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Lifestyle

Mi fabulosa vida: Entre Líneas

Mi fabulosa vida: Entre Líneas

Emmilyn Yeoh ahonda en el mundo de la imaginación de Sacha Walckhoff.

Nada dice “chic” más elaboradamente que una casa parisina y este es, en gran medida, el caso de Sacha Walckhoff, director creativo de Christian Lacroix París y de la Casa Christian Lacroix, y su pareja Pascal Ferrero. Habiendo trabajado bajo el mando del mismo Christian Lacroix como asistente de diseño de 1992 a 2009, Sacha describe su cargo actual en la marca francesa como un accidente. “En un principio, no estaba realmente interesado en el trabajo, pero conocí a Lacroix e inmediatamente nos llevamos bien”, comparte Walckhoff. “Creo que es química. Conoces a alguien nuevo y tienes la corazonada de que un vínculo especial está por formarse”, dice mientras recuerda los buenos viejos tiempos cuando era joven y tenía hambre de diferentes retos. Cuando Lacroix se salió del negocio en 2009, Walckhoff fue llamado a ocupar el lugar de su mentor.

“Estaba muy nervioso y asustado. Era un honor, pero también una tarea muy grande”. El estaba en busca de ideas lucrativas para mantener el negocio en marcha y Walckhoff debía dirigir la compañía lejos de la Alta Costura y del prêt-à-porter, hacia una nueva era que involucrara los muebles. “Estaba seguro de que podíamos hacer algo con la marca. Estoy contento de que conservaran el nombre. Este representa una imagen única e influyente en el mundo de la moda y quería vivir a la altura de su reputación”, explica.

Al día de hoy, la marca ha demostrado que aventurarse en los interiores de hogar fue la decisión correcta y una muy inteligente. La sección de estilo de vida se ha expandido a lo largo de los años y su principal atención está en la calidad y creatividad de sus colecciones, las que incluyen mobiliario de casa, servicios de mesa, papelería y velas. El departamento de Walckhoff es un reflejo preciso de esta visión. Con un estilo ecléctico, sinónimo de la marca, la casa es una glamorosa combinación de coleccionables, detalles inesperados y, lo más importante, arte. “Todas y cada una de las habitaciones importan. Hay un propósito especial en cómo fue decorado”. Dirigiéndonos hábilmente por todos los rincones del departamento, Walckhoff profundiza aún más. “El vestíbulo es oscuro y dramático, lo que determina el humor y crea una especie de suspenso. El living se abre a este espacio divertido y artístico. Entonces, entras a nuestro dormitorio y debes tener una sensación acogedora”. La pieza central del dormitorio es una cama B hecha a la medida, una de las creaciones de Walckhoff para Savoir Beds, mientras que la ropa de cama de Anne de Solène ayuda a emanar cierta calidez. Todo lo demás en ese espacio es simple. Una extensa biblioteca se extiende a lo largo de la habitación. “Pasamos mucho tiempo en medio de estos libros, buscando inspiración e intercambiando ideas”, agrega Walckhoff.

Ubicado a unos minutos del monumental Palacio Garnier, Walckhoff encontró el departamento cuando él y Ferrero buscaban un nuevo lugar para vivir. “Llevamos una relación de 10 años y yo he pasado más de 20 años en París. Sentimos que era el momento correcto. ¡Solo decidimos hacerlo y desde entonces no hemos mirado atrás!”, se ríe. ¿Hubo un proceso para seleccionar las piezas o decidir dónde iba cada cosa? “Tan trillado como suena, soy el tipo de persona que se enamora a primera vista. Mi pareja y yo respetamos mucho el gusto del otro”, se detiene antes de agregar: “Tiendo a gravitar hacia objetos que son blancos; es el color más versátil y va bien con todo. Permite dar rienda suelta a la imaginación”.

La prioridad de Walckhoff para la casa era encontrar el equilibrio correcto entre elementos contrastantes. “Por ejemplo, la escultura de El hombre de vainilla, de Daniel Firman, es la pieza clave en el living. Hace años que lo conozco y siempre me ha gustado su trabajo. El carácter inequívoco de la pieza realmente se establece en la habitación”, dice. Para lograr la armonía perfecta, Walckhoff apoyó la pieza central en elementos más humildes, como la chimenea de mármol de Carrara del siglo XIX, así como los cojines y las cortinas Christian Lacroix de estilo antiguo. Una vez más, Walckhoff no es de los que se alejan de los reflectores. Puso un toque de brillo a la habitación con una lámpara de latón dorado de Janette Laverrière y una banca de acero de Maria Pergay, la que originalmente fue hecha para los salones de primera clase de Air France en los setenta. “Algunas veces tienes que jugar con tus muebles. Es un proceso de prueba y error. Además, mover muebles puede ser un proceso muy terapéutico”, sonríe.

En el ecléctico mundo de Walckhoff, todo tiene que ver con arte y diseño. Todo es negro y blanco, pero con generosas salpicadas de rojo y azul. Señala el papel tapiz –muy gráfico, con componentes de frutas y hojas. “Este fue diseñado a mano por Bonnie Colin, una talentosa artista con la que colaboramos mucho en Lacroix”, dice antes de dirigirse a la cebra disecada. “Me gusta por su apariencia surrealista. Es como una figura de Cocteau”. Rodeándola hay dos dibujos originales de Antonio López. Uno muestra a Pablo Picasso usando Karl Lagerfeld y el otro a Toukie Smith usando Saint Laurent. A la vista, también hay un enorme ventilador azul único en su tipo, con un diseño inteligente y funcional de Maarten Baas. “Soy un máximo minimalista y amo la belleza en todas sus formas”, reflexiona.

Dedicado a la moderna vida de la moda, Walckhoff siempre está atento a nuevas colaboraciones. Sus proyectos recientes incluyen una línea de muebles Lacroix x Roche Bobois, así como las botellas Evian x Christian Lacroix. Pese a tener un horario agitado, Walckhoff insiste en que todavía tiene una vida normal. Pasa sus fines de semana y su tiempo libre en museos, galerías de arte y mercados de pulgas. En estos lugares ha tenido importantes hallazgos, tales como su colección de cerámica, con respecto a la cual es súper apasionado. “La cerámica es muy sensual. Cuando la sostengo en mis manos, se siente como si estuvieras conectado con el artista. Me hace sentir vivo”.

En cuanto a la persona que más lo inspira, Walckhoff responde sin dudarlo –Grace Jones. “Una vez me besó en los labios durante un show en Berlín, y llevé su pintura en mis labios… ¡Toda la noche!”, se sonroja. “Recientemente la vi de nuevo en la televisión. A los 68 años, se ve absolutamente maravillosa. Es inteligente y rebelde. Es mi heroína, sin lugar a dudas”.

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