios mío, ¿tú hiciste todo esto?, ¿cómo encontraste el tiempo?’, cuenta. Es una muestra de la increíble paciencia y perseverancia que tiene Michael”.

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Acorde con su contenido, la estructura de unos 10.500 metros cuadrados es más grande que muchos museos reconocidos. Compuesta de placas esculturales pulidas de acero inoxidable en medio de un terreno magnífico, se terminó de construir en 2009 tras diez años de meticulosa planificación. “Al principio, me perdía, sobre todo de noche, cuando las luces estaban apagadas –recuerda Tamara–. Si quería buscar un vaso de agua, terminaba en alguna de las galerías en vez de aparecer en la cocina”. Más allá de eso, se sintió como en su hogar, por un buen motivo: nacida en Londres y criada entre Inglaterra y California (con un nítido acento británico que así lo demuestra), Mellon pasó parte de su infancia en una casa que está justo en la misma calle. “Cuando vi la dirección de Michael, me quedé helada –asegura–. ¡Parece que cerré el círculo!”.

Tamara vive principalmente en Manhattan con su hija de 13 años, Araminta (o Minty) y sus dos perros. Allí está también la oficina de su último emprendimiento, la marca de accesorios y prêt-à-porter Tamara Mellon, ubicada en Madison Avenue. Comenzó con la empresa en 2013 después de abandonar Jimmy Choo, la etiqueta que ayudó a convertir en sinónimo de tacos altísimos, sexy y decadentes, a fines de la década del 90.

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Siendo una mujer que construyó no una, sino dos empresas, en torno de una estética impecable y sumamente definida, le cuesta creer que encontró un compañero con un gusto tan exigente como el suyo. “Tenemos mucha suerte de que nos gusten las mismas cosas”, señala encantada. “Pero tampoco es que yo esté tratando de meterle a la fuerza un montón de estampados florales. Aunque sí cambié los muebles de la parte del bar. Sentía que el flujo no era cómodo para que la gente se sentara. Estaba este exquisito sofá modular y lo cambié de lugar para que tuviera el feng shui correcto. A Michael le gusta”, asegura.

Aunque Ovitz es bastante reservado con respecto a su colección, le gusta compartirla con visitantes y con cierta frecuencia realiza muestras de artistas más jóvenes. También contrató a un curador de tiempo completo que intercambia las piezas que están en las bodegas y las cuelga en las paredes blancas de la galería. Mientras tanto, la reciente inmersión de Tamara Mellon en el mundo del arte empezó a notarse en su trabajo. Sus modelos de zapatos para el otoño boreal cuentan con diseños terrosos inspirados en unas esculturas africanas de fines de siglo, que flanquean una gran pintura de Picasso de inspiración también africana en el living de su casa. De todos modos, las creaciones de Mellon nunca se van a usar en ese living: “Esta es una casa libre de zapatos –cuenta riéndose–. Es como subirse a un bote: hay un canasto al lado de la puerta llena de filas y filas de zapatos”.

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El otoño pasado, Ovitz llevó a Tamara y a Minty a comer y puso dos cajas de Cartier sobre la mesa. La de Minty tenía una pulsera de oro Love y la de Mellon, una joya del tamaño de un caramelo. “Fue tan considerado de su parte tener en cuenta a Minty, para que fuera algo de la familia”, opina Mellon, aunque se apura en explicar el significado del anillo. “Estamos comprometidos para no casarnos”, asegura. “Es un anillo de promesa. Me lo dio para decir: ‘Estoy comprometido contigo, somos compañeros de vida y te amo’. Así que es un compromiso pero, a la vez, no lo es”. Y, por supuesto, él no necesitó ayuda para elegirlo. 

Créditos Fotos: Douglas Friedman

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