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Moda

Una joya de familia

Una joya de familia

Entramos al corazón de la firma italiana Damiani para conocer los secretos detrás de su éxito.

No fue la mozzarella del restaurante Il Salumaio, ni el aroma de la trufa lo que nos llevó a Milán; fue el deseo de conocer a fondo el savoir faire y los secretos detrás del encumbramiento de Damiani, un emblema italiano, símbolo de la pasión y artesanía que caracterizan a la región. Los majestuosos salones del Palacio Real de Milán fueron elegidos por la marca para presentar la exhibición A Century of Excellence and Passion, The Evolution of Italian Style Through Damiani Jewels, una retrospectiva de su historia. Las piezas icónicas que integran el legado del imperio joyero provocaron una fuerte y fascinante contradicción. Por un lado, los altísimos techos, los muros intrincados y los espacios pertenecientes al neoclásico; por el otro, piezas de alta joyería vanguardistas y técnicamente complicadas, las cuales, desde los años 80, han conseguido consolidarse no solo como un referente de lujo visionario, sino como las responsables de definir el rumbo de una industria sedienta por encontrar el Santo Grial que asegurará su futuro.


El proceso de fabricación de una pieza puede tomar semanas de arduo trabajo a un artesano de Damiani. Comenzando con el molde de cera, cada uno de los pasos significa un éxito profesional para los orfebres. Por su parte, la selección de las piedras es un logro para Giorgio Damiani y su equipo. En la actualidad, la marca puede enorgullecerse de ser uno de los poseedores de las gemas más puras en el mercado.

Esta colisión de conceptos resulta natural cuando tienes la oportunidad de entrar en contacto con el vagaje de la casa, después de todo, en ella es donde radica la raíz del estilo italiano. Tres generaciones de la familia Damiani han conducido a la manufactura hacia el éxito y reconocimiento internacional, convirtiéndola en un prominente jugador del mercado joyero. Un gran número de sus piezas se han hecho acreedoras a reconocimientos internacionales y llevan impreso el instinto de los italianos para el diseño.

Damiani fue fundada en 1924 por Enrico Grassi Damiani, en Valenza, Italia -una pequeña localidad cercana a Milán y habitada en su mayoría por artesanos joyeros-, como un taller orfebre enfocado en crear joyas para la nobleza del país. Hoy, a casi 100 años de ese acontecimiento crucial en la historia familiar, Guido Damiani, presidente y responsable del marketing y el canal de ventas; Giorgio, vicepresidente y responsable del desarrollo de las colecciones y adquisición de las piedras preciosas; y Silvia, vicepresidenta, quien tiene en sus manos las relaciones públicas e imagen de la casa, son los responsables de preservar la obra de su fundador. Su misión va más allá de garantizar el crecimiento económico o estratégico; su labor principal consiste en mantener la integridad de un apellido. “Cualquier decisión creativa o de negocios conlleva una gran responsabilidad. No estamos trabajando solamente con hermosas joyas; es nuestro nombre el que está en juego”, nos confiesa Giorgio en un impecable español, orgulloso de tener la oportunidad de mostrar al mundo las creaciones de la marca, pero sobre todo materializar la filosofía familiar que ha dado relevancia internacional a través de las décadas a su apellido.

Damiani es una de las pocas casas joyeras que ha mantenido su independencia y ha permanecido alejada de las grandes corporaciones que rigen el mundo de la alta joyería y relojería, sin que esto signifique una pérdida de participación y competitividad en el mercado. La exquisita boutique insignia y el showroom de la firma en Vía Montenapoleone, en Milán, escenifica a la perfección el lujo y la sofisticación de sus joyas. Pero conocer la fábrica de Valenza es entrar en contacto no solo con el legado de Damiani; es ser testigo del extremo cuidado, dedicación y estilo
con el que crecieron rodeados los directores de la marca. Todo se mantiene exactamente igual, salvo por las evidentes mejorías técnicas en el proceso de fabricación.

Después de 25 años liderando la compañía, Giorgio reconoce que los últimos diez años han sido cruciales para la compañía y para la industria: “Las nuevas tecnologías, la rapidez con la que tenemos que hacer las cosas y cómo las comunicamos, nos han llevado a replantear nuestros procesos”, y continúa, “Mientras más lo pienso, considero que más que entablar una conversación centrándonos en el cambio, tenemos que hablar sobre una evolución necesaria”. En este templo de la joyería, tradición es una palabra sagrada en la que Giorgio hace hincapié, al mismo tiempo que reconoce que en el proceso de desarrollo de las colecciones (desde el boceto de una joya, hasta encontrar una piedra fantástica) y los artesanos que trabajan en la fábrica de Valenza, son los verdaderos responsables de la belleza de sus joyas, y, en consecuencia, del impacto que han dejado en el camino piezas como Bloody Mary (1986), Flash (1992), Blue Moon (1996), Night and Day (1994) y Eden (2000). Así como resulta fascinante hablar sobre el camino al éxito de Damiani, también lo es imaginar su prometedor futuro, a partir de la nueva espectacular colección, Margherita.

Créditos Fotografías: Cortesía de la marca

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