facebook format-gallery format-video google instagram list-ribbon menu next pinterest prev search twitter youtube
Moda

El lenguaje de Esteban Cortazar

El lenguaje de Esteban Cortazar

A los 17 años se convirtió en el diseñador más joven en presentarse en la Fashion Week de Nueva York y a los 23 irrumpió en la Alta Costura parisina con Ungaro. Hoy, el colombiano de talento innato creció, se despojó de los prejuicios y relanzó su carrera. Todo en grande.

Nos encontramos por primera vez en el hotel W de su natal Bogotá en una comida organizada en su honor. Esteban Cortázar viene llegando eufórico de sus vacaciones en Ibiza, lugar donde veranea desde hace años y que dice conocer como la palma de su mano. Su bronceado delata que pasó varios días al sol, y su cuerpo menudo, pero muy tonificado, que jamás paró de moverse. “Ibiza es un lugar al que literalmente llego, me pongo el traje de baño y no me lo saco más”, asegura. Además de broncearse y nadar, aprovechó de bailar. Y mucho. Es algo que le encanta, que echa de menos hacer en París –ciudad donde actualmente está radicado– y que lo emociona en su regreso a Colombia. “Me gusta oír de todo, pero de lo local me encanta la versión old school de Shakira, cuando era morena y poeta”, confiesa.
Wp-esteban-cortazar-740
Durante muchos años Esteban Cortázar fue señalado como ‘el niño prodigio de la moda’. Hoy, a sus 31 y con una carrera meteórica que ha sabido de éxitos y fracasos, está listo para sacarse de manera definitiva esa etiqueta que lo catapultó a la cima de la moda a nivel mundial. A los 17 años se presentó por primera vez en la Fashion Week de Nueva York y a los 23 fue nombrado Director Creativo de la casa Ungaro. Toda una hazaña para un latino que, sin estudios formales en moda, supo hacerse espacio en la competitiva escena de la Alta Costura.

Después de pasar unos días en la capital colombiana y luego en Cartagena de Indias, vendrá su próximo gran desafío: la presentación de su colección Spring 2016 el próximo 5 de octubre en la capital francesa. “Está bastante avanzada, pero seguimos trabajando en ella”, cuenta de manera relajada. Y es que el colombiano porta una vibra latina evidente. Se emociona al hablar de sus raíces y es muy abierto a contar detalles de su infancia, como la relación cercana que tiene con su abuela que colecciona cada publicación en la que ha aparecido, y que lo acompaña en esta ocasión luciendo un impactante collar con colgantes y cruces de Givenchy. Él le saca una foto con su iPhone y dice: “Se la tengo que mandar ahora a Riccardo (Tisci)”. Así es Cortázar. Un hombre bien conectado y exitoso, pero también sencillo y lleno de talento que mantiene los pies bien puestos en la tierra. De hecho, lo que menos le gusta de la industria de la moda es el esnobismo y la falta de amabilidad y honestidad. “Es muy raro conocer a personas realmente genuinas que no tengan intereses secundarios. Eso es algo que siempre me hace sentir incómodo, pero que forma parte de la vida que elegí”, explica.

