facebook format-gallery format-video google instagram list-ribbon menu next pinterest prev search twitter youtube
Lifestyle

Un sueño en Kokomo

Un sueño en Kokomo

Un nuevo complejo en una isla privada en Fiji aspira a reescribir las reglas del lujo relajado.

Lo mejor de la isla Kokomo en Fiji es absolutamente todo. Son pocos los lugares que pueden igualar el espectáculo puro y exuberante de Fiji en cualquier momento, pero este nuevo complejo, creado por el promotor inmobiliario Lang Walker –“Pensé que se llevaría un año y diez millones de dólares; han sido seis años y 130 millones”, dice del proyecto –cambia las reglas del juego. Walker ha transferido su experiencia de medio siglo en el desarrollo de propiedades globales y sus estándares acumulados en los viajes de lujo –que por cierto son muy altos– en esta isla, y es esa combinación infalible la que da a Kokomo una personalidad única entre el oleaje de belleza primaria de Fiji y el lujo más puro.

Aquí tienen. La isla Yaukuve, sobre la cual se asienta Kokomo, es parte del grupo Kadavu, el racimo más meridional de islas en Fiji. Estas son muy diferentes de los cayos arenosos de Viti Levu, al norte de tierra firme. Ellas son volcánicas, lo cual las hace dramáticamente hermosas y, en muchos lugares, elevadas, permitiendo vistas majestuosas de las islas vecinas y los arrecifes. También significa que probablemente disfrutarás de los agradables vientos fríos del Pacífico para mitigar los días más cálidos. Las Kadavus están rodeadas por el majestuoso arrecife Gran Astrolabio, el cuarto más grande del mundo, el que crea una laguna natural alrededor de las islas. Marlín, atún y mahi mahi se pescan aquí, así como una cacofonía de maravillosas especies tropicales, por lo cual el Dive Shack en Kokomo tiene prioridad. Jale Valentine, quien dirige el Equipo de Buceo de Kokomo, ha buceado por 17 años y creció en la Isla Taveuni –próxima al más cercano competidor de Kokomo, la Isla Laucala, propiedad de Dietrich Mateschit, dueño de Red Bull. Bucear en el arrecife Astrolabio es de las cosas que hay que hacer antes de morir e incluirla durante tu estancia en Kokomo.

Después del fácil vuelo a Nadi, en Viti Levu, hay un dedicado check-in en la isla de Kokomo. El equipaje es recolectado y eres transferido en el helicóptero de seis asientos del complejo o en el elegante hidroavión Havilland Twin Otter de 15 lugares, en un vuelo de 45 minutos y 150 kilómetros. Ambas son formas increíbles de llegar. Volando bajo sobre atolones de vibrante coral con forma de corazón vimos un grupo de más de 20 ballenas en su recorrido a través del Pacífico Sur. La isla con forma de silla de montar mide 56 hectáreas cuadradas, pero las elevaciones y cimas la hacen parecer mucho más grande. Abundan las palmeras y tiene cuatro playas. El paisaje tropical está perfectamente cuidado, sin embargo se impone la sensación de encontrarse remotamente apartado. El piloto de nuestro helicóptero, Brian Hearley, da una vuelta baja alrededor de la isla para que podamos ver las residencias en lo alto de las colinas que tal vez algún día estén a la venta. Las casas son bajas y anchas, y ofrecen vistas impresionantes desde cualquier punto, piscinas privadas y hasta seis habitaciones.

El arribo puede ser en el punto más alto de la la cima, o en el embarcadero, sobre un arrecife poco profundo en la “playa frontal”, localizada en el lado oeste. Hay un maravilloso timbre en Kokomo, el cual escucharás conforme caminas por el muelle: un coro del personal cantando canciones de bienvenida, listos para despacharte en un carro de golf y llevarte a tu villa.

Nos acomodamos en la cabaña número 3 en la playa principal, donde fuimos recibidos por ráfagas de buganvilias y pasto para jugar bowling (el secreto es el césped especial tolerante a la sal), antes de entrar en nuestra perfecta villa de una habitación, y encontrar que la generosa cocina está provista de vinos fríos y hielo. El baño doble ocupa la mitad del espacio; su grandísima tina se complementa con una ducha al aire libre.

En la cubierta hay una piscina privada y probablemente estés a solo siete pasos de la arena. Las villas son un estudio rodeado por la calma de la isla, con anchas duelas y muchas capas de cortinas suaves que crean un sereno refugio del sol, y una pared de puertas de cristal que se pliegan para revelar una vista ininterrumpida de la playa. Todo el lugar tiene aire acondicionado, si es que es algo que necesites para dormir bien. La paleta de colores es limpia y los pálidos matices de la ropa de cama, así como los materiales naturales de los que están hechas, fueron elegidos para sentirse profundamente lujosos pero cálidos y acogedores, como un gran capullo chic de colores coordinados.

