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Moda

Argentina de exportación

Argentina de exportación

Directora de arte, emprendedora e influenciadora de moda, Sofía Sánchez de Betak logró que su estilo personal le diera mucho más que un lugar en la primera fila de los desfiles más importantes del mundo.

Ataviada con un vestido vintage floreado que robó del clóset de su mamá, sin una gota de maquillaje y el pelo al viento, Sofía Sánchez de Betak no se parece demasiado a la chica glamorosa que aparece capturada en revistas y redes sociales, sentada en el front row al lado de las mujeres más influyentes de la moda o paseándose sobre alguna alfombra roja. Aunque hay detalles que la delatan, como las sandalias firmadas por Valentino o la cartera Chloé que lleva al hombro, Sofía o “Chufy” (apodo que ya trascendió de su círculo más íntimo) mantiene en Buenos Aires un perfil bajísimo. Si su agenda en Argentina arde tanto como la de Nueva York, donde vive gran parte del año, no es por galas con personajes nacionales, sino por la mezcla de visitas a amigos y familiares que la tienen de acá para allá.

Partió hacia Estados Unidos hace poco más de seis años. Quería ser la mejor en lo suyo y entendía que para lograrlo tenía que emigrar.

Así,  Sofía Sánchez de Betak, que por ese entonces era Sofía Sánchez Barrenechea, desembarcó en Nueva York con un título de diseñadora gráfica y algunos años de experiencia laboral. Su llegada al mundo de la moda fue casi una casualidad. Había tenido un breve coqueteo con ese universo gracias a algunos trabajos como modelo durante su adolescencia, pero desarrolló su veta fashionista cuando aterrizó en la Gran Manzana y entró a Lloyd & Company, una agencia con clientes de la talla de Estée Lauder, Calvin Klein, Chloé o Derek Lam.

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En rigor de la verdad, también tuvo algo que ver la influencia de su pareja, Alex de Betak. Su novio en aquel momento, hoy su marido, es el fundador de una de las más importantes productoras de desfiles, Bureau Betak. Sin duda, eso le dio acceso a la crème de la moda. Así, una noche Chufy puede estar en una cena informal en la casa de Valentino y a la mañana siguiente charlando de trabajo con Anna Wintour. Pero un marido influyente no es suficiente para hacerse un lugar en las competitivas Nueva York o París y menos en la celosísima industria de la moda. Sin demasiado tacto, alguna vez le preguntaron si el éxito se lo debe a de Betak y se enojó. Pero después lo pensó mejor y ensayó una respuesta: “Creo que muchos contactos sí se los debo a él pero el lugar donde estoy me lo gané sola y tuve que trabajar el doble para lograrlo –dice–. La gente te trata muy mal. Siendo su novia, muchos me subestimaban el doble. La verdad es que ahí no importa quién seas; si tú no tienes algo para decir, para aportar, te dan vuelta la cara y le hablan al de al lado”. 

Sofía aprendió a moverse con inteligencia en un mundo que al principio se le presentaba bastante hostil. “Este ambiente está lleno de competencias, pagos de derecho de piso y personas inmaduras. Durante años odiaba ir a París, no me sentía a gusto, creía que nadie me aceptaba hasta que entendí por qué –confiesa Chufy–. En Nueva York somos casi todos inmigrantes haciendo nuestro camino. En París no, son todos locales y es mucho más hermético. No quieren dejar entrar a nadie. Y algunos me hacían la cruz por ser la novia de Alex”.

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Sobre el tiempo que tardó en allanar el camino tiene anécdotas de sobra. Una de sus preferidas: la de la famosa estilista parisina que pasó años confundiéndola y preguntándole su nombre cada vez que se la cruzaba. “Hasta que un día apareció en una fiesta que Alex y yo dimos en nuestra casa de Mallorca y la pasó muy bien, estaba un poco pasada de copas y nos reímos todos de sus ocurrencias. Al siguiente desfile en París, no paraba de decirme que yo era un amor, que era divina y ahí me confesó que durante todo ese tiempo me había estado ignorando a propósito. ¿Cómo no iba a odiar a este lugar llamado París?”. Superado el mal trago, la Ciudad de la Luz conocida por sus casas de alta costura se convirtió en su segundo lugar de residencia: allí viven los hijos que de Betak tuvo en un matrimonio anterior.

A pesar de que las fotos en las redes sociales engañen un poco, cada vez que Sofía decide postear algo está trabajando. Su vida privada la guarda celosamente aunque sea tal vez mucho más lujosa o interesante que la que publica (“A veces es gente demasiado importante como para pedirle una selfie”, asegura). “Todo lo que uno expone es por trabajo. El otro día hablaba con mi marido sobre mi cumpleaños, que es el 4 de mayo. La gala del Met es el 2; el 3 es el evento de Chanel en Cuba y el 5 tengo que estar en París. Y la verdad, no sé si quiero ir al Met, juntar coraje, hacer esa red carpet que da pánico porque hay miles de fotógrafos. No es una situación natural, es extremo. Nadie va solo a pasarla bien. Todo el mundo va en sintonía de trabajo, a hacer negocios y está bien. Yo también me pongo en ese rol y aumento mi red de contactos, pero hay que tener demasiada energía…”, explica.

