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Moda

Amuletos de piedras

Amuletos de piedras

Alejandra Domínguez y Andrés Pérez son los creadores de Perizpazia, un proyecto en base a la joyería en piedra que se inspira en la naturaleza y que interpreta el lenguaje propio del material en una búsqueda de transformación.

Las joyas siempre han sido parte de nuestra historia humana. En cada una de esas piezas había una fuerte conexión con la naturaleza y el espíritu, características que con el tiempo se fueron desvaneciendo. Alejandra Domínguez y Andrés Pérez quieren volver a ese vínculo con lo orgánico, y eso se nota apenas entramos a su luminoso taller en avenida Las Condes. Aquí, las grandes protagonistas son las piedras; la base de su trabajo, ya que cada diseño de joyería nace de ellas, transformándolas y otorgándoles un valor especial. Ambos son recolectores de ellas. Las encuentran en caminos de tierra, junto a la orilla de un río o donde desembocan las olas de mar. Las guardaban en los bolsillos mucho antes de que se les ocurriera que querían hacer algo con ellas. “De pronto nos dimos cuenta que estábamos guardando todo este material y nos surgieron las ganas de crear algo”, dice Alejandra.

En el medio de su espacio de trabajo en la Galería Cantagallo, se encuentra una amplia mesa de madera, repleta de piedras de todos los colores y tamaños, junto con las herramientas necesarias para la metamorfosis. También están las joyas ya terminadas: piedras transformadas en sí mismas, fieles a sus tonos e imperfecciones naturales, convertidas en anillos y amuletos para portar y otorgar protección a quien lo lleve. Desde que se conocieron, Alejandra y Andrés se inspiraron mutuamente a través de la creatividad y el amor por lo natural. Se conocen hace muchos años y son pareja hace cuatro. “Me encanta que Andrés siempre esté arreglando métodos o inventando algo con cosas que encuentra. Siempre transforma y crea, y soluciona todo”, dice Alejandra. “Nos hemos convertido en grandes maestros del otro”, añade él.

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Agrónomo y diseñadora, respectivamente, dicen no definirse según sus profesiones, sino más bien como “personas creativas y creadores”. Ella, además, tiene estudios en estética y filosofía, dos disciplinas que inevitablemente inspiraron el proyecto que realiza hoy. Su emprendimiento se llama Perizpazia (un juego de palabras entre Pericles el griego y su amante, Aspasia), y se basa en la creación de amuletos de piedra, trabajo de Andrés, y de piezas visuales digitales, creadas por Alejandra. “Somos personas muy abiertas a hacer muchas cosas, sacamos provecho de nuestra capacidad de poder relacionar distintos temas donde intervenir y actuar”, cuenta Alejandra. Nunca se propusieron ser diseñadores de joyas como tal. Es más, no se consideran orfebres, sino más bien escultores de creaciones pequeñas. Llegaron de forma fortuita a esta idea al comenzar a discutir ideas, intercambiar talentos y confluir ambas maneras de ver las cosas. El anillo, en vez de un collar, aros u otra obra de joyería, surgió como una ofrenda hacia el otro, un gesto de amor y respeto, y eso mismo quisieron compartirlo con otros.