Esta vida a la que se refiere comenzó siendo aun muy niño. A los 10 años se fue a vivir con su padre, un pintor exitoso en la década de los 90, a South Beach, en Miami. En la ciudad del sol, ambos residían en un departamento en Ocean Drive arriba del mítico The News Café, punto de encuentro de celebridades y personajes insignes de la zona. Ahí conoció un ambiente del cual se enamoró. En el Miami de esa época reinaba el glamour de Gianni Versace y las soberanas eran las supermodelos. Esteban fue testigo de sesiones de fotos, de filmaciones de películas y de importantes editoriales de moda que se hacían –literalmente– en el patio de su casa. “Ver a Naomi (Campbell), Claudia (Schiffer), Cindy (Crawford), Helena (Christensen) y todas estas chicas era tremendo”, recuerda, “también a fotógrafos como Herb Ritts, Bruce Weber, Patrick Demarchelier o Peter Lindbergh”. A los 13 años y con un cúmulo de ideas e inspiración en la cabeza, hizo su primer desfile de modas en su colegio, el Design and Architecture Senior High School, y Todd Oldham, buen amigo de Versace –y, a esas alturas, también de Cortázar– vio su potencial y lo invitó a su desfile en la Fashion Week neoyorquina. Ahí, el joven diseñador fue formalmente descubierto por Kalman Ruttenstein, Director de Moda de Bloomingdale’s. “Él fue una de las primeras personas que vio mi trabajo y puso mi colección en las vitrinas de su tienda de Lexington Avenue”, cuenta. El siguiente hito fue su primera presentación homónima en el Bryant Park, en el año 2000, y de ahí no se detuvo más.
Wp-cortazar-modelo-740
También en Miami sedujo a Madonna, a quien conoció en el noventero restaurant Joia. La diva del pop estaba comiendo con unos amigos y él encontró la forma de acercarse a ella a través de una conocida en común. Madonna se fascinó por el sombrero cowboy que Cortázar llevaba, se pusieron a conversar de moda y ella le pidió ver más de su trabajo. Él –un adolescente absolutamente extasiado–, corrió hasta su casa a pocas cuadras del lugar y recolectó sus mejores bocetos para mostrarle. Ella quedó sorprendida y le pidió que la mantuviera al tanto de sus avances. Él, más sorprendido aún, se comprometió a hacerlo y le dejó su sombrero de regalo. “Fue una experiencia surreal. Cuando me preguntó por qué quería dedicarme a esto lo único que se me ocurrió decirle fue, ‘porque me encanta tu vestido Alberta Ferreti y tus zapatos Dolce & Gabbana’. Y nos entendimos de inmediato”, recuerda, y aprovecha de mencionar su habilidad de acordarse de las personas por la ropa que llevan puesta. Chistopher Ciccone, el hermano de Madonna, también vio en Cortázar un personaje fuera de lo común y le propuso filmarlo y hacerle un seguimiento visual, tanto a él como a su carrera, que se ha mantenido en el tiempo increíblemente hasta el día de hoy. “Partió en ese momento en que yo tenía 13 años. No lo hace todos los días ni a cada minuto, pero sí captura pequeños pasajes de mi vida con la idea de armar algo. Ha entrevistado a mis amigos durante todos estos años. Lo entretenido es registrar cómo ha ido todo cambiando: algunos han desaparecido, otros han aparecido y también están los de siempre, pero aún no he querido ver nada… será mi versión personal de Boyhood”, asegura.

Al día siguiente, mientras hacemos un recorrido por algunos de los lugares favoritos de Esteban en Bogotá, como la galería Casas Riegner o el taller del artista Mateo López, Cortázar reflexiona sobre la decisión de haberse insertado en un mundo adulto siento tan joven. “Siempre me sentí muy seguro de lo que quería hacer. Yo crecí como cualquier otro niño, solo que lo mío lo hacía frente a una audiencia”, señala. Dentro de las cosas buenas de haber empezado a trabajar tan temprano, destaca haber dejado en el pasado una tremenda montaña rusa que tuvo muchos altos y bajos,  “pero esas fueron las experiencias que me formaron, y me tranquiliza saber que haya sido durante mis 20 y no en mis 30, o más grande. Al final, todos esos procesos formaron a la persona que soy hoy día”, explica.
Wp-cortazar-dress-740
Nos detenemos por un buen rato a almorzar en el restaurante Bandido Bistró, en la Calle de los Anticuarios de Bogotá, y Cortázar se anima a conversar sobre el conflicto que lo tuvo en el ojo del huracán –y donde se llegó a cuestionar su profesionalismo– por un buen tiempo: su salida de la casa Ungaro. Era 2009 y el diseñador llevaba dos años como Director Creativo de la maison fundada en 1963 por Emanuel Ungaro, cargo que asumió con mucha humildad luego de que su propio creador le encomendara la misión de reivindicar la marca. Por eso, cuando los nuevos directores le impusieron trabajar con la polémica actriz y enfant terrible de Hollywood, Lindsay Lohan, como compañera creativa, sintió que debía dar un paso a lado. “Me pareció una falta de respeto ponerme a vender una gran casa de Alta Costura a través de la cultura de las celebridades. Sí, perdí un gran trabajo y un gran cheque, pero no mi integridad ni el respeto por Monsieur Ungaro ni por París. De alguna manera sabía que había llegado a esa ciudad por algo mucho más grande, y ahora me doy cuenta de que había razones mayores”, confiesa.

