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Moda

El círculo íntimo de Walka

El círculo íntimo de Walka

Siguiendo una tradición familiar y con ganas de cambiar la escena de la joyería contemporánea en Chile, Claudia Betancourt y Nano Pulgar redefinen el concepto de éxito, arte y diseño, todo a la vez.

Es una soleada tarde invernal en Santiago cuando llegamos a la calle Thor Heyerdal en Vitacura. A primera vista nos encontramos con una casa pequeña, de portón negro, y tenemos que volver a revisar si estamos en la dirección correcta. Después de todo, Walka Studio ya es una marca de renombre en joyería contemporánea no solo en Chile, sino que en diversos rincones del mundo.

Sus creadores, Claudia Betancourt y Nano Pulgar, han exhibido sus creaciones en el prestigioso Craft Victoria de Melbourne, Australia, donando piezas a la colección exclusiva de la curadora senior del Museo de Arte Contemporáneo Heide de la misma ciudad, Zara Stanhope, fueron los últimos latinoamericanos en ser seleccionados para la Trienal de Joyería de Arte en Finlandia y presentado en Múnich como parte del proyecto colaborativo Everyone and Everywhere is an Island, junto a dos grandes de la joyería, Märta Mattsson y Klara Brynge. Este mes, darán a conocer la segunda parte de este último proyecto en Gotemburgo, Suecia, donde además harán un workshop intensivo en la escuela de Craft and Design de la universidad de la ciudad y una charla abierta en el museo de las esculturas del mundo. Además, en esta misma propiedad organizan exhibiciones de destacados joyeros del mundo, como Sayumi Yokouchi e Iris Eisenburg, y tienen una escuela de orfebrería con un curso anual y talleres especializados.

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Con todo este currículum en mente, esperábamos encontrarnos con un espacio enorme, quizás una casa de varios pisos o el nombre de la marca en grande en el exterior. Estamos tan acostumbrados a que el éxito es sinónimo de grandeza y opulencia, que nos sorprende esta casa tan sencilla. Pero eso es precisamente lo que los creadores de Walka han ido descubriendo en los ya trece años que llevan en el proyecto: “Nos gusta todo como está. Pequeño, íntimo, profundo, sin ningún plan determinado. Nos permite pasar más tiempo con nuestros clientes, conversar y crear relaciones más significativas”. No nos toma mucho tiempo percatarnos, a medida que conversamos, que han descubierto algo clave: que el verdadero lujo no está en la gran escala, sino que en cada pieza, en cada interacción con los compradores, y en cada diseño exclusivo. “A veces en la moda y el diseño todo va muy rápido y nosotros quisimos desmarcarnos de eso. De esta forma hemos podido tener nuestros propios tiempos y más libertad, funcionando de forma más personalizada y hemos conocido a curadores que están interesados en este tipo de acercamiento”, explica Nano.

La esencia de Walka es la búsqueda de la identidad. Partió como una forma de mantener una tradición familiar de Claudia, ya que su padre y abuelo eran artesanos que trabajaban el cacho de buey. Los colores y la riqueza estética del material le despertó una necesidad y curiosidad creativa. Sin embargo, el camino que comenzó a forjar era muy distinto al de sus antepasados, ya que su abuelo fabricaba cachos para tomar chicha, mientras su papá se enfoca en objetos utilitarios de uso cotidiano, como peinetas y cucharas. Es decir, nada relacionado a la joyería. “Lo que más me gusta de las joyas, y lo que nunca deja de sorprenderme, es su humanidad, su contacto con el cuerpo. Es imposible separarlos y me encantaría poder hacerlo todavía más evidente en mi trabajo”, dice Claudia. A la vez, hay un especial énfasis en los anillos. “Hay algo en las manos que no sé bien lo que es, pero me cautiva y nunca termina de atraerme”, añade. “El ser humano no es el que vive en su cabeza, sino que tiene manos y con ellas es capaz de transformar el mundo”, agrega Nano.

Él, por su lado, que en primera instancia se sintió atraído a la joyería por las diversidad de herramientas, confiesa que hoy ama que “es algo que nunca se acaba, que siempre se puede volver a transformar y en ese cambio me vuelvo a transformar yo mismo. Cada proyecto que emprendemos nos modifica y eso es realmente fascinante”.

