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Moda

Belleza americana

Belleza americana

Desde que era un niño, Michael Kors siempre quiso ayudar a la mujer a sentirse bien y verse fabulosa mediante una mezcla de glamour de Manhattan y estilo jet-set. Ahora, su imperio se expande con una nueva locación en la capital inglesa.

Piensa en la vestimenta de Manhattan por excelencia y la imagen que llegará a tu mente es 100% Michael Kors. En su colección primavera-verano 2016, eso significa vestidos acinturados, vuelos románticos, pantalones anchos, camisas de seda blancas, sandalias planas, cinturones amplios, carteras pitón… puras piezas y accesorios creados para un estilo de vida relajado y glamoroso a la vez. Las colecciones de Michael Kors son el uniforme de las celebridades con más estilo del mundo: Miranda Kerr, Angelina Jolie y Gwyneth Paltrow, por nombrar solo algunas.

Michael Kors sabe cómo estas mujeres viven porque su existencia es muy similar. El día que pasamos juntos en un hotel de lujo de la Quinta Avenida de Nueva York es agotador. El diseñador se mueve de un lugar a otro, entre entrevistas, conferencias de prensas, su trabajo, y siempre se ve impecable, cómodo y con estilo.

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Su mamá, Joan, es una ex modelo que confió el diseño de su vestido para su segundo matrimonio en su hijo de entonces cinco años: él le dijo que le cortara los vuelos y simplificara la línea. Su estilo sigue siendo atlético y minimalista, mientras que sus tías y abuelas eran contrastantemente glamorosas y atrevidas. Una de ellas incluso se puso un bikini para su bar mitzvah. Un niño en una familia de mujeres, se obsesionó tanto con el estilo como ellas y siempre fue el acompañante ideal para ir de compras con su madre. En 1977, a la edad de 18, Kors se inscribió en el Fashion Institute of Technology de Nueva York. Sin embargo, fueron las tardes que pasó en Studio 54, junto a los días trabajando en la boutique francesa Lothar’s en la calle West 57th, lo que perfeccionó su estética y le dio la confianza para lanzar su propia línea en 1981. Ha habido obstáculos en el camino, incluyendo una bancarrota en los noventa, pero Kors es ahora uno de los billonarios de la moda, con 804 tiendas y nuevas apareciendo casi todos los meses desde Jakarta a Bucarest. Después de ocho años como jurado en el programa Project Runway, su ingenio, humor y curiosa forma de decir las cosas lo han catapultado a una audiencia masiva con la que muchos diseñadores sueñan.

La influencia de Kors es inmensa. La próxima vez que te encuentres en una fiesta, en el teatro, en el aeropuerto, en un restaurante, o en cualquier lugar donde haya muchas mujeres chic, examina sus carteras y de seguro verás más de un par con el reconocido logo MK. Mientras que otras marcas han incrementado el precio de sus accesorios, Kors se ha mantenido alrededor de los U$200, y eso le ha aumentado las ventas. Él provee un lujo costoso y exclusivo a un grupo de fans mientras que simultáneamente vende grandes cantidades de accesorios accesibles a un mercado global masivo.

“Siempre me han gustado los dos extremos”, me explica entre las conferencias de prensa que ha estado dando en su suite mirando la Quinta Avenida, que brilla bajo un cielo índigo. “Viejo y vanguardista, el glamour de la ciudad y la naturaleza, los altos y los bajos de la cultura. ¿Me gusta leer los tabloides? ¡Claro que sí! Pero también disfruto leyendo una biografía y perdiéndome en ella. Me gustan ambas. Y es lo mismo con mi trabajo. Algo de lo que diseño tiene que sentirse familiar y cómodo, como un amigo, y al mismo tiempo quiero que ese amigo me sorprenda. Si hago una forma atrevida, quiero que sea en negro. Si es una silueta clásica, entonces me atrevo a verla en un verde ácido. Siempre juego con eso, los colores y texturas”.

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Es un acercamiento que logra que aquellos que son cautos con la moda se sientan especiales, también hace que la gente especial se sienta segura. Michelle Obama lució Michael Kors en su primer retrato oficial como primera dama y ha acudido al diseñador en innumerables ocasiones después de eso, ya sea para atuendos casuales, vestidos de gala y cualquier evento entremedio.

“Kate Hudson, Blake Lively, Gwyneth Paltrow y otras mujeres que conozco tienen mucho que hacer. Están ocupadas, tienen hijos, proyectos, y siempre las cámaras las están observando. Entonces, si optan por llevar Michael Kors en esos momentos… wow, me siento afortunado”, dice. “Tuvimos estos suéteres de cachemira en forma de ponchos unos años atrás que a mí me encantaban. Una vez le dije a un periodista: ‘la gente debería dormir con ellos’. Y ella me miró y me preguntó si acaso no eran demasiado caros. ‘Sí, lo son’, respondí”. “Pero puedes usarlo una noche para salir a comer afuera y luego en el fin de semana para dormir con él”. Angelina Jolie compró varios y luego vi una foto de ella llevando a sus niños a una tienda de manualidades vistiendo el suéter. En ese minuto pensé que si ella se sentía cómoda llevándolo mientras las cámaras la seguían, si sabe que se ve bien y se siente bien, entonces hice mi trabajo correctamente y me siento feliz”.

