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Moda

Leyenda en evolución: Salvatore Ferragamo

Leyenda en evolución: Salvatore Ferragamo

Viajamos en el tiempo para desenterrar los códigos detrás del imperio creado por el legendario zapatero Salvatore Ferragamo y así, imaginar su futuro.

Recientemente, Salvatore Ferragamo anunció la reestructura de su equipo creativo tras la salida de Massimiliano Giornetti de la compañía en marzo pasado. En el nuevo esquema, Fulvio Rigoni se encargará de la división de womenswear, el inglés Paul Andrew encabezará la creación de zapatos femeninos y Guillaume Meilland, el último en ser designado, estará al frente del menswear. El nombramiento de este trío marca el inicio de una nueva etapa y parece alinearse con la filosofía actual de la marca y con las apuestas que, con objetivo de mantenerse vigentes y seguir marcando pauta, ha hecho que la firma abra las puerta a las colaboraciones creativas y a encontrar talento en lugares inesperados. El reciente resurgimiento de la marca en terrenos como el del Ready-to-Wear y los accesorios –y no solo en el mundo de los zapatos, sobre el que tiene maestría hace casi 90 años– confirma que la fórmula está funcionando a la perfección.

Sin embargo, no es la primera vez que voltean a otros países en búsqueda de inspiración. La firma florentina por excelencia tuvo sus inicios, curiosamente, lejos de Via Tornabuoni. Con tan solo 16 años, en 1914, Salvatore Ferragamo dejó su natal Italia –como tantos inmigrantes a principio del siglo XX– para establecerse en América. Tras trabajar en una fábrica de zapatos en Boston, establecer un local de reparaciones y zapatos hechos a la medida en Los Ángeles, y estudiar anatomía en la Universidad de California, en 1923, abrió las puertas de una tienda llamada Hollywood Boot Shop, frecuentada por estrellas de cine que pronto quedaron cautivadas por la originalidad de sus diseños y su exquisita manufactura. Fue con esa fama que el joven zapatero volvió a Florencia en 1928, para fundar la compañía que habría de llevar su nombre; en ese entonces, producía 350 pares al día y empleaba a 750 artesanos tradicionales.

El resto, como dicen, es historia: una historia plagada de nombres célebres –Marilyn Monroe, Sophia Loren, Greta Garbo y Audrey Hepburn, entre tantas otras clientas, tenían sus propias hormas–, una historia marcada con el nacimiento de íconos como los zapatos rojos que Judy Garland usó en El mago de Oz, la plataforma Rainbow o la ballerina Vara; una historia de patentes de ingeniería e innovación en los materiales –cuando la piel y el acero que usaban para reforzar los tacones escasearon tras la Segunda Guerra Mundial, Ferragamo creó modelos únicos usando corcho, celofán e hilo de caña de pescar… una vida construyendo el imperio que se convertiría en una de las firmas italianas más importantes del mundo.

La compra del Palazzo Spini Feroni, en los años treinta, definió uno de los momentos más importantes en la trayectoria de la marca, casi tan importante para su futuro como el matrimonio de Salvatore con su esposa, Wanda. Ubicado en el corazón de Florencia, se convirtió en el hogar de la compañía y en destino obligado para el jet-set internacional, realeza y actrices, que acudían para comisionar zapatos hechos a medida. Desde el 2006, el palacio medieval alberga el Museo Salvatore Ferragamo que, además de contar la increíble historia de su fundador, organiza muestras sobre la historia de la moda y sus ramificaciones contemporáneas.