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A medida que avanzamos con la conversación, van dejando en claro que su principal inspiración, como es de esperarse, es la naturaleza. De hecho, cuando no está inmerso en Perizpazia, Andrés trabaja en el Santuario de la Naturaleza de Santiago, en un proyecto de vino y cervecería. “Con el tiempo hemos ido recolectando todo tipo de imágenes naturales en la cabeza. De vidas, lugares, aires, piedras… Y desde ahí aparecieron las ganas creativas de hacer algo con eso”, dicen. Sus estadías en el desierto, sus conversaciones sobre la vida y la profunda capacidad de contemplación de ambos fue lo que los movió a darle vida a este emprendimiento, que no funciona por colecciones, sino que por piezas individuales y poderosas, hechas exclusivamente a mano. Cada una tiene su propia personalidad, características y belleza. “Nos enfocamos en que cada una de ellas sea una obra de arte, una escultura. Y aunque no hacemos colecciones, sí son muchas veces complementarias, porque tienen el mismo gen”, afirman. La piedra que trabajan es normalmente muy común, hallada en los más diversos lugares. No hay bosquejos ni ideas preconcebidas, solo la interpretación del lenguaje del material orgánico. Los diseñadores cuentan que es la inspiración previa lo que realmente guía su creación, es decir, las caminatas, los paisajes, la recolección y cualquier otro tipo de conexión con la naturaleza que se tuvo antes de sentarse a trabajar. Ambos concuerdan en que la mezcla entre lo poderoso del material geográfico y su fragilidad, exige una dedicación y abstracción completa para lograr un buen resultado.

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Hablan de entrar en trance, meditar y comunicarse con la piedra en un intento de conocerla mejor. “Observamos en detalle todas las vetas de la piedra, y a partir de estas elegimos las herramientas para trabajar”, explican. “Posteriormente aparece el resultado final donde se analizan todos los cortes y perfiles del amuleto. Lo miras de todos los ángulos, porque todo tiene que quedar perfecto”.

El extenso camino que vive la transformación de cada anillo también tiene que ver con el valor de amuleto de Perizpazia. Para ellos, cada cual no es una simple pieza de joyería, sino que tiene un contenido simbólico muy fuerte. Además, durante la recolección ambos acarrean las piedras por mucho tiempo, cargándolas de energía y de sus propias historias.  “No nos referimos a nada sobrenatural”, dice Alejandra. “Pero sí es poderosa la idea de andar trayendo piedras enteras en las manos, porque inevitablemente se convierten en amuletos y capturan energía. Además, como nacen de un trozo compacto y entero, y no son conglomerados ni pedazos unidos, conservan la energía de la tierra y de su lugar de origen”, agrega.

El descubrimiento del material también le suma contenido simbólico. Ir a un lugar donde la naturaleza no ha sido artificializada, recoger algo, guardarlo en el bolsillo, tenerlo con ellos, luego retratarlo o transformarlo, lo viven como un viaje mágico, repleto de significado. “Nos inspira esa imperfección que hay en la naturaleza, esa belleza en lo que no está bien balanceado. Cuando se rompe un anillo es algo que solo pasó y ya está”, explica Alejandra. A la vez, les apasiona el misterio que envuelve su trabajo. “Nos inspira todo lo que sea misterioso, que hable poco, que dé pistas y que no sea evidente”, añaden los diseñadores. Es esa mezcla entre lo abstracto, la naturaleza y el misterio, lo que mueve el proyecto de Perizpazia y está haciendo que llegue a más personas. En cada feria de diseño que han participado, los asistentes se han fascinado con los amuletos y la interpretación de las imágenes digitales en las que trabaja Alejandra. “Creemos que ese grado de intriga llama la atención a las personas, quizás porque nos encontramos en un medio donde todo siempre está muy explicado y solucionado, y esto resulta novedoso y muy atractivo”, dicen.

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A pesar de que normalmente trabajan por sí solos, han comenzado a colaborar con clientes para construir un amuleto en específico. La idea es lograr una pieza que tenga sentido para quien la encargue, pero respetando el lado impredecible de la piedra.

Sueñan con poder llegar a muchas otras personas e incluso desarrollar una exposición individual de la marca, donde se puedan dar a conocer todos los amuletos y el material visual. “Nos encantaría tener un espacio PZ, compartirlo más directamente con la gente y también enseñar lo que sabemos hacer. Creemos que lo nuestro es una especie de lujo o un bien escaso. Eso nos da energía para querer multiplicarlo y reconocerlo”, finaliza Alejandra.

Créditos Fotografías Ronny Belmar:

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