La alta cocina en Fiji siempre ha sido un tema delicado, debido principalmente a la lejanía a la que se consiguen buenos productos frescos, pero también debido a lo que yo llamo “manía del chef de la isla”, lo cual significa que mientras más remota sea la ubicación, el menú se vuelve más elaborado, negando los recursos del lugar. ¿Filete bourguignon y pastel selva negra en el trópico? Es una locura. La estrategia culinaria en Kokomo es el extremo opuesto: usar muchos de los productos cultivados en la isla, pescar todo lo que está disponible y complementar con importaciones tan especiales como el cordero de Nueva Zelanda. Para tal fin, la isla tiene una cocina con terraza del tamaño de un huerto, con abejas, gallinas deambulando y todo tipo de productos en su interior, más dos plantas de desalinización. El menú es simple, pero excelente; delicioso, fresco y no excesivamente elaborado. Comimos calamar recién pescado sobre un callo de hacha tierno y crujiente, luego un firme y dulce filete de trucha de coral. Perfección. Pero el desayuno es siempre un punto de referencia. Un horno de leña entrega exquisitas y densas variedades de panes de masa fermentada y centeno con muy buen café y huevos de las gallinas de Kokomo. Las mañanas en el bungaló del restaurante son misericordiosamente sombreadas y se transforma en el sitio perfecto para tomar un trago al anochecer, mientras el sol se hunde en el mar.

Mi primera sesión de buceo ocurrió aquí, guiada por Jale, cuya paciencia no tiene límites. Es la primera vez que me he sentado bajo el mar sosteniendo la mano de un hombre, mientras los peces giraban caleidoscópicamente sin rumbo sobre mi cabeza. Me gustaría que se me diera de forma natural, pero no. Me cuesta trabajo respirar, así que le doy a Jale la señal que significa que quiero regresar a la superficie. Descubro que en realidad no estoy hecha para el buceo, así que feliz- mente lo intercambio por echar un vistazo a la superficie con el snorkel. Es tan hermoso aquí y los peces son tan abundantes, que dudo que importe cuál elijas. Si no buceas, Jale puede darte la certificación PADI; si lo haces, te acompañará en algunas de las más asombrosas experiencias de nado bajo el agua en el planeta.

Con todo el hedonismo que Kokomo encierra, aún es democrático en sus placeres. En esta isla todo se trata de un viaje intergeneracional, del tipo que Walker disfruta acompañado de sus hijos y nietos. La clave es que cada miembro de la familia puede hacer exactamente lo que quiere. En realidad es una forma muy anticuada de abordar las vacaciones en familia, como pasar una temporada en el Mediterráneo, donde distintas generaciones pueden compartir una finca completa durante el verano. Es, definitivamente, de lo que están hechos los recuerdos de una familia.

Un club de niños que puede verse desde la piscina principal del complejo y desde el gimnasio de primera categoría, significa que los padres pueden dejar a sus hijos jugando, sin perderlos de vista, mientras se ejercitan. Todos pueden encontrarse en el medio para un chapuzón y un tentempié a la hora del almuerzo en el bar-café de la piscina, mientras el resto del grupo puede bucear, pescar, navegar, surfear en los límites del arrecife o salir en bote a alguna de las islas vecinas para un recorrido a través de los asombrosos caminos hacia las cascadas. Fiji es cuna de maravillosas niñeras y en Kokomo el número de cuidadoras iguala el número de niños en la familia y, lo mejor de todo, que están incluidas en el precio de la villa.

El spa, creado por la consultora internacional de spas Naomi Gregory es un destino por sí mismo. Gregory eligió la divina gama de productos Sodashi y el menú de tratamientos incorpora elementos de Fiji, además de utilizar un baño turco y chozas para tratamientos húmedos y secos. Pero el espacio para relajarse después del tratamiento es lo que hace de este spa algo espectacular. La construcción es un ejemplo sobresaliente del relajado lujo fiyiano –un bungaló al aire libre de madera envejecida, con techo de vigas atadas con cuerda tradicional y ventilados espacios de relajación con colchones bajos para descansar por horas.

Decimos adiós con una interpretación de la canción de despedida de Fiji, Isa Lei –Walker la llama: “La canción del llanto” por su habilidad para sacar lágrimas de los huéspedes– y nos consolamos con una de las mejores cosas acerca de Kokomo: podremos regresar cuando así lo deseemos.

Créditos Fotografías: Nikki To, cortesía Eliza O'hare

Comentarios

    Escribe un comentario

    Leer después