Tras haber renunciado a uno de los trabajos más codiciados en la industria, Esteban cuenta que todo el mundo lo felicitó por haber demostrado ser fiel a sí mismo pero, al poco tiempo, esas mismas personas desaparecieron, y se vio solo sin saber qué hacer.
Por cosas del destino, conoció a quien llama “mi hada madrina”, la británica Natalie Massanet, directora de Net-A-Porter, quien lo ayudó a relanzar su carrera con una colección exclusiva para el sitio de ventas online de marcas de lujo con la intención de que a través de ese proyecto aparecieran inversionistas, de que en un par de años se ampliara la red de distribución –hoy vende en Barney’s New York, Bergdorf Goodman y Browns London, entre otros– y empezar a desfilar con su marca homónima en París, hitos que ya son un hecho.
“Hoy estoy construyendo mi propio lenguaje”, asegura el diseñador, y cuenta que uno de sus grandes proyectos pendientes es poder instalar la firma Esteban a Cortázar en Colombia, “cosa que aun no ha sucedido porque no tenemos buenas estructuras de retail”, explica.

Wp-cortazar-dress-green-740

Su segundo desafío potente tiene que ver con el rol que cumple como miembro del CFDA (Council of Fashion Designers of America), donde se ha dado cuenta de la importancia de impulsar a los nuevos talentos. “Me gustaría ser un paraguas para los diseñadores locales, una especie de consultor. Quisiera ayudarlos a buscar apoyo financiero y a curar y editar sus colecciones, que es algo en lo que muchos fallan y que resulta fundamental a la hora de presentar y vender su trabajo”, asegura. También confiesa que algún día le gustaría trabajar para Hermès, por su amor hacia los caballos y al trabajo artesanal de lujo. “Lo que ellos hacen es fantástico. Me gusta la historia de la marca y todos sus valores que se han mantenido en el tiempo. Es un negocio familiar que se ha convertido en la marca francesa más exitosa del mundo. La moda hoy ha cambiado mucho. A veces pienso que es arte, y otras todo lo contrario. Hay imaginación, hay procesos creativos, hay ejecución, hay trabajo manual. Claro que es arte. Pero está ligada tan fuertemente al comercio, que esa parte se lleva el arte, y ahí se genera un conflicto”, señala enfático.

Pese a formar partedel calendario oficial de la Semana de la Moda de París, Cortázar aún no se siente un insider de la industria. “Todavía me falta mucho por hacer antes de ser un nombre estelar. Voy paso a paso”, señala. Le pregunto si hay algo de lo que se arrepienta o que hubiese hecho diferente en su carrera: “Quizás haber ido a la universidad. Yo aprendí todo a través de los procesos y de la experiencia en el taller con los costureros y bordadores, y por supuesto que Ungaro fue la mejor escuela de mi vida, pero a veces extraño haber vivido eso, compartir experiencias con jóvenes de mi edad”, confiesa. Pareces ser un hombre muy claro y determinado en tus decisiones, desde niño, le comento. “Siento que fui valiente, pero al mismo tiempo sentía que estaba haciendo lo correcto. Quizás, si hubiera sido mayor, me hubiera costado más tomar decisiones importantes, pero cuando eres joven, no tienes mucho que perder”, concluye.

Créditos Desde: Bogotá

Comentarios

    Escribe un comentario

    Leer después