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Han incursionado en distintos materiales, desde el crin y el plástico, hasta metales preciosos, como el oro, la plata y diamantes. Con cada proyecto, ahondan en una investigación detallada del material y el concepto que quieren transmitir, aprendiendo así más de ellos mismos, como también de su arte. Por ejemplo, la colección Melbourne by Walka, estuvo inspirada en el cambio de ciudad y el territorio de Australia y trabajaron con plástico, goma y ruedas de bicicleta, entre otros. “La idea era trabajar el concepto de sustentabilidad y cómo la comunidad genera las posibilidades para que ella sea posible”, dice Claudia. La línea llamada Matadero, en cambio, fue más compleja y se trató de una investigación larga sobre lo que está pasando en la actualidad en Chile. Pero cada investigación y cada material intenta responder la pregunta de quiénes son. “Es un cuestionamiento continuo. Quiénes somos, si somos parte del océano pacífico, dónde están los límites… y cada vez más la pregunta se va haciendo más profunda”, dice Nano. Esa identidad es el sur, es Chile, es el borde del mundo. Pero reflejar Chile en la joyería sin caer en el folclorismo es un gran reto. “Hace poco hicimos un diseño para Gica Fernandes, esposa de Alejandro Aravena para el premio Pritzker. Y el desafío era cómo desarrollar una pieza de joyería que hablara sobre lo que está pasando en el país sin basarse en los materiales más típicos, como el lapislázuli y el cobre. Al final, creamos una pieza de oro negro y diamantes negros impactante. Estamos en un proceso de alto poder creativo e innovación, donde el diseño y el arte están más unidos que nunca”, dicen.

Para el año 2008, Walka se había disparado hacia el éxito. Tenían dos tiendas en Santiago, múltiples encargos y trabajaban en el taller con más de veinte personas. “A veces ni siquiera alcanzábamos a ver bien las piezas, menos a fotografiarlas, porque todo iba muy rápido y teníamos que entregarlas”, recuerda Nano. La producción iba en aumento y los estaban usando como referentes en las principales escuelas de diseño del país, pero fue justo con ese panorama encima cuando decidieron cerrar el taller e irse a aprender a Australia. “Algo no nos cuadraba a nivel creativo: nos iba bien, pero no estábamos satisfechos. La escena chilena también estaba un poco estancada, porque se hablaba mucho de innovación, pero no la veíamos desarrollándose con fuerza en nuestra disciplina”, dice Nano.

Pasaron un año en el extranjero, donde Claudia hizo varias pasantías, una de ellas con la gran Vicki Mason, y él siguió una en gestión cultura. Además, aprovecharon de tomar todos los cursos y talleres que se dictaban. La pregunta que nos asalta es, ¿por qué Australia? Después de todo, las grandes capitales de Europa, como Ámsterdam o Estocolmo, son las más reconocidas por su trabajo e investigación en joyería contemporánea. “Esa habría sido la opción fácil. Pero para nosotros era importante mantenernos en el hemisferio sur. Ya teníamos un lenguaje visual que viene del sur y no queríamos mutar a algo que no éramos, sino que deseábamos profundizar lo que éramos”, dice Nano. “Teníamos una certeza que si le poníamos todo de nuestra parte, funcionaría”. Y esa misma certeza fue la que tuvieron al regresar a Chile. “Queríamos volver para contribuir a la escena chilena. Habíamos recibido tanto allá, que ahora era el momento de devolver parte de eso y retribuir”.

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Australia los cambió, aprendieron muchísimo, respondieron más a fondo el cuestionamiento de su identidad, y por ende quisieron concentrarse en la producción a pequeña escala y en la exclusividad. “Antes trabajábamos con otras galerías. Mucha gente involucrada y siempre conllevaba mucho estrés y desorden. Ahora mantenemos toda la energía en el mismo lugar enfocada en un mismo objetivo en común, y ha funcionado increíble, muy distinto a como era antes”, aseguran.

Este trabajo más íntimo les ha permitido sorpresas muy lindas, como cuando Caroline Broadhead, directora de textil del Central Saint Martins de Londres, vino a dictar un workshop y trajo consigo su retrospectiva de 30 años precisamente porque no se trataba de una galería reconocida, sino de que un espacio pequeño y especial. “Por el mismo hecho de que no es un proceso tan complejo, resultan exhibiciones soñadas. A veces cuando uno piensa demasiado las cosas, estas no funciona y se entorpecen, no siguen su curso natural. Un maestro mío siempre me decía: ‘Si tú vas detrás de la belleza, la belleza se te va a escapar’”, dice Nano.

Y si hay algo seguro, es que Walka ya la tiene en sus manos.

Créditos Fotografías : Ronny Belmar

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