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Moda

Repaso de la Alta Costura 2018

Repaso de la Alta Costura 2018

La colecciones obture de esta temporada fueron un sueño etéreo, dramático y lleno de color, perfectos para las princesas modernas.

Por: Justine Picardie, Avril Mair y Lucy Lara

 

Tres semanas antes del desfile de alta costura de Valentino fui a Roma para reunirme con su director creativo, Pierpaolo Piccioli, en la Piazza Mignanelli, el histórico corporativo de la marca. La última vez que había ido ahí fue en 2015, cuando Piccioli trabajaba al lado de su compañera Maria Grazia Chiuri; al poco tiempo, cuando ella se fue a París para convertirse en la directora artística de Dior, él tomó las riendas de Valentino en solitario y ha continuado creando las encantadoras colecciones que han mantenido a la firma italiana como una de las más poderosas a nivel mundial. En esta nueva visita a Roma, Piccioli estaba tan tranquilo como siempre, aunque se encontraba en plena creación de las espectaculares piezas de alta costura (que conllevan cientos, incluso miles, de horas en confeccionarse) que aparecerían semanas después en su desfile.

A los 51, Piccioli se ha convertido en uno de los más grandes diseñadores de la era moderna, manteniéndose fiel a sus orígenes. Todavía vive en el pueblo costero de Nettuno, a 40 millas al sur de Roma, donde nació y se crió; ahí conoció a su esposa, Simona, cuando eran adolescentes, y ahí viven con sus tres hijos, junto a un nutrido grupo de parientes y amigos. A él le gusta la continuidad de su estilo de vida,
viajando por las mañanas a Roma en tren y regresando a la estabilidad de su familia por las noches. “Me siento rodeado de amor, lo cual es lo más importante. Y ya he tenido más de lo que he deseado en la vida; mucho más”, confiesa. Se me ocurre que al pasar toda su vida adulta con la mujer que ama, además de ser padre de dos hijas, Piccioli tiene un profundo entendimiento de la feminidad: sus inseguridades y vulnerabilidad, así como sus fortalezas.

“Todavía creo que mi esposa es la mujer más hermosa del mundo. Pero al ver crecer a mis hijas, me he dado cuenta de que todas las mujeres son diferentes; no puedes capturarlas. Es difícil, imposible incluso, definir a to- das las mujeres, pero sí puedes tratar de entenderlas”.

Piccioli tiene un profundo respeto por su equipo en Valentino y entiende la fuerza de amar la costura a mano; no simplemente por la habilidad que se requiere, sino también por la manera en la que las memorias de aquellas que cosen y bordan estas piezas exquisitas e entralazan en el resultado final. “Creo que el toque humano le da vida a la tela y por esa razón la alta costura resulta tan íntima”. De hecho, él le ha pedido a sus costureras que le pongan nombres a los vestidos que han confeccionado para la colección de Haute Couture.

“Durante tres meses, ellan han vivido con estas prendas, así que es lógico que las bauticen, en reconocimiento a lo que pensaron, sintieron y a todo el tiempo que le dedicaron y a cómo las recordarán”.

 

Recuerdo esas palabras ahora que lo vuelvo a ver en París, en los elegantes showrooms de Valentino en Place Vendôme, la tarde antes de su desfile. Siempre es un placer ver los detalles finales de la colección antes del show. Hoy hay un moodboard intrigante en la habitación: un collage de imágenes que incluyen obras de Klimt, William Blake y Fragonard; ángeles del Renacimiento junto a Leda y el Cisne; Adán y Eva junto a Pasolini y Maria Callas. “La alta costura es la oportunidad de hacer los sueños realidad”, explica. “Pero también habita en una tierra de sueños. Este moodboard, esta colección, refleja mi flujo de conciencia creativa”. Ha estado pensando en Orlando y Mrs. Dalloway, de Virginia Woolf, y en Molly Bloom, de James Joyce.

“Tenía 19 años cuando leí Ulysses, de Joyce, por primera vez y ahora la he vuelto a leer y me he dado cuenta de que soy más consciente de mí mismo y de mostrar mis emociones más profundas en mi trabajo”.

Y entonces me permite darle una vista previa a su colección y, qué gloriosas creaciones son: vibrantes y alegres colores (fucsia, amarillo canario, verde esmeralda irisiscente, rojo cardenal) y prendas románticas con bordados magistrales. “Cada vestido cuenta la historia de la gente que lo ha creado, mi conexión con esas personas y todas las emociones que se le han puesto a esa pieza. Es la tela de sus recuerdos y de los míos”.

La noche siguiente, cuando el desfile por fin se presenta en los salones del Hôtel Salomon de Rothschild, la magia del moodboard cobra vida, con un espléndido despliegue de volumen y ornamentaciones bordadas; llamativa, segura, pero también poética. Cerca del final, la audiencia está de pie, aplaudiendo y ovacionando, en vez de tomando fotos con sus celulares. Y entonces aparece Pierpaolo, sencillo en jeans y zapatillas, haciendo una suave reverencia, con lágrimas en los ojos, para después dirigirse hacia su familia y abrazarla.

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