Sofía no reniega del término it girl, influencer o ícono de moda. Tiene clarísimo cómo funciona el negocio: ella se deja fotografiar en una gala, muestra un pedacito de su vida privada, se sienta en la primera fila de los desfiles más disputados y eso le permite venderse como consultora de moda, directora de arte para marcas top o incluso modelo. En los últimos años colaboró con las más importantes revistas de moda del mundo, con firmas como Chanel, Valentino, Rodarte, Peter Pilotto, Michael Kors y Zara; diseñó una línea de maletas para Globe-Trotter; está pensando nuevos proyectos con The Luxury Collection Hotels y seguir viendo su sitio underoursky.com, donde promueve y vende lo mejor del diseño argentino. “Hoy es así, consigo mucho de mi trabajo gracias a esa exposición. Pero no hay que dormirse en los laureles. Mis clientes me ven en un show sentada en la primera fila, pero también trabajando incansablemente detrás de un computador. No estoy solo sacándome la foto”, aclara.

Es curioso cómo Chufy llegó a convertirse en una estrella del street style. Cada vez que le preguntan al respecto, lo cuenta: de las tres hermanas Sánchez Barrenechea, ella era la candidata menos pensada para ocupar el lugar que tiene hoy en esta industria. “Me causa mucha gracia cómo resultó todo. Crecí en una casa repleta de mujeres y la que definitivamente no parecía que iba a tener una carrera en moda era yo –confiesa–. Siempre fui la nerd, la extremadamente estudiosa, la que se vestía excéntrica. Jamás la canchera. Mi hermana más grande estudió Diseño de indumentaria en las mejores universidades del mundo y está siempre impecable y la más chica es muy guapa, hermosa, cool, nunca se equivoca con un look. Yo, al contrario, salía con una chaqueta de plástico que compraba en la Galería Bond Street”.

Nueva York cambió todo. Allí, ser la rara le sirvió. Conoció diseñadores independientes, sumó su bagaje argentino y comenzó a mezclar sus excéntricas elecciones con prendas clásicas. “Mis amigas argentinas me decían: ‘Chufy te quiero, pero nunca más vuelvas a ponerte eso’. Y a mí, en cambio, eso me fascinaba”. Sus atuendos empezaron a tener buena repercusión entre editoras de moda, luego las marcas empezaron a escuchar de ella y así comenzó la bola de nieve. “No sé muy bien por qué la gente conecta conmigo. Quizás es porque me mudé a Nueva York y es lo que sueñan. Lo digo porque, sinceramente, no tengo un estilo muy marcado, no soy de esas personas que siempre se visten igual. La verdad, cuando alguien me dice que le gusta mi estilo, me dan ganas de preguntarle: ‘¿Cuál? Si yo me visto como me pinta…’”.

Sus recomendados en NYC

Cafe Altro Paradiso (234 Spring St.): “El dueño es Nacho, un amigo uruguayo que la está rompiendo con su emprendimiento. También me gusta sentarme en O Cafe (482 Avenue of the Americas): queda muy cerca de casa”.

Arcade Bakery (220 Church St.): “Es una panadería muy entretenida que está escondida dentro de un edificio de oficinas”.

The Apartment (76 Greene St.): “Es un loft en SoHo que funciona como una tienda. Todo está a la venta, desde el cepillo de dientes a las prendas del guardarropa. Es muy chic y solo se accede con cita previa”.

The Noguchi Museum (33rd Rd., Queens): “No es nuevo, pero hace poco lo redescubrimos con Alex gracias a una muestra de Tom Sachs”.

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Los favoritos de Chufy

Diseñadoras: “Las hermanas Mulleavy, de Rodarte”.

Diseñador argentino: “Martín Churba”.

Prenda fetiche: “Mi poncho de Tramando. Lo tengo hace 15 años”.

Última tentación: “Mis mocasines Gucci con piel. Los estoy gastando”.

Producto de belleza: “Protector solar con un poco de tinte”.

Su lugar en el mundo: “La Patagonia”.

Perfume: “Halloween, de Delpozo. Casi que lo compro por mayor cuando lo consigo”.

Objeto más preciado: “Elijo dos: mi anillo de bodas y mi escapulario. Lo llevo siempre. Me lo robaron una vez y volví a encargar otro”.

Un placer culposo: “Los Sugus de ananá, tengo la cartera llena de papelitos azules”.

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