Actualmente, exhibe Art and Fashion, exposición que estudia la compleja relación entre ambas disciplinas y sus aportaciones recíprocas, desde los pre-Rafaelistas hasta el Surrealismo, futurismo y la moda radical. Dado a que reúne obras y piezas de Elsa Schiaparelli, Jean Cocteau, Issey Miyake, Andy Warhol, Viktor & Rolf, Nick Cave y Salvador Dalí, entre otros, uno de los aspectos distintivos de la muestra es la cantidad de instituciones culturales involucradas: además del museo y la Fondazione Ferragamo, participaron la Biblioteca Nazionale Centrale, la Gallerie degli Uffizi, la Galleria d’arte moderna di Palazzo Pitti y la Galleria del Costume, el Museo Marino Marini y el Museo del Tessuto de Prato.

Al recorrer las áreas del museo dedicadas a la legendaria vida del llamado “Zapatero de los sueños”, basta ver la impresionante lista de nombres marcados en las hormas personalizadas y estudiar los zapatos como una línea del tiempo de hitos en la historia del diseño –no solo de moda sino también industrial– para confirmar que hay algo único en un zapato firmado por Salvatore Ferragamo. Sin embargo, para realmente descubrir qué es lo que los hace diferentes, resulta indispensable volver a lo básico, a donde inicia todo: el taller donde se hacen los zapatos de la marca.

Adentrarse en la manufactura, ubicada a las afueras de Florencia, es un privilegio. No hay mejor manera de entender el valor real de un producto de lujo que ver cómo se hace, las horas de trabajo que implica su creación, la cantidad de manos que participan en el proceso –desde el boceto hasta que se empaca– y los años de experiencia que necesitan los artesanos para perfeccionar su oficio. Es también, un encuentro entre el pasado y el futuro. Por una parte, hay muchos pasos de la construcción del calzado que siguen haciéndose con las mismas técnicas que en sus orígenes, que dependen del ojo y tacto humano –como elegir la pieza correcta de la piel para trazar el patrón de un diseño, o recubrir la horma con la piel usando martillo y decenas de diminutos clavos que los artesanos sostienen en la boca y van “escupiendo” uno a uno, o pintar los bordes de la piel tallada a mano antes de dar por terminado un par. Por otro lado, la tecnología asiste muchos procesos hechos por los artesanos, en todos los casos para asegurar un producto de mejor calidad –como calentar las capas de piel para unirlas o computarizar un diseño para adaptar sus
proporciones a todas las tallas. Sin embargo, incluso estando entre bambalinas, los grandes magos nunca revelan sus trucos, y hay fórmulas –como la ecuación que define la inclinación y altura perfecta del tacón, dependiendo de la talla del zapato, para que la distribución del peso sea la adecuada y, por ende, el calzado sea el más cómodo posible– que nadie estuvo dispuesto a compartir.

Producción de un zapato Ferragamo capturada en meticulosos pasos. 

Enfrentados a una era en que la producción acelerada y masiva amenaza con convertirse en la norma, el defender los valores de la manufactura y las técnicas tradicionales de construcción es un acto de valentía. Al conversar con James Ferragamo, nieto del fundador y director de la división de zapatos y productos de piel femeninos y masculinos, la certeza en el camino que debe recorrer la compañía familiar es palpable. Sobre el pasado y el papel que juega el legado en la firma, asegura que los archivos son una fuente de inspiración constante e inagotable para los diseñadores. Sin embargo, la intención nunca es simplemente reproducir los modelos pasados. Se trata de aprovechar la historia de la marca y el know-how que han acumulado como si se tratara de un lenguaje, y así valerse de estos símbolos inconfundiblemente relacionados con Ferragamo –como el gancino, la plataforma de corcho, la plataforma en capas, el moño de grosgrain– para evolucionar mediante la creación de nuevos íconos.

Para él, todo se resume en mantenerse fiel a los valores con los que su abuelo fundó la firma: resguardar la tradición de manufactura italiana, mantenerse a la vanguardia a través de la innovación en los diseños, trabajar con las mejores pieles y materiales, y confiar en que su excelencia al imaginar zapatos –y accesorios y Ready-to-Wear– los distinguirá siempre del resto.

Créditos Fotografías: Cortesía Salvatore Ferragamo, Getty Images y Pinterest

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