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Moda

Hecho en Chile: Zurita

Hecho en Chile: Zurita

Las consecuencias de la industria indumentaria tienen a toda la sociedad en estado de alerta. Por eso, la diseñadora nacional Gabriela Farías no se conforma con este escenario y a través de sus creaciones se ha convertido en una de las grandes impulsoras de la moda sustentable en Chile.

Vestida con un pantalón negro de bolsillos anchos y una polera del mismo color, sin una gota de maquillaje y pelo recogido, Gabriela transmite una sensación de relajo absoluto. Sentimiento que se acentúa con el fondo blanco y estilo minimalista de su casa y taller ubicado en el barrio Lastarria. Solo basta media taza de té, para darse cuenta de que esta diseñadora tiene un relato mucho más complejo que contar. Su historia parte en Berlín, ciudad que la alojó hasta los 19 años y donde además, obtuvo el grado de Bachillerato en Arte y Francés. Tiempo después sus raíces chilenas la traerían de vuelta para estudiar Diseño Integral en la Escuela de Diseño de la Universidad Católica, donde actualmente se desempeña como docente. Pero lo suyo, hasta la fecha, ha sido el diseño de vestuario. Y hoy su marca Zurita aparece en la corta lista de las casas de moda que pueden calificarse realmente como sustentables. De hecho, su última colección lanzada en la Semana de la Moda de Berlín de junio pasado, gustó tanto que la agencia Moss Green Fashion Agency –especializada en moda ética– decidió actuar como su agente de ventas para el antiguo continente.  Sin embargo, su forma visionaria de ver el mercado del vestuario no es una cosa reciente ni momentánea. En el año 2000, cuando aún el barrio Lastarria no alcanzaba su apogeo como un circuito de diseño y arte local, ella decidió abrir un pequeño lugar que bautizó como Hall Central. Muchos pensaron que esta ubicación, a pasos del Parque Forestal, era una muerte segura. A pesar de eso, el reconocimiento llegó incluso desde el prestigioso New York Times que nombró este lugar como un imperdible de las tiendas de autor en Santiago.

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Luego de nueve años a cargo de este espacio colaborativo, abandonó su participación en el negocio. “¿Qué es lo mejor que me podía pasar? ¿Hacer mucha ropa y ganar mucha plata? No, eso no era lo que yo quería. Así es que comencé a investigar y estudiar cómo funcionaban los mercados de autor”, menciona. Su primer paso fue tomar un avión hacia el norte de Europa junto una amiga que la invitó a la Semana de la Moda. Observó que los diseñadores independientes, en su gran mayoría, actuaban como proveedores para los comerciantes de ropa. “Acá eso no existe. No hay tiendas que compren producción de vestuario. ¿Entonces a quién le vendo? Aunque no se crea los diseñadores somos igual o más vulnerables que los artesanos”. En tanto, esa no fue la única conclusión que sacó de su viaje por Oslo y Copenhague; también se dio cuenta de que los escandinavos trabajan desde la territorialidad. “Reflexioné sobre qué es lo que me emociona de Chile y sé que son sus paisajes, su gente”.

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La contaminación con químicos, el uso indiscriminado de aguas y la rapidez con que se desecha la ropa, también involucran un problema social importante como la mano de obra barata y la pérdida del patrimonio. Estas consecuencias de la industria de la moda son las que Gabriela trata de combatir. “Para mí un buen diseñador, que es lo que trato de ser, incluye estudiar todas las variables posibles” y agrega, “la sustentabilidad, como la entiendo yo, comprende desde la obtención de la materia prima hasta el fin de vida del producto”. Y su cadena de creación así lo demuestra: Sus prendas están confeccionadas con materiales biodegradables y orgánicos, como el algodón orgánico, la seda, el lino, la lana y la alpaca, que son obtenidos por las mismas comunidades indígenas con las que trabaja. Cuando desea integrar colores no usa químicos, sino que tintes naturales. Además, gran parte de su colección es elaborada por artesanas aymaras. “Trato de desmarcarme del concepto de que ‘al comprar una prenda Zurita estás ayudando a una pobre artesana’. Eso me parece horrendo”. Pero admite que es imposible abstraerse del todo y que a la hora de vender está dividida. Duda sobre la necesidad de traer más prendas al planeta, pero intenta encontrar el equilibrio para crear ropa heredable y que su vez promueva los oficios tradicionales y la memoria colectiva. Todo un desafío que Gabriela Farías está logrando con creces.

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