El punto es poder llevar sus creaciones. “Realmente no entiendo el concepto de ‘precioso, pero en el clóset’”, explica. “El minuto en que eso pasa, nadie lo usa. La moda, si efectivamente no se usa, algo malo le pasa. Puedes tener un clóset lleno de prendas con estanterías repletas de carteras, zapatos… pero si no se sienten cómodos no tienen ningún punto. Uno siempre prefiere el abrigo amado, la cartera que siempre te acompaña… son como viejos amigos y cada vez que te los pones se sienten bien. Mi trabajo es descubrir eso por adelantado. Crear aquello de lo que te vas a enamorar”.

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Durante la primavera recién terminada del hemisferio norte, llegó a Londres con total esplendor. Aunque sus diseños eran tan populares ahí como en cualquier otro lugar, se van a volver todavía más con la reciente apertura de una enorme tienda en la calle Regent. “Lo que me impresiona de Londres es que siempre tienen una curiosidad enorme por saber qué viene. Es una ciudad donde lo más nuevo en teatro, arte y arquitectura siempre es bien recibido. Pero, al mismo tiempo, puedo ir a cenar a Rules (el restaurante más antiguo de Londres que frecuentaba Charles Dickens). Amo Rules. Y en un domingo voy al mercado de las flores en Columbia Road, incluso cuando llueve. La última vez, llovía a cántaros, me desperté y mi marido me preguntó si realmente iba a ir. Y yo le dije ‘¡claro que sí!’. Cada vez que voy al mercado de las flores pienso que me puedo cruzar con Eliza Doolittle”. Kors contrajo matrimonio con Lance LePere, su pareja por más de 25 años, en una ceremonia descalza en las playas de los Hamptons en 2011. Juntos comparten dos gatos de la raza Cornish Rex y una casa en Long Island, como también una propiedad en Florida. Pero la mayor parte del tiempo se están moviendo de lugar en lugar, tal como los viajeros llenos de estilo que protagonizan las campañas de sus nuevas y ambiciosas colecciones.

“Los viajes y el teatro son imprescindibles para mí. Si me puedo tomar un día para desaparecer por las calles, soy feliz. Si tengo dos o tres días, llévenme al campo. Y si solo cuento con dos o tres horas, llévenme al teatro. Tienes que ser curioso. ¿Cómo se puede ser diseñador si no se tiene curiosidad sobre otras vidas, otros mundos?”.

Antes de que Kors llegara por primera vez a Londres, tenía una vaga idea del sentido de la moda de los ingleses. Pero luego se sorprendió con los niveles de maquillaje y cuidado personal con los que se encontró. Ahora, sin embargo, nota lo ecléctico y rico que es el estilo de Londres y de cada uno de sus enigmáticos barrios. “No conozco ninguna otra ciudad que tenga la mezcla de Londres”.

Ver a la gente en la calle, en los restaurantes, adonde sea que vaya, es la principal inspiración para Kors. “Cada regla que se creía que existía en la moda ya no es real. Y eso surge por mirarnos los unos a los otros. O sea, nadie nunca pensó que se podían usar sandalias por la calle. ¿Entonces California inspiró a Nueva York? Sí, absolutamente, y pasa más de una vez”.

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“A finales de los noventa, cuando estaba en Céline (trabajó seis años ahí), no había diseñadores americanos en París. Creo que nunca pensamos que la moda perdería sus fronteras de esta forma. Hoy en día, todos intercambiamos todo. Antes se pensaba: ‘Oh, los americanos son tan prácticos, los británicos tan aburridos y los franceses tan elegantes’. Eran puros clichés y hoy las fashionistas saben que ya no aplican y están totalmente fuera de lugar”.

Kors sabe lo que queremos y cómo venderlo. Entiende a su consumidor. “Siempre miro a las mujeres que están en un show. Ella es de Francia, ella es de África… y siempre les pregunto que me cuenten de su lugar de origen y de ellas mismas. Para mí, no son maniquíes, sino que me atraen como personas”. También, siempre se preocupa de que sus modelos se sientan cómodas con lo que llevan en la pasarela. “Se trata de sentirse bien. Si no se sienten cómodas sin sostén, que usen uno, yo no tengo problema. Quiero que cada mujer sea lo que mejor que puede ser. Sé que soy raro al pensar así. Quienes trabajan en moda tienden a ser mucho más estrictos. Pero a mí me gusta la gente, soy empático y me importa lo que piensan y sienten, porque son personas con opinión y sentimientos”.

Estoy terminando de escribir este reportaje cuando me doy cuenta de que los pantalones negros que llevo son de Michael Kors y casi no me los he quitado desde que los compré, que fue hace bastante tiempo. Tal como dice el diseñador: cada vez que me los pongo, me siento bien conmigo. “Me siento como lo mejor que puedo ser”, concluyo.

Créditos Fotos David Slijper, Producción Charlie Harrington : :

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