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Moda

Carolina Herrera

Carolina Herrera

De Nueva York a Madrid y del cine a la moda. La hija de la diseñadora venezolana, directora creativa de las fragancias que llevan el nombre de ambas, cuenta su historia a través del jazmín. Su flor fetiche protagoniza su debut como diseñadora de joyas, FALLING JASMINE, una colección creada en colaboración con el artista Grillo Demo.

El jazmín posee una ambigua peculiaridad: su flor blanca libera su mejor aroma de noche. Esta dualidad no es ajena a Carolina Herrera de Báez ni a la colección de joyas que, inspirada en los jazmines de la obra del artista argentino Grillo Demo, ha creado para CH Carolina Herrera. Bajo el nombre acuñado por el propio Demo, Falling Jasmine, y tras dos años de trabajo, una decena de joyas-jazmín parecen, literalmente, desfallecer sobre el cuerpo.
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La colaboración con el artista se venía gestando desde hace tiempo. Argentino de nacionalidad, pero residente desde los años setenta en Ibiza (su casa en la isla está considerada como su obra más particular) y viejo amigo de la familia, sus jazmines desplegados en pinturas, acuarelas y collages rondaban la imaginación de la directora creativa de CH Fragrances, que sabía que Demo había propuesto hace años una línea de alta joyería a su madre que no vio la luz. “También había razones muy íntimas, que me llevaban a mi infancia”, explica la diseñadora en una cafetería cercana a su casa de Madrid. “El jazmín es muy importante en mi vida, es el olor de mi niñez. Recuerdo acompañar a mi madre a Bloomingdale’s a comprar unos aceites, de jazmín y nardo, que se aplicaba por todo el cuerpo. Aquel olor, que a su vez me transportaba a Venezuela, ha estado muy presente en mi vida, quizás porque es el primero del que tengo memoria”, asegura.

Las referencias olfativas son inseparables de la mujer que desde hace casi dos décadas toma las decisiones sobre las fragancias de Carolina Herrrera. La última: una serie de seis perfumes y cuatro aceites de gama alta Herrera Confidential, que se presentaron en mayo pasado en Dubái destinada a un mercado que aprecia los aromas poderosos. “En Japón no puedes vender perfumes tan fuertes porque no los soportan, pero en los Emiratos Árabes saben mucho de ellos, los aprecian y, de hecho, se venden como pan caliente”, dice. La hija de Carolina Herrera se recrea en los matices de bases fuertes, como el ámbar o el neroli, o en las notas de sándalo y rosa. “La verdad es que jamás pensé que terminaría trabajando en esto, es algo que se ha ido dando a lo largo de los años”, recalca.
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Como le pasa ahora con las joyas, en ella lo práctico y lo emocional siempre encuentran un camino donde confluir: “En este trabajo me surgen muchas ideas que no siempre salen adelante. Pero esta vez todo encajaba y tenía sentido, había una conexión muy clara. Mi madre no se mete en nada, me da rienda suelta, pero tiene que dar el visto bueno final porque en última instancia todo pasa por ella, y si no le gusta, no se lanza”. La afirmación suena tajante, pero forma parte de una relación familiar y profesional que ella considera estimulante: “Impacta porque parece muy seria, siempre tan perfecta, pero es muy divertida, nos morimos de la risa con su veta de comediante. Somos muy distintas y eso ha resultado muy bueno a la hora de trabajar juntas”. Con su madre viajó a Dubái y Qatar, donde un sirio desconocido les regaló unas preciosas flores de jazmín de su jardín. “Como todo lo bello, murieron al instante y no me las pude traer”, dice mostrando en el celular una foto de las flores mientras en la punta de su oreja izquierda asoma uno de sus pequeños aros de jazmín esmaltados. La serie Falling Jasmine, formada por un anillo, dos collares, cinco pares de aros, una pulsera y una diadema (todos en plata bañada en oro con las flores esmaltadas en blanco), pretende funcionar a distintos niveles. “Cuando hago un diseño pienso en mí en un 80 por ciento. Luego, obviamente en el mercado y en qué es lo que vende. Esta colección es muy simple y limpia para poder mezclarla con otras joyas, una versatilidad que yo quería desde el principio porque a mí me gusta mezclar. Guardo desde la medalla de mi bautizo hasta una caja llena de baratijas que voy comprando por ahí. Mi madre tiene maravillas. Mi padre siempre le ha regalado cosas divinas, pero a mí me gustan más las piezas que no son necesariamente tan buenas, pero que también lucen de maravilla”, explica.

En esta soleada mañana de entrevista en Madrid, además del jazmín, su argolla de matrimonio y unas tintineantes pulseras de oro, Carolina anda a cuestas con su ropa de flamenco en un bolso de tela donde lleva la falda y los zapatos de baile. “Tomo clases desde hace 10 años porque me encanta, pero si me preguntas, te diré que no sé bailar nada, ¡me da vergüenza!”. Se instaló definitivamente en España en 2002, poco después se casó con el torero Miguel Báez –El Litri– con quien tiene tres hijos. Su matrimonio y su involucramiento definitivo en la empresa familiar la alejaron de su primera vocación, el cine: “Estaba muy cansada de llevar una vida nómada, así que me decidí por el trabajo que era más serio y fructífero. Lo hice sin presión familiar, de verdad”, asegura.
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Madrid siempre ha estado presente en su vida. De hecho, ella cree que mucho más que Nueva York, donde se crió. “Mi primera casa fue en la Plaza Mayor. Allí Miguel y yo vivimos con nuestra hija mayor y fuimos muy felices. Recuerdo el ascensor estrecho e incómodo, pero era un lugar mágico. Cuando me traían mis padres de niña no me gustaba mucho porque veía la ciudad a través de ellos. Pero luego, cuando fuímos a España a filmar el documental Maletilla (ella fue productora y Victoria Clay-Mendoza, la directora), descubrí otro país, otra ciudad y me enamoré. Me sentía como en Caracas, de vuelta en casa. En ese entonces yo vivía en Los Ángeles, iba y venía”. Maletilla fue un proyecto de cinco años de trabajo, una experiencia que, dice, repetiría hoy paso a paso: “Detrás estaba la historia de Victoria y su padre, un alemán que había querido ser matador en México. Ella intentaba a través de los niños toreros entender la pasión de su padre. En todos los sentidos, la película fue una búsqueda”. La diseñadora lo recuerda ya con los implementos para su clase de flamenco al hombro, su aspecto juvenil y su delicado jazmín.

Créditos Fotos: Gonzalo Machado Entrevista: Elsa Fernández-Santos Créditos foto principal: Carolina Herrera de Báez con camisa y pantalón de lunares y aros de la colección Falling Jasmine, todo de CH Carolina. Crédito foto interior número 1: Top asimétrico de seda con aros a modo de prendedores y otro en la parte superior de la oreja de la colección Falling Jasmine, todo de CH Carolina Herrera. Aro en forma de asta, Pamela Love. Crédito foto interio número 2: Camisa blanca, jeans y collar de oro con jazmines esmaltados de la colección Falling Jasmine de CH Carolina Herrera. Créditos foto interior número 3: Vestido de gazar de seda, Carolina Herrera New York. Brazalete de oro y brillantes del siglo XIX y pulsera Rivière art déco, Barcena. Los aros y la pulsera de jazmines esmaltados pertenecen a la colección Falling Jasmine de CH Carolina Herrera. Al fondo, obras de Grillo Demo y una fotografía de época de Miguel Báez customizada con los jazmines de la aplicación para celulares CH Falling Jasmine.

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